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Tapa de La Infancia desarraigada en tierras hispanohablantes (Marie-Élisa Franceschini-Toussaint i Sylvie Hanicot-Bourdier, dirs, 2024) Show/hide cover

¿Anormales o delincuentes?

Trabajo realizado en el marco del proyecto PGC2018-098333-B-100, financiado por FONDOS FEDER/Ministerio de Ciencia e Innovación – Agencia Estatal de Investigación de España.

La medicina mental finisecular en España, a caballo entre el siglo 19 y 201, centró su interés en diferentes colectivos sociales para tratar de identificar y reconducir grupos que pudieran alterar el orden socioeconómico y moral de la época2. El auge de teorías como el degeneracionismo, el higienismo y la eugenesia así como el desarrollo de la disciplina psicológica, que comenzaba a organizarse dentro de los parámetros positivistas con la psicometría3, favorecieron el creciente interés sobre la infancia llamada «anormal». El desarrollo de la medicina social dio lugar a una doble lectura práctica y discursiva: por un lado, una especialidad desarrollada durante el siglo 19 bajo la idea de «proteger» o «cuidar» a la gran masa de obreros y obreras pobres resultantes de la dinámica capitalista; pero, por otro lado, impregnada por la idea de control y reconducción de la misma población, necesaria para que el engranaje del tejido industrial siguiera produciendo al mismo nivel y enriqueciendo a los mismos, con poca intención de cambiar los sistemas de producción y de alcanzar una mejora en el nivel de vida de los asalariados y asalariadas. En esta situación, las ideas eugenésicas también impregnaron los discursos científicos, mostrando cómo el concepto de degeneración fue central en el desarrollo de saberes como la medicina mental. La preocupación sobre la infancia surgió en este contexto, a finales del siglo 19, con la idea de la escolarización necesaria y de centrar en la escuela las estrategias para la reconducción de las infancias «anormales» así como con un gran interés en detectar en esta infancia anormal niños/niñas que pudieran ser problemáticos y convertirse en futuros delincuentes.

La cuestión de la infancia anormal supone una línea de investigación prolífica en las últimas décadas. En el ámbito internacional, la historización de la categoría de «anormalidad» en la infancia ha sido desarrollada en diferentes países latinoamericanos como Méjico4, Argentina, con los trabajos de Gustavo Rossi5, Chile6 y Colombia7, entre otros. En España, tanto Mercedes del Cura como Rafael Huertas8, han trabajado la cuestión del desarrollo de la higiene mental en la infancia y la categorización de «infancia anormal». El reciente trabajo de tesis de Diego Delgado9, incorporando una visión sobre la problemática desde las biopolíticas, muestra el interés en abordar esta cuestión desde nuevas perspectivas. En este sentido, nuevos marcos teóricos desde la perspectiva de género pueden constituir una nueva línea que matice cómo se han conformado las ideas de «niño sano» y «niña sana» en el contexto histórico de principios de siglo 20 en nuestro ámbito. Para ello, la historiografía local, de casos concretos como la sala de mujeres del Manicomio Provincial de Málaga, contribuye a generar conocimiento en torno a esta cuestión, dilucidando qué elementos influyeron en la construcción de las «niñas locas» a su ingreso, qué factores epistémicos y extraepistémicos estuvieron en relación con estas construcciones y cuál fue la respuesta de la institución frente a estos casos. Desde aquí, herramientas conceptuales como el biopoder, entendido como el poder ejercido sobre los cuerpos de los individuos que conforman un grupo social, con la idea de ajustarlos a un ideal que respondiera a las necesidades político-económicas de un momento concreto10, o el concepto de dispositivo (discursivo) como elemento que produce un tipo de subjetividad concreta a la que se puede oponer una resistencia11, serán tomados para la interpretación de los contenidos localizados en las fuentes historiográficas.

Algunos apuntes sobre el desarrollo de la Higiene Mental en la infancia en España. Entre la anormalidad y la psiquiatrización

A partir de los trabajos de Alfred Binet en Francia a finales del siglo 19 como director del Laboratorio de psicología y pedagogía de la Sorbona, publicados en la primera década del siglo 20, el interés por distinguir la infancia normal de la «anormal» fue ganando protagonismo con la intención de construir alternativas educativas para los niños que salían de esta «normalidad», cuantificada desde la antropometría y psicometría12. Uno de estos elementos fue detectar el llamado «nivel de edad», un concepto más dinámico que permitiría incluir a los niños con dificultades en el nivel educativo que le correspondiera, según los criterios de los autores. Pero esta categorización de «anormalidad» pronto se extendió no sólo a los niños con retraso, sino que fueron incluidos los niños «inestables o indisciplinados». Como refieren Mercedes Del Cura y Rafael Huertas en torno a esta categoría: «[…] el diagnóstico de “anormales”, formulación novedosa pero que asimila y actualiza viejos conceptos degeneracionistas aplicados al niño»13. En la línea de países como Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Suiza, la atención a la infancia constituyó un eje de actuación fundamental en el primer tercio del siglo 20 en nuestro país, a través de la reivindicación de una ley que protegiera a los menores y la creación de instituciones especializadas en su educación y tratamiento14.

En 1905, se creó la Sociedad Española de Higiene donde tuvo lugar un ciclo de conferencias en torno al tema de los «niños anormales». Se planteó que en el ámbito internacional los niños anormales constituían entre un 2 y un 3 % de la población infantil, cifras que, según los expertos del momento, iban aumentando debido al carácter hereditario15. Tras la justificación de por qué era necesario plantear el abordaje de esta cuestión, solicitaron la creación de una ley que protegiera a los niños anormales así como el desarrollo de instituciones de carácter gratuito, y la organización de cátedras de psiquiatría infantil dentro de las escuelas normales de magisterio16. Durante la primera década del siglo 20, fue incluida una breve mención a la anormalidad en el Reglamento de Ley de Protección de la Infancia, se incorporaron elementos de psiquiatría infantil a las enseñanzas oficiales de pedagogía y, en 1910, se constituyó el Patronato Nacional de Sordomudos, Ciegos y Anormales. Su inauguración fue aplaudida por la opinión pública; sin embargo, existieron diferencias en reparto presupuestario que hicieron que unas secciones tuvieran un desarrollo más temprano que otras. Como refiere Mercedes Del Cura, la sección de anormales no contó con presupuesto al inicio y estuvo atravesada por problemas entre los gestores17.

Sin embargo, no existía un consenso para delimitar la categoría «anormal» en la infancia. Así, en un intento de definir sus límites, la anormalidad se acabó identificando con la deficiencia mental, abarcando no sólo los déficits intelectuales sino también los morales18. La idea que atravesó la cuestión de la infancia anormal en España en el primer tercio del siglo 20 planteaba la necesaria intervención del Estado para crear instituciones que protegieran a estos niños con discapacidades. El objetivo de instituciones como el Patronato era integrar a los niños anormales, defender sus intereses y protegerlos, así como llevar a cabo una campaña de sensibilización y visibilización de esta cuestión. Cuatro años después de la creación del Patronato, en abril de 1914, Francisco Bergamín García, ministro de Instrucción Pública en el gabinete conservador de Eduardo Dato, firmó un nuevo Real Decreto en el que se planteaba una reforma de las instituciones dedicadas al cuidado de la anormalidad infantil19.

En ese momento, el higienismo mental se mostró interesado también en la cuestión de la anormalidad infantil. La generación de los Archivos de Neurobiología, un grupo de neurocientíficos formados en la Institución Libre de Enseñanza y beneficiarios de las becas de la Junta de Ampliación de Estudios, es decir, una élite intelectual interesada en el desarrollo de la medicina mental en nuestro país, participó a través de algunos de sus miembros en esta cuestión. Así, entre 1914 y 1915, Nicolás Achúcarro y Gonzalo Rodríguez Lafora fueron Secretario y Vicesecretario en el Instituto Central para la Educación de Niños Anormales. En 1917, el Patronato Nacional de Anormales incluyó una clasificación de los niños anormales. Este interés clasificatorio sirvió, por un lado, para señalar el carácter «científico» del discurso oficial y la necesidad de un enfoque médico-positivista en relación con la discapacidad infantil en este proyecto. Sin embargo, las alusiones a las «fallas» morales también fueron recogidas por médicos de la generación de Archivos de Neurobiología, como Sanchis Banús que escribió en 1916 «Estudio médico social del niño golfo». Este estudio fue realizado sobre 50 niños con anormalidad de tipo «moral», distinguiendo entre niños amorales y locuras morales, como perversiones de las reglas morales (exhibicionismo, sadismo, masoquismo, tendencia a la prostitución y relación con enfermedades venéreas)20. El interés que mostraron estos jóvenes médicos en la infancia anormal hay que contextualizarlo en un momento en el que la legitimación de la especialidad psiquiátrica comenzaba a desarrollarse en nuestro país. Posiblemente vieron en la cuestión de la infancia «anormal» un espacio donde hacer necesaria la intervención de futuros psiquiatras infantiles. El diagnóstico de Demencia Precoz constituyó un tema bisagra en esta lucha por el presentismo de los psiquiatras en la cuestión de la infancia anormal. La edad de debut de los primeros síntomas en la adolescencia y su relación con el desarrollo hormonal constituyó uno de los puntos de contacto de estos diferentes ámbitos de interés21. Gonzalo Rodríguez Lafora afirmó que la Demencia Precocísima22 se correspondía bastante con la demencia precoz, pero que su evolución era más rápida y progresiva, que daba lugar en poco tiempo a una demencia infantil que se malinterpretaban como cerebropatías adquiridas23.

A partir del Real Decreto de abril 1914, se crearon dos instituciones más relacionadas con la llamada infancia anormal: la Escuela Especial y el Centro Médico psicológico. Así, los niños anormales «mentalmente educables» irían a la Escuela Especial y los niños anormales no educables, irían a los asilos dependientes de la Beneficencia. En los Centros Médico-psicológicos se señaló la necesidad de organizar laboratorios de psicología, química y serología que estarían orientados a la investigación, el diagnóstico y la profilaxis higiénica de la enfermedad, inscritos en la lógica de la medicina de laboratorio y positivista del momento. Se planteó la necesidad de hacer estadísticas sobre los porcentajes de niños/niñas anormales a partir de los casos estudiados. Y, por último, otra finalidad de estos centros fue la formación y la especialización de maestros que pudieran trabajar de forma conjunta con los médicos para llevar a cabo labores de diagnóstico y terapias específicas. El afán normativizador de estas estrategias iba orientado a proporcionar una formación técnica y profesional a los menores, tanto en talleres como en granjas agrícolas. Comenzaron a desarrollarse en nuestro ámbito herramientas como escalas y cuestionarios para poder identificar la «anormalidad» de los niños y niñas. En este sentido, el pedagogo Jacobo Orellana tuvo un papel protagonista, traduciendo algunos de los textos de referencia en el campo de las deficiencias mentales y sensoriales (Fig. 1).

Figura 1. Clasificación de los niños anormales según Jacobo Orellana. Archivo Universitario de Granada

Fondo Pedro Ortiz Ramos (POR). OR A 110 Pruebas diagnósticas. ORT04/016.

Véase el título de la figura.

En el Manicomio Provincial de Málaga, varios fueron los médicos que se interesaron en la cuestión de la infancia anormal. Miguel Prados Such, que llegó a la institución en 1925, fue un médico formado en la Institución Libre de Enseñanza, estudió Medicina en Madrid vinculado a la Residencia de Estudiantes y desarrolló trabajos en el laboratorio de Ramón y Cajal junto con el equipo de Gonzalo Rodríguez Lafora. Esto le permitió entrar en contacto con toda una generación de médicos jóvenes instruidos en las modernas técnicas de laboratorio y que se beneficiaron de intercambios con el extranjero gracias a las becas de la Junta de Ampliación de Estudios24. Esta generación de médicos mostró interés en la medicina mental, en desarrollar la psiquiatría como una disciplina, y en mejorar las condiciones de ingreso de los dementes, así como remodelar los espacios en función a cambios en las terapéuticas ofrecidas en el momento para el tratamiento de la locura. Hasta entonces, los manicomios eran lugares de depósito de personas sin una finalidad terapéutica real, donde las medidas coercitivas y la reclusión eran la norma. Miguel Prados Such, y esta generación de médicos, organizaron la Asociación de los Archivos de Neurobiología, editaron una revista científica con el mismo nombre orientada a las cuestiones de la medicina mental, organizaron la Liga de Higiene Mental y participaron activamente en la difusión de la necesidad de cambios en la atención a los dementes desde un posicionamiento político claro de integración y «humanización» de los tratamientos. En este clima, y también con la intención de legitimar esta parte del conocimiento médico aún por organizar en nuestro país, surgió también la necesidad de atender a la infancia anormal. Tanto Miguel Prados, como Antonio Linares Maza, otro médico que estuvo vinculado estrechamente a Miguel Prados en sus años de formación, desarrollaron tareas organizativas para implementar en Málaga la Escuela Especial para Niños Anormales, mostrando un gran interés por la investigación y el desarrollo de la psicología infantil. Entre 1929 y 1932, realizaron investigaciones usando el test de Rorscharch, la escala de Terman, selección española para niños superdotados, Id. No verbal de Buyse (adaptación de Germain y Rodrigo), Pruebas espaciales de Donnaieswsky y de Thurstone-Jones y la 5 de Rupp25. Pedro Ortiz Ramos, el psiquiatra encargado de la asistencia de la sala de mujeres, también se mostró interesado en la anormalidad de las niñas y los niños, según parte del material localizado en su archivo personal26, como veremos más adelante. Licenciado en Medicina por la Universidad de Granada, llegó a la institución en 1927, compartiendo tareas asistenciales y organizativas con Miguel Prados hasta 1933. En 1931, fue nombrado director de la sala 20. Trabajó también en el Manicomio San José de Málaga, establecimiento regentado por la orden religiosa de San Juan de Dios donde ingresaban solo hombres. Durante la década de los años 30, supo compatibilizar su intensa actividad clínica con la investigación, la participación en reuniones científicas, como las reuniones de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, se trasladó unos meses a Lisboa junto con António Egas Moniz para conocer las técnicas neuroquirúrgicas del momento, con las que posteriormente mostró su desacuerdo. Durante la Guerra Civil, fue depurado por el régimen franquista, siendo sancionado con dos años sin empleo. Finalmente, gracias a informes de conocidos afines al régimen, se levantó la sanción y continuó su trabajo en el manicomio, hasta su jubilación, en los años 7027. Al terminar la contienda, en septiembre de 1939, inauguró un establecimiento para el ingreso de mujeres de alto nivel adquisitivo, llamado «Casa Reposo Los Ángeles». Según los folletos publicitarios, esta casa estaba dedicada a la curación de las enfermedades nerviosas, pero no para enfermas mentales que, según Pedro Ortiz Ramos, podían «alterar» la tranquilidad y la paz que las señoras de la casa reposo necesitaban para mejorar. En este sentido, es fácil adivinar cómo esta filosofía terapéutica estaba atravesada por una cuestión de clase social28. En su actividad como psiquiatra de la beneficencia, realizó peritajes judiciales mediante requerimientos de los juzgados de instrucción de Málaga. También en instituciones tutelares de niñas pobres como en el Colegio de las Adoratrices de Málaga, como fue el caso de ARG. En 1947, y tras la acusación por parte de las monjas del colegio de conductas disruptivas en el centro, Pedro Ortiz Ramos fue requerido para dilucidar si la menor era «anormal» o no. Según consta en su archivo personal, se le realizaron varias pruebas, el test de Terman, para determinar su edad mental y el test de Rorschach, para valorar la personalidad de la observada, concluyendo que tenía una edad mental muy inferior a su edad biológica, que por ello sus declaraciones no podían ser consideradas como veraces y que debía seguir recluida en la institución29. Este caso, y otros peritajes localizados en el fondo documental de Pedro Ortiz Ramos, muestran las estrategias medicalizadoras desarrolladas en torno a la cuestión de la infancia anormal, estableciendo alianzas entre órdenes religiosas, la dimensión político-judicial y el discurso médico psiquiátrico, como brazo ejecutor de una biopolítica clasificatoria aparentemente disfrazada de «ciencia» con datos positivos y cuantificaciones, pero donde subyacía una intencionalidad clara de segregar del tejido social a niños y niñas que no respondieran a una infancia normativa. Como dispositivo de ese biopoder, la institución psiquiátrica contribuyó a delimitar la idea de niños-niñas anormales o locos, subsidiarios de una respuesta medicalizada.

Niños y niñas en el Manicomio Provincial de Málaga: ¿anormales, delincuentes o locos?

El Manicomio Provincial de Málaga fue inaugurado en 1898 y, aunque estaba dentro del recinto del Hospital General, posteriormente denominado Hospital Civil, su localización periférica, rodeado de un muro donde compartía espacio con el pabellón de infecciosos y la leprosería nos hace pensar en el grado de estigmatización y aislamiento de la que participaban los y las internadas en esta institución. El pabellón, denominado sala 21 o pabellón de San Carlos, presentaba una organización espacial especular: en un ala ingresaban los hombres y en la otra las mujeres, pero la distribución en las salas respondía a las características conductuales de los pacientes ingresados. Así, existían salas para agitados/as, tranquilos/as, sucios/as y convalecientes. Cada sala con un pequeño patio, una enfermería y celdas de aislamiento individuales. En 1909, se produjo el traslado de las mujeres a un nuevo pabellón denominado sala 20 o Sala Santa Rita, anexo al edificio principal del Hospital General. Este traslado pudo asociarse a un problema de saturación en la sala 21, que quedó íntegramente para hombres, debido al aumento de ingresos de hombres en la institución que fue incrementándose a lo largo de la primera década del siglo 2030. En este contexto, la cuestión del espacio donde ingresar a los niños fue un tema recurrente en la dinámica de la institución malagueña.

Según el acta de la comisión provincial del 10 de octubre de 1929, se propuso la construcción de un pabellón para dementes sucios varones y otro para niños, bajo la dirección del Manicomio por parte de Miguel Prados Such, lo que nos indica que se encontraba sensibilizado con la cuestión del ingreso de los niños en este tipo de instituciones y veía la necesidad de separarlos de los adultos durante su internamiento. Casi cinco años más tarde, y con la construcción de un nuevo pabellón para pacientes «tranquilos», los niños pudieron tener un espacio para menores de diez años, lo que era recogido en el Reglamento de 1934 del Hospital Civil. Sin embargo, hay que destacar que, en la sala de mujeres, el internamiento de las niñas no gozó de este privilegio. Si bien se explicitaba en el Reglamento que las niñas ingresarían en la sala 20 junto con las adultas serían «separadas» de las adultas pero no se especificaba cómo sería esta separación31. De hecho, en las historias clínicas, no se plantea ningún elemento que indique que esta separación se llevó a cabo. La idea de peligrosidad, más asociada a los dementes varones que a las mujeres, pudo influir en facilitar la separación de los niños de los adultos y no separar a las niñas de las mujeres de la sala 20, incluso planteamientos esencialistas con respecto al cuidado que estas podían ejercer por su «naturaleza femenina». La realidad es que no hay constancia en los documentos de que los facultativos solicitaran la separación entre menores y adultas en la sala 20.

En el archivo personal de Pedro Ortiz Ramos han sido localizadas registros de estadísticas de la atención a niños y niñas en el Manicomio Provincial, durante la década de los años 30. Miguel Prados pidió una excedencia en la institución en 1933 para continuar sus investigaciones en Madrid32. Fue Pedro Ortiz el que se ocupó entonces de la dirección de la institución. En las historias clínicas localizadas tanto en el Archivo de la Diputación Provincial de Málaga como en el archivo personal de Pedro Ortiz Ramos (n=811), un 8,6 % correspondían a mujeres menores de 18 años, y un 35 % estaban diagnosticadas de esquizofrenia, frente a otros diagnósticos minoritarios como psiconeurosis de situación, oligofrenia, corea, mielitis, histeria, epilepsia, depresión, paranoia y psicosis maniacodepresiva33. Sin embargo, las anotaciones incluidas en las estadísticas localizadas en su archivo personal no corresponderían con esta cifra, lo que nos indica que han podido desaparecer historias clínicas de menores que no están conservadas en el archivo de la diputación ni en el fondo personal de este psiquiatra.

En el gráfico 1, se muestra el número de menores atendidos en el Manicomio Provincial de Málaga entre 1931 y 1940, no estando recogidas las cifras de 1933. Destacan la baja frecuencia en los años 1932, 1934 y 1935 donde prácticamente, el número de niños y niñas se igualaba. Sin embargo, en 1931, hubo más afluencia de niños y a partir de la Guerra Civil el porcentaje de niñas en la institución va incrementándose para superar a los varones en los años 1939 y 1940.

Gráfico 1. Niñas y niños internados/atendidos en el Manicomio Provincial de Málaga entre 1931 y 1940. Elaboración propia a partir de registro localizado en el Fondo Pedro Ortiz Ramos

Archivo Universitario de Granada. OR A140/ORT 05-009

Véase el texto.

En cuanto a las edades de los menores atendidos desagregados por sexos, se pueden apreciar también diferencias significativas (gráfico 2). Así, entre los niños atendidos, hay gran variabilidad en las edades, predominando los niños entre 11 y 14 años tanto en 1931 como en 1940. Niños más pequeños, entre cero y cinco años, se mantuvieron estables casi en todo el periodo, exceptuando el año 1935.

Gráfico 2. Edades de los niños atendidos en el Manicomio Provincial de Málaga entre 1931 y 1940. Elaboración propia a partir de registro localizado en el Fondo Pedro Ortiz Ramos

Archivo Universitario de Granada. OR A140/ORT 05-009

Véase el texto.

En cuanto a las niñas, no hay grandes cambios en las edades, exceptuando en 1939 y 1940 donde se incrementó notablemente la atención a niñas de edades entre los 11 y 14 años (gráfico 3).

Gráfico 3. Edades de las niñas atendidos en el Manicomio Provincial de Málaga entre 1931 y 1940. Elaboración propia a partir de registro localizado en el Fondo Pedro Ortiz Ramos

Archivo Universitario de Granada. OR A140/ORT 05-009

Véase el texto.

Como se ha comentado en el apartado anterior, Pedro Ortiz Ramos desarrolló su trabajo como perito médico en casos de menores internados en instituciones, menores disruptivos que eran acusados o denunciados por diferentes motivos y que debían ser evaluados para diferenciar el grado de responsabilidad en estos actos. Para ello, se sirvió de diferentes herramientas diagnósticas como el test de Terman, orientado a detectar la edad mental de los menores; el test de Rorschach, para la evaluación de los rasgos de personalidad; y una serie de pruebas encaminadas a la valoración moral de los menores. En este sentido, se ha localizado en el archivo personal de Pedro Ortiz Ramos un documento titulado «Test de conducta real en situaciones morales determinadas» para valorar diferentes aspectos de la moralidad en los niños mediante el planteamiento de situaciones concretas. Así, para valorar la honradez o falta de honradez, se planteaba observar si el niño devolvía las cosas prestadas, se le hacía pensar que había encontrado una moneda y se observaba si la devolvía o no; se le instaba a mirar la ejecución de un trabajo a pesar de que la consigna era hacerlo con los ojos cerrados, entre otras. Para valorar la veracidad/falsedad, se recomendaba la observación del relato de lo leído en un libro para detectar exageraciones. En la valoración del espíritu de cooperación/egoísmo se planteaba observar si el niño tenía tendencia a pedir remuneración por todo lo que hacía; diferencias en el rendimiento del trabajo cuando la recompensa era individual o colectiva; grado en el que los niños compartían sus juguetes con niños que no los tenían. En cuanto a detectar perseverancia o su falta, se le instaba al niño a pulsar un botón cada dos minutos y se observaba la rigurosidad y exactitud en la realización de la prueba. Por último, se valoraba el autodominio frente a la impulsividad mediante relatos de cuentos que se interrumpían y se observaba el grado de inhibición del deseo para terminar de escuchar la historia; o la inhibición de comer bombones o confituras durante un periodo de trabajo de 40 minutos. Por otro lado, se valoraban las situaciones de conocimiento de reglas morales, como contestar preguntas sobre principios éticos (que no eran especificadas) o el análisis de «respuestas a numerosas preguntas escuetas que consideran los problemas morales en su relación con los principios sociales, económicos, políticos y religiosos»34. El test denominado «Prueba de la donación de sangre» que desarrolló Emilio Mira, figura entre las pruebas que Pedro Ortiz Ramos usó en los niños, aunque tuvo otras aplicaciones en la selección, por ejemplo, del personal de enfermería psiquiátrica35. A pesar de la localización de estos test y documentos en el archivo personal de Pedro Ortiz Ramos, no aparece referencia a estas pruebas en ninguna historia clínica, a excepción del test de Rorschach solo aplicado a adultas36.

Las «niñas-locas» de la sala 20: A propósito del uso (bio)político de un caso.

Durante el periodo estudiado, la distribución por frecuencias de las historias clínicas de mujeres menores de 18 años constituye un 5,1 % en el periodo de la Restauración y la Segunda República; un 6,3 % durante la Guerra Civil y un 9,4 % durante el primer franquismo. En este contexto, predominan los documentos clínicos del último periodo histórico analizado, desde el final de la contienda hasta 1950. Los traumas de guerra, las transgresiones morales y la aplicación de tratamientos de choque a las menores fueron frecuentes según la información contenida en las fuentes. La respuesta de la institución a las situaciones traumáticas por las que habían pasado estas niñas fue medicalizar su sufrimiento y proporcionar, en ocasiones, un tratamiento agresivo que ya en adultos tenía grandes complicaciones como fracturas, coma y muerte37. REA ingresó en 1941 cuando tenía diez años. Según recogió el médico en el historial, fue criada por un «médico rojo» al que fusilaron y desde entonces la niña quedó sola y traumatizada, refiriendo en la historia «que sólo quería que la abrazaran y la mecieran»38. La respuesta de la institución fue aplicarle tratamiento de choques con pentazol, un tóxico que producía convulsiones, y tras cuatro días de ingreso, fue trasladada a un colegio de huérfanas. En el caso de DNC, ingresada en 1941 a los 12 años de edad, diagnosticada de psiconeurosis, quedó anotado «está así desde que murió su padre»39. Estuvo ingresada cuatro meses, pero no hay constancia en la historia de que ningún tratamiento le fuera aplicado. Otra menor, de 13 años, fue ingresada en 1948 tras sufrir un «ataque de histeria típico»; ante la negativa de la paciente a hablar, se le inyectó absceso de fijación y, durante el mes que permaneció en la institución, recibió también varias sesiones de electrochoques40. En el ámbito de transgresión, como se ha visto en las gráficas sobre los ingresos de niñas en la institución a partir de 1940, el aumento en la frecuencia puede deberse a varias causas: niñas que quedaban solas sin familia tras la guerra vagando por la calle, mendigando y expuestas a todo tipo de abusos y vejaciones; otras que ejercerían la prostitución para sobrevivir y otras que robaban. Lucía Prieto ha investigado esta cuestión, argumentando que eran mayoritariamente hijos de represaliados del régimen franquista, que actuaban en pandillas, traficaban con tabaco, y con pan. Tal y como se recogía desde el Tribunal Tutelar de Menores, debido al hambre, caían los niños mayoritariamente en la delincuencia y las niñas en la prostitución41. Entre las historias clínicas de la sala 20, se han identificado algunos casos de menores que al transgredir las normas morales del nuevo régimen, eran castigadas con el internamiento y la aplicación de terapias de choque. Así, MCP, ingresó en 1940 por orden de la comisaría de vigilancia. Desde aquí, fue trasladada al manicomio y el motivo de ingreso fue que «llegó a casa a las once de la noche»42. CCM ingresó a los 12 años en 1941, con diagnóstico de esquizofrenia catatónica, aunque aparece tachado «oligofrenia». Fue tratada con Pentazol y estuvo ingresada tres meses. Unos años más tarde, en 1944, reingresó por orden del Tribunal Tutelar de Menores, recogiéndose en la historia: «Se fuga de casa, está varios días por ahí, sin que pueda corregirla la madre. Estuvo con hombres en la feria, fue detenida y recogida por la policía y llevada al Tribunal Tutelar de Menores y de aquí a las Trinitarias, donde ha dado muestra de perturbación mental»43. Tras fugarse de nuevo, volvió a ingresar en 1947, siendo tratada con electrochoques.

Sin embargo, durante la Segunda República, el tratamiento de las noticias relacionadas con los dementes o las instituciones psiquiátricas adquirieron importancia como método de denuncia de situaciones extremas o vejatorias. El uso de la prensa republicana para difundir y sensibilizar a la población sobre esta temática fue un proceso que comenzó en España durante la primera década del siglo 20, cuando ya Gonzalo Rodríguez Lafora realizó varias visitas por los manicomios del país, tomando fotografía para elaborar posteriormente un artículo donde planteaba las graves carencias de estos establecimientos y las situación infrahumana en la que se encontraban los internados, aunque esto constituyera un motivo de intercambio de cartas acusatorias entre los directivos de los establecimientos y el propio Gonzalo Rodríguez Lafora44. Como refiere Oscar Martínez Azumendi45, la prensa fue una de las estrategias más poderosas para acercar la problemática de la asistencia a los dementes a la sociedad durante la Segunda República. En Málaga, periódicos republicanos como El amanecer o El popular se hicieron eco de las noticias relacionadas con el manicomio, y también de casos concretos de pacientes, como en el caso de DSC: ingresó en la sala 20, cuando sólo tenía 14 años. La noticia fue publicada en El popular el 3 de mayo de 1934 con el siguiente título «Cuando íbamos en busca de un sainete, nos encontramos con un drama»46:

En las primeras horas de la mañana de ayer fue detenida en la Malagueta por fuerzas de carabineros, una bellísima joven que, en pijama, recorría los establecimientos de bebidas, obligando a cerrar, bajo la amenaza de una pistola. Al ser interrogada en «La Parra» se comprobó que la muchacha estaba perturbada y que el arma era de juguete.

Los periodistas se entrevistaron con la madre, tras el ingreso de su hija en la sala 20, y recogieron el testimonio de la misma, que acusaba al Colegio de los Ángeles Custodios de El Palo, una institución para niños pobres en un barrio deprimido de la ciudad, de la situación en la que se encontraba su hija. Así estaba redactada esta información en la noticia:

Durante nuestros trabajos reporteriles nos enteramos de la horrible amargura de una madre que hace cuatro meses entregó a su hija sana y bella en un recogimiento y ahora se la encuentra enferma y demente47.

La madre reconocía la dificultad que tenían en el mantenimiento de sus hijos, y que tuvieron que optar por internarlos en esta institución religiosa. Denunciaba que las monjas no le habían dejado ver a su hija durante casi cuatro meses, y que en los últimos días la avisaron para que fuera a por ella porque estaba enferma. La madre refería:

Llegué por ella y me encontré horriblemente sorprendida al ver como estaba. Tan buena y hermosa como yo la deposité me la encontré demacrada y demente. La impresión que sufrí fue tremenda. Me hice cargo de ella y me la traje a la casa donde su padre y los demás han padecido la misma amargura que yo48.

La llamada «cuestión religiosa» durante la Segunda República fue un tema recurrente en los medios periodísticos de la época49. Tanto los que apoyaban un estado laico como los que se oponían a la pérdida de poder y protagonismo de la Iglesia, planteaban sus argumentos, en ocasiones aprovechando situaciones como esta. De hecho, la acusación que la madre hizo a la institución religiosa se reflejó en lo que el psiquiatra recogió al ingreso de la menor en la historia clínica, como crítica al tratamiento a la orden religiosa por parte del periódico:

Se entera un periodista y hace una información truculenta en «El popular», publicando una fotografía. Se trataba más bien de desacreditar a las Hermanas de los ángeles, achacándole las enfermedades por haberla cuidado deficientemente. Al día siguiente la ingresan50.

Al día siguiente, el 4 de mayo, el mismo diario publicó otra noticia con el siguiente subtítulo:

Una interesante entrevista con la Superiora del convento Ángeles Custodios donde estuvo recluida la joven […] y del que salió días antes de ser detenida en el puerto por los carabineros. En dicho establecimiento nos dicen en qué estado ingresó la muchacha: la alimentación extraordinaria a que se le sometió y la esmerada asistencia facultativa sin resultado alguno51.

En lo redactado se recogió información sobre cómo ingresó en el colegio la niña, ya que tenían muchas solicitudes, pero vino por recomendación de la marquesa de Pelayo, lo que aceleró el trámite de ingreso. El artículo trataba de justificar la correcta actuación tanto de las monjas como del médico que atendió a la niña durante su estancia en el colegio, tratando de dejar claro que ya la madre planteaba la dificultad que tenía para alimentar correctamente a su hija:

El doctor Santos Ayuso diagnosticó debilidad mental […]. La madre se lamentó de la dolencia que sufría su hija haciéndome ver que ello obedecía a la falta de alimentación y otros cuidados que carecía en su casa, por la falta de medios económicos […]. Cuidados excelentes, mejor que en un sanatorio52.

El artículo finaliza haciendo una defensa de la orden religiosa y del colegio en los siguientes términos:

La superiora hablaba con toda sinceridad. En su rostro se observaba la verdad y la emoción. Creemos inútil decir que sus palabras las creímos. Como más tarde, al salir del establecimiento y recorrer aquellos alrededores, hacia la ciudad, también creímos las manifestaciones que nos hicieran diversos vecinos en elogio y gratitud hacia aquel establecimiento y aquellas monjas que tanto querían y se preocupaban de la juventud desvalida53.

Finalmente DSC fue diagnosticada de demencia precoz54 y tratada con malarioterapia y absceso de fijación55, hasta su alta, en noviembre del mismo año. Pedro Ortiz Ramos fue el encargado de su asistencia, como referente de la sala de mujeres.

Conclusiones finales

Pedro Ortiz Ramos se mostró interesado en realizar una estadística sobre los menores anormales de la institución en el contexto del impulso de las políticas proteccionistas hacia niños/as anormales de la Segunda República. La diferencia entre los espacios de internamiento de niños y niñas muestra, de nuevo, que la cuestión de género dentro de los establecimientos psiquiátricos dio lugar a formas de tratamiento también diferenciadas. La posibilidad de que las mujeres de la sala 20 fueran vistas como «menos peligrosas» y que incluso pudieran proporcionar «cuidados» a las menores internadas estaría en estrecha relación con una visión generizada de la locura en las instituciones. Además, hay que señalar la defensa que Miguel Prados realizó para separar a los niños de los adultos en la sala 21; defensa que no se llegó a realizar en la sala 20.

A pesar de la disociación en las fuentes localizadas, donde no coinciden en número de historias clínicas del archivo con los registros que realizó el psiquiatra sobre los niños y las niñas atendidos en el Manicomio Provincial de Málaga, sí se puede plantear la existencia de una disociación teórico/práctica en los casos clínicos de las niñas de la sala 20, donde no aparecen referencias a estas evaluaciones psicométricas. Una hipótesis puede ser que estas valoraciones fueran orientadas más a los casos de peritajes que a las niñas internadas, que ya consideradas «niñas-locas» no fueran subsidiarias de este tipo de valoraciones.

Por último, señalar la respuesta medicalizada y psiquiatrizada de diferentes agentes sociales ante la supuesta «locura» de las niñas internadas. Monjas, jueces y médicos intersecaron sus discursos represivos para ejecutar una respuesta biopolítica clara en este sentido. La respuesta tecnificada del uso de las terapias de choque en las niñas en los años 40 no fue un hecho aislado en la institución malagueña. Este abordaje de las fuentes constituye una vía de investigación novedosa para realizar comparativas con el tratamiento que los y las menores recibían en otras instituciones y así poder completar el análisis historiográfico de la psiquiatrización de la infancia en España.

  • 1 Por razones de legibilidad y adecuación a todos los públicos, la edotorial ha optado por escribir los números superiores a 10 en números arábigos, incluidos los siglos.
  • 2álvarez-Uría Fernando, Miserables y Locos: Medicina mental y orden social en la España del siglo XIX, Barcelona, Tusquets, 1983.
  • 3 A partir del siglo 20, en Francia, se trataba de establecer una diferenciación categórica desde las perspectivas más anatomoclínicas de estas teorías hacia postulados más positivistas de una psicología muy interesada en la psicometría. Huertas Rafael y Del Cura Mercedes, «La categoría “Infancia Anormal” en la construcción de una taxonomía social en el primer tercio del siglo XX», Asclepio, 48.2, 1996, p. 115-127.
  • 4Padilla Arroyo Antonio, «De excluidos e integrados: Saberes e ideas en torno a la infancia anormal y la educacion especial en Mexico, 1920-1940», Revista Frenia, 9, 2009, p. 97-134.
  • 5Rossi Gustavo, «El niño anormal: Una lectura de Horacio Piñero en 1910». II Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVII Jornadas de Investigación Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del Mercosur. Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, 2010, p. 391-393.
  • 6León León Marco Antonio y Rojas Gómez Mauricio, «Construyendo al futuro ser social: Intervenciones médicas y pedagógicas en la infancia anormal. Santiago de Chile, 1920-1943» [en línea], Asclepio, 67(2), 2015, p. 114. Disponible en: http://dx.doi.org/10.3989/asclepio.2015.32.
  • 7Gutiérrez Avendaño Jairo y Silva Ramirez Lina Marcela, «Ortopedia del alma. Degeneracionismo e Higiene Mental en la casa de corrección de menores y escuela de trabajo San José, Colombia 1914-1947», Revista Latinoamericana de Psicopatologia Fundamental, 19(1), 2016, p. 150-166.
  • 8Del Cura González Mercedes, «Un patronato para “Los Anormales”: Primeros pasos en la protección pública a los niños con discapacidad intelectual en España (1910-1936)», Asclepio, 64(2), 2012, p. 541-64; Huertas Rafael y Del Cura Mercedes, «La categoría “Infancia Anormal”…»,art. cit.;Del Cura Mercedes y Huertas Rafael, «Medicina y sexualidad infantil en la España de los años treinta. La aportación del psicoanálisis a la pedagogía sexual», Hispania, 64(218), 2004, p. 987-1001.
  • 9Delgado Pastor Diego, La Infancia Anormal y el cultivo de la inteligencia (España 1830-1940), Tesis Doctoral, Universidad de Cádiz, 2021.
  • 10Vázquez García Francisco, «Más allá de la crítica de la medicalización. Neoliberalismo y biopolíticas de la identidad sexual», Constelaciones. Revista de Teoría Crítica, 5, 2013, p. 76-102.
  • 11Romero Gustavo, «Biopolítica y biopoder . Una evaluación de ambos conceptos en la obra de Michel Foucault», Foro Interno, 13, 2013, p. 107-122; Foucault Michel, El Poder Psiquiátrico, Madrid,Akal, 2005.
  • 12Huertas Rafael y Del Cura Mercedes, «La categoría ‘Infancia Anormal’…», art. cit., p. 118.
  • 13Ibid., p. 120.
  • 14Del Cura González Mercedes, «Un patronato para los “Anormales”…», art. cit.,p. 542.
  • 15Ibid.
  • 16Ibid., p. 543.
  • 17Ibid., p. 547.
  • 18Huertas Rafael, «Los niños de la “Mala Vida”: La patología del “golfo” en la España de entresiglos», Journal of Spanish Cultural Studies, 10(4), 2009, p. 423-440.
  • 19Del Cura González Mercedes, «Un patronato para los “Anormales”…», art. cit.
  • 20Sanchis Banús José. Estudio médico-social del niño golfo, Madrid, Excelsior, 1916.
  • 21 En 1920 en Nueva York, Charles Gibbs observó que la edad a la que comenzaban los síntomas de la demencia precoz coincidía con el inicio del desarrollo de caracteres sexuales y fue relacionado también con el desarrollo de las preferencias sexuales. En el caso de la mujer, la relación era obvia: la mayoría de los casos de enfermedad mental sucedían en la menarquia, menopausia o alrededor de los partos. Hirshbein Laura, «Sex and gender in psychiatry: A view from History», Journal of Medical Humanities, 31(2), 2010, p. 155-170.
  • 22 Según Mercedes Del Cura y Rafael Huertas, el italiano Sante de Sanctis (1862-1935) describió una nueva entidad nosológica al intentar establecer el diagnóstico diferencial de la deficiencia mental con un cuadro psíquico donde los niños mantenían la memoria y la atención intacta, pero mantenían síntomas compatibles con la categoría de Demencia Precoz, de la nosología alemana. La denominó «demencia precocísima» y fue la antesala de la definición de esquizofrenia infantil que se estableció en 1937. Huertas Rafael y Del Cura Mercedes, «La categoría “Infancia Anormal”…», art. cit., p. 116.
  • 23Huertas Rafael, «Niños degenerados. Medicina mental y regeneracionismo en la España del cambio de siglo», Dynamis, 18, 1998, p. 157-179.
  • 24García-Díaz Celia, «El Manicomio Provincial de Málaga en el primer tercio del siglo XX: La utopía que (no) pudo ser» [en línea], Asclepio, 70(2), 2018, p. 238. Disponible en: https://doi.org/10.3989/asclepio.2018.22.
  • 25Bandrés Javier y Llanova Rafael, «El Dr. Antonio Linares Maza y el desarrollo de la psicotecnia en España», Revista Historia de la psicología, 16(3-4), 1995, p. 33-41.
  • 26 Archivo Universitario de Granada (AUG), fondo Pedro Ortiz Ramos (POR).
  • 27García-Díaz Celia, «El Manicomio Provincial de Málaga en el primer tercio del siglo XX…», art. cit.
  • 28 La Casa Reposo contó con la colaboración en su organización y funcionamiento de Galvez Ginachero, ginecólogo muy conocido en Málaga también por su actividad política. Esta relación entre psiquiatría y ginecología reforzaba la visión de las cuestiones hormonales y reproductoras en las mujeres como causa de locura. García-Díaz Celia, Mujeres, locura y psiquiatría: La Sala 20 del Manicomio Provincial de Málaga (1909-1950), Tesis Doctoral, Universidad de Málaga, 2019.
  • 29 AUG, fondo POR, ORT/04/009 (1941-1948).
  • 30García-Díaz Celia, «Mujeres en el manicomio: Espacios generizados y perfil sociodemográfico de la población psiquiátrica femenina en el Manicomio Provincial de Málaga (1909-1950)», Investigaciones Históricas. Época Moderna y Contemporánea, 40, 2020, p. 523-552.
  • 31 Reglamento para el régimen y administración del Hospital Civil de Málaga, 1934. Biblioteca Municipal de Málaga, 22/6.
  • 32García-Díaz Celia, «El Manicomio Provincial de Málaga en el primer tercio del siglo XX…», art. cit., p. 8.
  • 33García-Díaz Celia, Mujeres, locura y psiquiatría…, op. cit.
  • 34 AUG, Fondo POR, OR A 110 Pruebas diagnósticas, ORT04/016.
  • 35Villasante Olga, «La evaluación psicotécnica de los enfermeros psiquiátricos en España (1930-1972): ¿una tarea moral?», Revista de Historia de La Psicología, 41(1), 2020, p. 2-11. Se trataba de plantear a los sujetos de estudio la necesidad de donar sangre ante un accidente que acababa de acontecer, señalando el grado de implicación de cada uno en el proceso.
  • 36 Antonio Linares Maza pasó 50 test De Rorschach a jóvenes de la cárcel de Málaga para el trabajo de tesis de Miguel Prados Such titulado «Psicobiología de la delincuencia juvenil», en 1934. García-Díaz Celia, Mujeres, locura y psiquiatría…, op. cit. p. 121.
  • 37 El desarrollo de las terapias de choque en España estuvo atravesado por el drama de la Guerra Civil. En los últimos años de contienda, cuando casi todo el país estaba bajo la ocupación franquista, la insulinoterapia, el choque cardiazólico y el electrochoque comenzaron a ser usados en la población psiquiátrica de forma extendida y precoz, como en Ciempozuelos, Valladolid y Málaga (Ver Conseglieri Ana y Villasante Olga, «Shock therapies in Spain (1939-1952) after the Civil War: Santa Isabel National Mental Asylum in Leganés», History of Psychiatry, 32(4), 2021; García DíazCelia, Mujeres, locura y psiquiatría…, op. cit. p. 321. Aunque algunos autores no ven relación entre ambos fenómenos, el clima autoritario, la situación de extremo abandono de las instituciones y la necesidad de legitimar las prácticas psiquiátricas posiblemente contribuyeron a que se «experimentaran» estas terapias sobre una población muy vulnerable.
  • 38 Archivo de la Diputación de Málaga (ADPM), lg. 10468:25 (1941).
  • 39 ADPM, lg. 10150:25 (1941).
  • 40 VFC, ADPM, lg 10571 (1948).
  • 41Prieto Borrego Lucía, «La prostitución en Andalucía durante el Primer Franquismo», Baética. Estudios de Arte, Geografia e Historia, 28, 2006, p. 665-687.
  • 42 ADPM, lg 10152.
  • 43 ADPM, lg 10468:22.
  • 44Rodriguez Lafora Gonzalo, «Los manicomios españoles», Revista de La Asociación Española de Neuropsiquiatría, 31(4), 2011, p. 777-789.
  • 45Martínez Azumendi Oscar, «La cuestión de los manicomios vizcaínos en la prensa de la época (1930)», Norte de Salud Mental, 42, 2012, p. 87-96.
  • 46 «Cuando íbamos en busca de un sainete, nos encontramos con un drama», El popular (Málaga), 3 de mayo de 1934.
  • 47Ibid.
  • 48Ibid.
  • 49De La Cueva Merino Julio, «El laicismo republicano: Tolerancia e intolerancia religiosa en la Segunda República Española», Mélanges de La Casa de Velázquez, 2014, p. 89-109.
  • 50 ADPM, lg. 10150.
  • 51«Cuando íbamos en busca de un sainete», op. cit.
  • 52Ibid.
  • 53Ibid.
  • 54 El diagnóstico de demencia precoz en la sala 20 aparece en cuatro historias: dos de ellas en 1934, una en la historia que nos ocupa y otro en la historia de MMM, de 18 años. Las otras dos jóvenes con este diagnóstico ingresaron en 1948, y llegaron a la institución desde la consulta de Pedro Ortiz Ramos, a los 13 y 14 años. García Díaz Celia, Mujeres, locura y psiquiatría…, op. cit. En el estudio de la institución de Leganés, se plantea que el diagnóstico de demencia precoz desapareció en el Franquismo, para dejar paso a la esquizofrenia. Vázquez De La Torre Paloma, El Manicomio Nacional de Santa Isabel de Leganés durante la Guerra Civil Española (1936-1939): Población Manicomial y prácticas asistenciales, Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2012. Sin embargo, en la institución de Málaga, aún en el Franquismo se siguió usando esta nomenclatura, para casos de psicosis en niñas y mujeres jóvenes.
  • 55 La malarioterapia consistía en la inoculación de sangre infectada de malaria de otra paciente, con la finalidad de provocar cuadros febriles que harían ceder la agitación en la paciente. El absceso de fijación era utilizado para provocar una reacción inflamatoria subcutánea mediante la inyección de algún tóxico, como la esencia de trementina. Esto provocaba un gran dolor en el miembro (pierna/brazo) y la imposibilidad de movilizarlo.