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Tapa de La Infancia desarraigada en tierras hispanohablantes (Marie-Élisa Franceschini-Toussaint i Sylvie Hanicot-Bourdier, dirs, 2024) Show/hide cover

Entre la ilegitimidad y la legitimidad

Trabajo realizado en el marco del PID2020-117235GB-I00 «Mujeres, familia y sociedad. La construcción de la historia social desde la cultura jurídica. Ss. XVI-XX», RED2022-134215-T «Conflictos y resistencias en la Corona de Castilla, siglos XVI-XIX», y GIR Sociedad y conflicto desde la Edad Moderna a la Contemporaneidad.

El alarmante volumen de la infancia abandonada desde mediados del siglo 181, en Europa y América, interesó a la historiografía desde hace décadas. Escrutada la respuesta ilustrada de instituciones embrionarias de la casa cuna, asumida por el liberalismo, cabe abordar otras vertientes del abandono, como las estrategias vitales de las madres y sus hijos naturales, conocedores de la identidad del padre biológico.

El marco jurídico y social de la ilegitimidad en la crisis del Antiguo Régimen

La codificación liberal en Europa y América sigue el Código Napoleónico (1804), niega a la prole ilegítima los derechos de alimentos e indagación de su origen, salvo que los padres libremente la reconozcan y legitimen. Se busca así disciplinar las transgresiones y sus secuelas de escándalo y destrozo familiar, pero no evita el encendido debate jurista en pro y en contra de desamparar a esta prole; sirva en torno al Código Civil argentino (1871), que se desmarca concediendo al hijo natural exigir su reconocimiento e indagar en vida del padre2. Su muerte es línea roja, pues para el doctor argentino Eduardo Gaffarot (1884): «van aumentándose los pleitos sobre filiación natural; nadie puede morir tranquilo, después de haber llevado una existencia ejemplar, por el temor que abriga, de que alguien, luego aparezca á echar un borrón á su memoria»3. Sus colegas se dividen y José A. García respalda: «no es de suponer que un padre […] en aquellos críticos momentos de su vida en que la muerte pesa su mano fría y el corazón del hombre se cubre con los sentimientos puros de su infancia, no abra sus labios para dar una palabra siquiera al sucesor de su existencia»4. Estas citas nos adentran en el caso de Joaquín de la Hoz.

Antes, cabe advertir que el retraso en la codificación civil española, con sucesivos proyectos (1821, 1836, 1851, 1869, 1882, 1885) hasta el Código de 1888-1889, explica que entre 1812-1888 rija la tradición jurídica castellana, su jurisprudencia y doctrina con la ley5. En sus artículos 357 y 358, el Proyecto de 1821 simplifica la clasificación de las viejas Partidas (IV.15.1) de prole legítima (de matrimonio canónico) e ilegítima, constituida esta por hijos naturales (de padres sin impedimento para casarse), incestuosos (de pariente), espurios (de soltera y viuda sin noticia del padre), bastardos (del clero) y ya deduce la condición de adulterino de cualquier progenitor casado, no solo de la madre6.

Frente a la posterior codificación, este Proyecto permite a los hijos naturales reclamar su legitimidad. Su artículo 361 deduce la filiación natural de la libre declaración de los padres (unida o separadamente) en documento público, o por presunción legal (cuidado del hijo, tratarle de palabra u obra), sin exigir que la madre viva bajo el techo del padre; la legitimidad sería reclamada por el progenitor que ha reconocido a su hijo natural, por este o su tutor. Los artículos 363-365 abren dos vías de legitimación (excluidos los adulterinos): por el matrimonio de sus padres o por concesión del Rey. Esta última (artículo 368), sin especificar si en vida o muerte del progenitor, exige un expediente ante el alcalde acreditando la calidad de hijo natural y su reconocimiento por los padres. Obtenida su legitimidad (artículo 369), surte iguales derechos que los del hijo legítimo, salvo heredar de haber hijos legítimos o legitimados por matrimonio7. En Europa y en América, la ilegitimidad se dispara desde mediados del siglo 188. La infancia ilegítima es expuesta a la puerta de iglesias, casas, hospitales y hospicios9; es escondida para salvar la honra de la madre, y hasta objeto de comercio y así disputada su custodia en los tribunales10. Nacida a menudo de amores pasajeros, coincidimos en que su suerte depende de su estrato social y no siempre fue mala11. Ni siempre se la abandona; para Miguel Pablo Cowen, se la abandona porque no se la ama12. Desapego que no la es exclusivo; hubo madres condenadas por faltar a sus obligaciones13 y al contrario, desde que la Real Cédula de Carlos IV (1794) da legitimidad civil al expósito, el adoptado no lo fue solo buscando un criado: recibe afecto hasta el punto de rechazar a sus padres biológicos14.

La exposición de la prole venía atribuyéndose más a la vergüenza de su ilegitimidad15. Algún estudio del padrinazgo bautismal apunta más a razones económicas16, aunque se tiende a conjugar ambas17 y otras, como la mayor fertilidad femenina18 y la presión sobre la tierra, que generaliza el celibato y la ilegitimidad19. Cabría sumar el impacto de las reformas borbónicas entre finales del siglo 18 y principios del 19 en una sociedad que tolera las relaciones prematrimoniales con promesa de matrimonio. Incumplida esta por el varón a menudo, la mujer que sufre el engaño y la carga del hijo20 ya pierde el apoyo de la justicia eclesiástica tras la Real Pragmática de Matrimonios de Carlos III de 23 de marzo de 1776, que para evitar las uniones desiguales (social y económicamente) exige el consentimiento paterno para los menores de 25 años, anulando la libertad otorgada por Trento a los contrayentes. Su aplicación dispara la ilegitimidad21.

La Pragmática de 1776 acaba con el éxito de la reclamante provista de testificales probatorias del trato carnal ante la justicia eclesiástica22, y civil: esta Pragmática desprecia la promesa verbal de matrimonio y, desde 1803, se decreta la única validez de la realizada por escrito, además de beneficiado el seductor por la Real Cédula de 30 de octubre de 1796, que en las causas por estupro sustituye su prisión preventiva por una fianza23. Aunque hijos ilegítimos y relaciones ilícitas no son excepciones escandalosas, quienes incumplen las leyes no son mayoría, sino minoría tolerable24, como Joaquín de la Hoz.

Ser prole natural: un excepcional normal a veces afortunado

Antes de la codificación, coincido en que los hijos naturales no fueron siempre excepción escandalosa25 y en que, tras la ilegitimidad, está la sexualidad: baza familiar bien orientada, y mal negocio antes del matrimonio (incumplida su promesa) o tardíamente, tras enviudar26. Situaciones vividas por Ana Alonso de Prado, de padre santanderino y madre burgalesa. Vivió y se casó en Santander, tuvo dos hijas, Bárbara y Rosa de la Torre Alonso27, pero viuda y cuando aquellas contaban con ocho y cinco años, el 26 de octubre de 1767 nace su hija natural, Catalina de Fosa Alonso. Bautizada en la Catedral, el párroco consta que le acompaña su padre natural, Marcelo de Fosa, «tamvien soltero, que me dijo haber nacido en dicho dia»28. Los padrinos y dos testigos no son parientes, ni Ana es soltera como figura; alegarían la falta de impedimento para casarse. Marcelo las abandonó; Catalina dará sus trazos confusos en las partidas de sus hijos (vecino de Roma, 1790; Francia, 1797; natural de un lugar de Italia, 1804), empeñada en sostener la identidad Fosa, pues se ha dicho que la ilegitimidad condena al estigma de carecer de vínculos parentales29. Catalina fue querida y arropada en el momento más duro de su vida, cuando repite la historia de su madre. Apenas dos meses antes que su hermanastra menor y casada, Rosa de la Torre, Catalina, soltera, daba a luz el 18 de mayo de 1790.

Las partidas de bautismo registran la movilidad de las madres a otras parroquias para ocultar la ilegitimidad30. No la ocultan Ana Alonso ni Catalina Fosa. Los padrinos integran al bautizado en la sociedad, y la pareja de padrinos, en la familia y red de apoyo de la madre; hasta el 75 % de las madres de ilegítimos en la Diócesis de Lugo, el 40 % en Portugalete, no sale de su hogar o entorno familiar, tuvo pareja de padrinos porque la familia materna y la comunidad suplen la ausencia del padre31; es tónica que padres y padrinos sean parientes32. Catalina ejemplifica este encaje.

En la parroquia del Santísimo Cristo de Santander, el 24 de mayo de 1790, el párroco revela que «bauptizé solemnemte pero sub condizione por ser dudoso el bauptismo qe en caso de necesidad hizo Bernardo de Espada», y que fueron «padrinos dho Bernardo de Espada y Pasquala de Hoz, qe tocó a la infanta, a qnes adverti sus obligaciones, testigos Blas Sesmilo, Franco Xavier de Espada y Agustin Gonzalez». El padrino, Bernardo de Espada, y su padre testigo, Francisco Javier, esposo y suegro de Rosa de la Torre, hermanastra de Catalina, repiten sus papeles de 1786 en el bautizo del nieto mayor de Ana Alonso e hijo de Bárbara de la Torre, Bernardo Martín de la Torre33. Ambos introducen a la familia en la comunidad, forastero el esposo de Bárbara (de Vergara, Guipúzcoa) y dada la soledad de Catalina. Integrada su hija natural en la familia y comunidad, Catalina y su familia luchan contra el estigma de la falta de apellido. Catalina erige a su hija en viva reclamación de su padre natural:

Joaqna Nepomucena Hoz y Fosa […] hija de Cathalina de Fosa, veza de esta, qn dijo ser padre Joaqn de la Hoz, veco del lugar de Suesa, que los dos son mozos solteros, abuelos paternos, Thomas de la Hoz y Manla Hontañon, vecs de dha Suesa, Merindad de Trasmiera, maternos Marcelo de Fosa y Ana Alonso de Prado, vecs de Roma y Santander […] (ibid.).

Igual nombre y apellido que su padre natural. Catalina hace así constar su engaño, eje de su recurso de esponsales ante el Tribunal Eclesiástico antes de parir. Su carta revela sus peores presagios al juez provisor:

Mayo veinte y uno de mil setecientos noventa […] en cumplimiento de mi obligacion y encargo de vuestra merced pase otro dia desde el recibo de la apreciable de vuestra merced que fue el dia diez y ocho por estar de cuentas el dia diez y siete, a la casa morada de Joaquin de la Hoz y no haviendole encontrado […] hable por largo con su madre (que es mujer de buena conducta y conciencia), y preguntándola que savia y me decía de lo que comúnmente corria de su hijo con una moza de Santander, me manifestó que habia travajado con su hijo sobre que si la devia obligacion cumpliera con ella, que primero hera el alma […] manifestele a lo que hiba yo y el contenido de su carta de Vm encargándola trabajase con su hijo sobre que cumpliese con su obligación […] le dijese se dejase ver conmigo […] lo que hizo el mismo martes por la tarde, y despues de haverle dicho lo que no me parece cabe en mi pliego de papel por menudos que sean los renglones, y bien menuda la letra; le manifieste la carta que hera la que quería ber, y me dijo lo reflexionaría y me daría pronta respuesta, la que he estado esperando y con bastantes avisos para que lo hiciera, y ahora me allo con la adjunta que incluyo y por ella no encuentro hombría de bien, berdad en conciencia por lo que soy de sentir no se pierda tiempo en buscarle […] pretende que diga de sus buenos procedimientos y exemplos informando de su vida con especialidad, en semejante materia no lo puedo hacer, que estimo mas mi Alma que todos los vienes del mundo y su animación […] deseo me mande en libertad34.

¿Joaquín la chantajea pidiéndole una carta de perdón que le devuelva la fama? Catalina estuvo apoyada por su madre. La dilación entre el nacimiento y bautismo de Joaquina obedecería a que Joaquín de la Hoz juega con sucesivas promesas:

me llamo a mi y dicha mi hija despues del parto de esta, y habiendo concurrido a la venta de Loredo, en Trasmiera, nos dijo y persuadio no continuásemos el recurso sobre el consentimiento de su madre para su casamiento con dicha mi hija, porque supuesto el estaba en pasar a esta ciudad y casarse con ella luego que concluyese una obra que tenia en una iglesia, hera lastima ganar en el pleito mediante su conformidad al casamiento […] en otra ocasión posterior […] me busco a mi en el mercado de Oznayo, y me suplico le dejásemos venir a esta ciudad a travajar, y no molestasemos con recursos asegurándome dispondría luego la execución de su casamiento […] tamvien embio recado a mi y a mi hija que hiria en compaña de esta a casa del Licenciado don Agustin de Jorganes y que en ella determinarían el dia del casamiento (f. 5-6r).

El incumplimiento de palabra de matrimonio, principal pleito ante el tribunal eclesiástico, también fue a la justicia seglar35. Con seis meses Joaquina, por esas promesas incumplidas y como viuda y administradora de su hija, el 18 de noviembre de 1790, Ana Alonso denuncia por estupro a Joaquín de la Hoz ante el alcalde de Santander:

conviene a mi derecho y al de mi referida hija que Joaquin de la Hoz, preso en la Real Carcel de esta ciudad, y natural del lugar de Suesa, jure y declare si […] mi hija es y ha sido buena cristiana, de buen proceder y obrar, honesta y aplicada a su oficio de costurera. Si lo es que agradado de sus buenas prendas y circunstancias la solicito […] para ser esposa y mujer, y recelosa ella si su pretensión hera verdadera, le repuso se mirase primero bien, facilitase el consentimiento de su madre y no saliese luego con alguna disculpa, y que entonces la aseguro de su constancia y del consentimiento de su madre, añadiendo que si se opusiese le sacaría de la justicia Real […] con nuevos ofrecimientos la solicito y mi hija acepto y se prometio, y quedaron conformes en casarse como lo manda la Santa Madre Iglesia. Si lo es también que con estos esponsales, seguridades y ofrecimientos la solicito con el mayor empeño para el placer venereo, y haviendola vencido en la fe del pronto casamiento tubo con ella varios accesos carnales, la privo de su entereza y virginidad, y de sus resultas quedo embarazada y pario una niña […]. Si es cierto que aunque despues del parto ha ofrecido casarse con ella. Si es cierto que su madre le ha dicho y dice que si la daba obligación, la cumpla, y que sin envargo ha intentado e intenta casarse con otra, por lo que suplico a Vuestra Merced se sirva mandar evacuar dicha declaracion teniéndole bien asegurado en la cárcel con prisiones de fuste y fierro (f. 2v-4r).

El 20 de noviembre, Joaquín negó toda promesa. Ana Alonso le arranca una gran baza para su nieta, aunque ahora solo vea su descaro: «que confesado haver privado a mi hija de su virginidad y ser padres de la niña […] es buen atrevimiento pretender soltura bajo […] fianza […] antes de concluir la sumaria […] suplico […] mandar que el alcayde le tenga bien asegurado en la Carcel» (f. 6r-v). Se repite el 4 de diciembre pese a la insistencia de Ana, pese a aportar el pleito del Tribunal Eclesiástico y alegar, si las promesas decaen por la Pragmática de 1776, que «su misma Madre […] ha dicho que no se mete en la conciencia de su hijo y que si la deve palabra la cumpla, y que solo [...] mi hija sea correspondiente […] en las circunstancias no es desigual ni inferior mi hija» (f. 8). María José Pérez se pregunta sobre las intenciones del incumplimiento de esponsales, que suelen silenciarse36; Joaquín se acoge a la Pragmática alegando su condición superior de hijodalgo; más parece excusa a su verdadera intención, de no querer atarse a responsabilidades. Esta fue la tónica en su vida, de buenas palabras siempre incumplidas con distintos y con sus iguales como se verá, con su familia (hermano y cuñada), prole y negocios.

Estancado el pleito en el Eclesiástico a finales de enero de 1791 y con la Pragmática en contra, Ana Alonso pide lo único posible, la habitual compensación por estupro:

se ha de servir condenarle [...] en todas las costas y a que en defecto de aceder ahora mismo a casarse con ella [...] la pague mil ducados por los perxuicios y la difamación y combalencia y atrasos y perdida de jornales y ropas de la niña [...] compelerle sin emvargo de esta condenacion al cumplimiento preciso de los esponsales [...] con desprecio de su solicitud de libertad con fianza [...] del reconocimiento de los autos tiene vuestra merced confesión del estupro [...] la maldad de un picaron [...] (f. 9v-10v).

A finales del 18, el delito del estupro por engaño se salda con una dote que revalorice a la víctima para contraer matrimonio37. En marzo, Joaquín de la Hoz sale bajo fianza de los hermanos Francisco Javier y Roque Pieroni, respaldados por su madre viuda. En julio, el pleito quedó paralizado en el estado de pruebas, sin sentenciar. ¿Qué sucedió? Cuando se retome este pleito a la muerte de Joaquín de la Hoz en 1826, sus albaceas recriminarán a Catalina, a Joaquina y a su marido Escolástico:

la inacion de este mismo espediente convence de que habiendose pasado tanto tiempo sin hacer reclamacion alguna [...] en un mismo pueblo y viéndose todos los dias, o que tubo entre ellos alguna transacion y que convencio o que ella quiso renunciar y desbiarse de lo que solicitaba viéndose convencida de no poder lograr nada (f. 24v-25r).

¿Vínculos familiares rotos? Afectos e interés, motores de la reconstrucción familiar

El abogado de Catalina y Escolástico lo explicaría en el otoño de 1826: Joaquín «no omitio este diligencia alguna para hacer entender a la desgraciada victima de su seducción, que solo podría prometerse un feliz resultado si esperaba de su propia voluntad lo que intentaba conseguir por la interposicion de los tribunales» (f. 89).

Catalina esperó, pero no pasiva. En abril de 1792, Nicolasa Morales, viuda con comercio en la plaza mayor de Santander, se querella por injurias contra Agustina de Vargas, viuda con comercio próximo, y refiere al alcalde que: «la respondi [...] qe fuera mejor se dejase la comunicazon con Joaquin de la Hoz qn venia a la tienda, y qe los curas Parrochos le echaron de ella [...] consta a Vm qe ha pasado y esta pasando con dho Hoz y la referida acusada»38, y Agustina denuncia que Nicolasa fue la iniciadora, ultrajando «mi honor, fama y buena reputacion, profiriendo las palabras denigrativas de puerca, cochina, tramposa y escandalosa, o mujer liviana con escandalo» (f. 5r). Cuando el alcalde apercibe a ambas en juicio verbal y rechaza la querella, protesta Nicolasa descubriendo que en la «causa que sigue la misma viuda en este propio Tral contra Catalina de Fosa y Rosa de la Torre en donde es querellante la Agustina, y como a tal se la admitió la querella, dio informacon, y se siguió la prision de aquellas, y oi los autos de esta razon se hallan recividos a prueba» (f. 8v). Al año, nacerá la tercera hija de Rosa de la Torre, Nicolasa, cuya madrina será Nicolasa Morales. Cabe pensar que su querella buscaría contrapesar la de Agustina con aquellas; este episodio prueba lo mucho que arriesgó Rosa por su hermanastra Catalina, y Nicolasa. Catalina fue vencida en su lucha por Joaquín de la Hoz, o Agustina Vargas les venció, ata todo. Su escritura dotal de 15 de marzo de 1796 a su sobrina huérfana, Josefa de la Mesa, con palabra de matrimonio, precede al de ambas:

Que para celebrar los matrimonios que haviamos contratado Dª Agustina de Vargas mi tia [...] con D. Joaquin de la Hoz [...] y D. Antonio de la Hoz, su hermano conmigo, otorgo aquella [...] Escra publica [...] en la que se obligó a dotarme de trescientos ducados, además de otros muchos muebles y menage domestico, en concepto de solución o recompensa de las soldadas que havia devengado en el mucho tiempo que la havia estado sirviendo [...] ni D. Joaquin de la Hoz ni su conjunta trataron de cumplir [...] En vida de D. Joaquin viudo, renovo mi marido sus instancias [...] infructuosas [...] Bien es cierto que el respeto acia una persona que desde pequeña me havia criado y educado en su casa, y acia su marido, que participaba de las mismas consideraciones [...]39.

Ni pudo contraer matrimonio. En ausencia de Joaquín, Agustina parió a Andrés María Josef Tiburcio, bautizado el 14 de abril de 1796 como hijo natural, pero aportó el poder de su reconocimiento de 19 de enero ante el notario de la Audiencia episcopal. El párroco dejó así el hueco en la partida bautismal que Joaquín rellenó: «Veni, fijose mi matrimonio con Agustina de Bargas y reconoci por yjo legitimo de ambos a el presentado Andres de la Hoz y Bargas»40. Estos hechos inclinarían a Catalina a abandonar su lucha y a casarse. Lo hizo con el cuñado de su hermanastra Rosa, Fernando de Espada, tuvieron cuatro hijos entre 1797-1807 (Josef, Dominica, Facundo y María del Carmen)41. Padrino y testigo del bautismo de su hija, Joaquina de la Hoz, eran ahora su cuñado y suegro.

Joaquín de la Hoz vio morir a su hijo y a su esposa, de la que fue heredero universal. Antes, tras el fallecimiento de su madre en septiembre de 1799, le sucedió como varón primogénito en el mayorazgo de Castañedo42, constituido por casas, prados, viñas, tierras, huertas, ajuares y rentas. Tras enviudar tuvo otro hijo natural, que revela la reclamación de Juan de Oliver contra la testamentaría de Joaquín de la Hoz en julio de 1827 (en febrero, Joaquina había sido posesionada de sus bienes en Santander), sobre la obligación a que se comprometió Joaquín en 30 de diciembre de 1818:

Que mediante a qe en el año de mil ochocientos y tres hice donacion y cesion de una Bodega [...] en la calle de la puerta de la Sierra [...] cedi por contrato oneroso a Juan de Oliver, vno de esta ciudad, o en dote a su mujer Maria Solana por causa de haber tenido yo con esta un hijo que se llama Roque Andres de la Hoz (efecto de la humana debilidad) pa que los dichos Oliver y Solana puedan morar en ella [...] fenecidos estos pasase a dro mi hijo Andres, con facultad de poder venderla [...] disponer de ella absolutamte a su arbitrio [...] mediante a haber ocurrido oponerme a esto, hemos seguido pleito en este juzgado por el que se me obligo a llevar adelante el cumplimiento de esta donación [...] reitero esta ahora [...] en el interin, me constituyo por su inquilino tenedor y precario poseedor en legal forma, y asi mismo me obligo a no reclamar esta donación [...] y si lo hiciese [...] que se me condene [...] que hube a dicho mi hijo Andres con la expresada Maria Solana estando ambos solteros y sin impedimto civil ni canonico para contraer43.

María Solana era de Castañedo, donde Joaquín tenía su mayorazgo. Destaca la naturalidad del arreglo de los tres sobre su hijo natural para lo que firman el contrato, que Joaquín también incumple y es obligado por los tribunales. De esta suerte e igual que Joaquina, Roque cuenta con la declaración documentada de su padre natural. El resto son promesas incumplidas, como las que Joaquín hiciera a Catalina y a Ana, a su hermano, cuñada y en sus negocios, de ahí la larga lista de reclamantes contra su testamentaría. Sirva el comerciante bilbaíno Juan José de Acha al reclamar en 1829 su escritura de 1802, por la que el viudo Joaquín le abonaría los 14 894 r. que le adeudaba con su esposa, quejoso porque su «astucia (de que ha dexado buena memoria) le valio el tenerle entretenido por tantos años con ofertas y buenas palabras» (Pieza 21, f. 8v).

Peor fue el sino de quien acabó como su criada, Bernarda Gutiérrez. Viuda, siguió el pleito de su marido contra Joaquín por el desfalco de vino en su taberna en 1798, hasta que agobiada por los gastos y a cargo de su hija de tres años, convino en 1804 con Joaquín en liquidar el pleito con tal que «me ha de pagar [...] según sus disposiciones [...] ocho mil rrs de vellon» (Pieza 16, f. 3r). Incumplido, Bernarda cedió este poder a Tomás de Cos, en pago por adelantarle dinero para el litigio, alimentos y tenerla en su casa; se lamentará Tomás al reclamar a la testamentaría: «no quiso este satisfacerme qdo extrajudicialmete lo pretendi, prestestando no tener medios, y no tener necesidad la merecedora, como qe estaba en su casa» (ibid.).

Abandonó sus deberes de padre, pero ni a Joaquina ni a Roque les faltó el afecto de sus padres adoptivos. Cariñoso Fernando Espada al referirse a la legitimación de «Da Joaqna de la Hoz, mi hija, pr hija natural del mencionado Dn Joaqn de la Hoz» (f. 281r). Aunque Juan de Oliver muestre distancia, «de mi mujer Maria de Solana, de su hijo Andres de la Hoz» (Pieza 15, f. 12r), las partidas de bautismo de los hijos de este revelan que tuvo el oficio de su padre adoptivo, maestro de obra prima, cumplido por Oliver su deber de padre de velar por el futuro de Roque. Los hijos de este, nacidos entre 1830-1839, llevan también el apellido vínculo de parentesco con el padre natural: Manuel Antonio, Víctor Tomás, Juan Antonio y Juana de la Hoz Cervera44.

¿Cómo fue su relación con el padre natural? El yerno de Pieroni declara que «muchas veces oyo al D. Joaquin de la Hoz llamar hijo a Dn Andres de la Hoz, y este a el padre, en cuyo concepto vivian» (Pieza 15, f. 11v). Joaquina y Escolástico repetirán «mi padre» y «mi padre político» a lo largo del juicio. Cabe intuir más trato que afectos, otra estrategia para reconstruir su identidad.

Sorprende la normalidad de trato entre todos ellos. Con seis años Roque, Juan de Oliver prestó a Joaquín 3 900 reales en 1809, débito impagado todavía en 1825: «es mi voluntad que, presentando este en caso que falleciese sin haberle satisfecho, se le sufrague de mi caudal»45. También su cuñada, Josefa Mesa, reclamará a su testamentaría otra deuda de 1817-1818, cuando le entregó varias piezas de paños por 4 000-4 500 r. de su tienda en la plaza antigua. Lo atestigua Juan Oliver, que dice «haberlas visto en aquel entonces por su conocimto y confianza con una y otro» (Pieza 8, f. 9v), y Bernarda Gutiérrez, que se las llevó la esposa del rentero Castejón, «pr el precio en que los taso Dª Joaquina de la Hoz Foxa, mujer de Dn Escolastico Lopez, pa en parte de pago de rentas de la casa» (Pieza 8, f. 10v) donde vivía Joaquín.

Joaquina tuvo relación con su padre, incluso logra que apadrine a su hija. Fue en la catedral, el 5 de agosto de 1819, a las 48 horas de nacida Agustina Estéfana: abuelos «maternos, Joaquin de la Hoz y Catalina Fosa [...] los padrinos la tubieron en el acto del bautismo, don Joaquin de la Hoz, abuelo de la niña, y Doña Agustina Lopez, vecinos de esta ciudad» (f. 58v-59); lleva el nombre de su familia afectiva, de su madrina, su tía paterna. En 26 de septiembre de 1823, Escolástico pide compulsa de esta partida. ¿Quizá Joaquina desconfía de su padre natural y baraja su legitimación? Cierto que su abogado señala en el otoño de 1826: «el don Joaquin ha tratado a la Doña Joaquina, mi defendida, como a hija natural dándola mil pruebas de un amor verdaderamente paternal» (f. 91), y frecuentaron su casa. Escolástico detallará la falta de objetos en la casa mortuoria, tras la muerte del albacea y entregadas las llaves por la criada Bernarda, en 5 de julio de 1827:

notava faltar ocho cubiertos de plata de martillo con cifra de su suegro Dn Joaquin de la Hoz. Seis cuchillos mango de plata. Un azafate de plata con trinchante de Mob. Dos cucharones de plata, una salsera de plata y otro cubierto de plata con la marca P.D. como tambien un brasero con su caja y paleta de bronze, dos colchones, dos palanganas de estaño. Otro calderón. Una caldera grande. Dos velones. Una cafetera de cobre y un vaul lleno de ropa con otras cosas, protestando repetir su reintegro y devolución a la testamentaria cuando, como y contra quien hubiera lugar (f. 180v-181r).

No fueron los únicos que entraron. Antonia del Hoyo visitó a su cuñado enfermo antes de morir y rememora cuando su cuñada, Josefa Mesa, le recuerda el débito de los paños y que lo disponga de sus bienes para evitarle pleitos: «la confesó, pero que fuese a reclamarlo de Castejon, a que le repuso Dª Josefa de Mesa que ella nada tenia que ver con el tal Castejon, sino con dho Dn Joaqn a qn le habia hecho la entrega»46. Joaquín de la Hoz fallece el 8 de febrero de 1826 bajo su testamento de 31 de enero, que dispone se abra y protocolice a los nueve días de fallecer, el 17 de febrero de 1826. Así fue:

Declaro haver estado casado legítimamente con Doña Agustina de Bargas [...] de cuyo matrimonio no hubo subcesion alguna, y en consecuencia no reconozco subcesion alguna, hijos ni herederos algunos forzosos ascendientes ni descendientes, y lo pongo asi para que cause los efectos importantes. Atendiendo a los buenos y leales efectos servicios [...] hipoteco una casa [...] calle de los Remedios a fin de que recaudando dicha Bernarda [...] goze mensualmente desde el dia de mi fallecimiento en adelante ciento ochenta reales de vellon [...] asi como [...] lo que aparte pueda necesitar [...] en sus enfermedades y apuros extraordinarios [...] su entierro [...] una cama completa de ropa, diez savanas, un ajuar decente de casa [...] mando a dicha mi querida sobrina Doña Agustina de la Hoz la cantidad de quince mil reales de vellon, y del sobrante y remanente se haran dos partes, la una para la misma Doña Agustina y la otra para el significado su hermano y mi sobrino don Jose de la Hoz, a quienes en esta conformidad dejo y nombro por mis unicos y unibersales herederos [...] (f. 32v-36v).

La voluntad del hijo natural de legitimarse y su amparo por la Justicia

D. José de la Hoz se apresuró a aceptar la herencia de sus hijos y su sucesión en el vínculo del mayorazgo, que obtiene de la Junta de Ribamontán el 31 de mayo de 1826, y Bernarda, la casa de los Remedios. No Roque, sino Joaquina torció la voluntad de Joaquín de la Hoz de no judicializar su testamentaría. Lo justifica su abogado: pese a sus pruebas de amor «que les habia dispensado hacia muchos años [...] visto que contra sus esperanzas procuro pribar a la Doña Joaquina, su hija, hasta de este mismo concepto, sensibles a su propio honor no han podido menos de recurrir ante los tribunales» (f. 91v-92). El 9 de marzo de 1826, Escolástico López y Catalina Fosa reclaman al alcalde de Santander que envíe a la testamentaría las confesiones judiciales por las que Hoz reconoció a Joaquina como hija natural en 1790, y Catalina pide su indemnización por estupro. Los albaceas, perpetuo silencio: «causa que mas debía estar en el seno del olbido» (f. 22v.) tras 35 años. Según la décima Ley de Toro (1505), que amplía la legislación de Partidas, sin descendientes legítimos, el padre puede dejar al hijo natural como heredero universal con preterición de los ascendientes legítimos; el problema para los juristas es si el hijo natural con derecho a heredar, olvidado en el testamento de su padre, tiene la facultad del legítimo injustamente desheredado, de impugnar la decisión del padre47.

El alcalde mayor de Santander, abogado de los Reales Consejos, sentencia con los Autos de 17 de mayo de 1826, prohibiendo a los albaceas gestionar los bienes de Hoz, y de 4 de agosto, condenando a la testamentaría a pagar los daños por estupro a Catalina (600 ducados y costas) y declarando a Joaquina hija natural, reservándola todos los derechos y acciones sobre la testamentaría. A efectos, heredera universal. Los albaceas pleitean, hasta su muerte en el caso de Felipe Horna, con airados insultos contra el alcalde por desempolvar el pleito de estupro: que «se corrija ejemplarmente la conducta de un juez inexperto, poco inteligente o apasionado y parcial [...] ha contrariado la ultima voluntad de su testador» (f. 69v y 70v). Y contra la familia de Catalina, que suponen codiciosa y mal aconsejada, perpetra el «verdadero atentado contra la persona de don Joaquin de la Hoz y su vuena memoria» (f. 73v); niegan incluso el estupro:

Estas mugeres en vez de consideracion, merecen un deshonor perpetuo [...] Seis meses (segun dijo la abuela) tenia la criatura cuando se dio principio a la formación de la causa que con nuebe del embarazo componían quince [...] el estupro de que se quejaba era ya improbable, lo mismo que la identidad de la criatura [...] ni es ni puede ser hija natural del D. Joaquin. No lo es porque no esta reconocida, ni declarada tal (f. 74v-78 y 79v).

Falta de legitimarla que el abogado de Joaquina achaca con desprecio a los prejuicios del hijodalgo, que incumple sus deberes de padre en un contexto jurídico que apuesta por la Ley natural y la expresión del cariño a los hijos:

aunque estaba bien convencido de que era su hija la Doña Joaquina, a quien defiendo, jamas llego a legitimarla dándola la prueba mas apreciable del cariño que como padre debía profesarla. Esta especie de insensibilidad y de dureza, efecto sin duda de despreciabilisimas preocupaciones destituidas de todo fundamento, pues que al fin el don Joaquin era sino un miserable carpintero que rodaba de pueblo en pueblo para ganar su subsistencia [...] hijo de personas de igual clase, que disfrutaban del concepto de hijosdalgo por la casual circunstancia de haber nacido en la montaña [...] ademas de que aun en el caso, negado de que hubiese esa supuesta desigualdad de familias, que ha serbido de pretesto al don Joaquin para negarse al cumplimiento de una obligacion la mas sagrada, ¿quién ha dicho podría por esto eximirse su testamentaria de la responsabilidad que ligaba al don Joaquin en razon de los daños y perjuicios que resultaron de los hechos que el tiene terminantemente confesados? […] aun cuando el D. Joaquin hubiese nacido en una familia la mas ilustre, de ninguna manera podría eximirse de los deberes de padre respecto a la Doña Joaquina (f. 93v y 94v-95v).

Esta interpretación del abogado es la de los Tribunales inferior y superior de la Real Chancillería de Valladolid. Catalina y Escolástico vencen también a los albaceas en el Tribunal superior que, por Real Auto definitivo de 15 de noviembre, confirmó el de 4 de agosto de 1826 del alcalde de Santander. Fracasan las apelaciones de Bernarda, que clama por su legado, y de los albaceas, por el atropello a Joaquín de la Hoz que «abrió su corazón para con Dios y para los hombres, y declaró de el modo mas solemne su ultima voluntad. Depositarios de ella, encargados de cumplirla» (f. 105r). El alto Tribunal confirma dicho Auto en revista de 21 de diciembre de 1826 y ordena al alcalde de Santander «todo rigor de derecho hasta que la parte de dichas Doña Catalina y Doña Joaquina se hallen enteramente satisfechas de dichas cantidades y de las costas [...] todo lo que cumpliréis asi sin la menor retardación» (f. 116v). El inferior y el superior coinciden en su interpretación: esta Real Carta Provisión Ejecutoria anula el testamento de Joaquín de la Hoz que, sin descendientes legítimos, legitima a Joaquina como hija natural y más próxima a heredar, antes que transversales o instituidos. Por ello, Escolástico pide que ponga a su mujer en posesión de todos los bienes, que el alcalde de Santander ordena por Auto de 3 de febrero de 1827. A diferencia de Roque, Joaquina lleva su demanda de legitimación también al Tribunal Eclesiástico:

Por Providencia del Il Provisor de este Obispado, fha 8 de mzo de 1831 se manda notar en este margen que se ha hecho constar legalmte que Joaquina Nepomucena contenida en esta partida es hija natural de Joaqn de la Hoz y Catalina de Fosa, segn en ella se refiere. Para que conste lo firmo como Prevdo cura párroco de esta Sta Iga a 15 de Mzo de 1831. Don Oruña48.

Hasta 1836, se enmaraña el voluminoso pleito subdividido en innumerables piezas de acreedores y otros pleitos separados, unidos por el incesante litigio de Joaquina y Escolástico con los albaceas y herederos instituidos, que obligaron al inferior y superior a emitir innumerables autos y cartas ejecutorias sin romper su concordancia. La Real Chancillería confirmó por Real Auto de 24 de octubre de 1829 el del alcalde de Santander de 3 de febrero de 1827, ordenando la posesión a Joaquina de todos los bienes libres de su padre natural en las jurisdicciones de Santander y Junta de Ribamontán, salvo los vinculados en Castañedo, que por Auto del alcalde de Santander de 3 de julio de 1829 pasarían al sobrino, José de la Hoz Hoyo como sucesor de su padre, y confirma la Chancillería por Real Sentencia de 6 de julio de 1833. Como el inferior, interpreta que debe cumplirse con la Fundación del vínculo de 1691, exigente de sucesión de matrimonio legítimo (del varón primogénito, y en su defecto primogénita), que incumple Joaquina y cumple José de la Hoz Hoyo, y contundente esta vez con «Dn Escolastico Lopez, como marido de Da Joaquina de la Hoz, a quien imponemos perpetuo silencio para que sobre lo en ella contenido no pidan ni demanden cosa alguna ahora ni en otro tiempo, ni por alguna manera»49.

Según los contadores, las deudas doblan al caudal de la herencia. Viuda, Catalina está casi pagada en enero de 1833, Bernarda solo recibe 1 330 reales y muere reclamando en noviembre de 1835. Escolástico se lamenta: «esta herencia se ha ebaporado como el humo, y ha sido entregada al concurso en todo cuanto habíamos sido posesionados» (leg.1, f. 62v); perciben las rentas cobradas y bienes muebles que enajenan del caudal, sin que prosperen sus pleitos contra las cuentas de los escribanos en 1836.

Conclusiones finales

Los casos estudiados prueban que la ilegitimidad no siempre rompe la relación entre hijos y padres naturales, normalizada pese a no convivir. Ni todos los hijos naturales tuvieron las mismas estrategias de reconstrucción de sus vínculos parentales. Ni todos pretendieron su legitimación en los tribunales civiles y eclesiásticos ni tampoco sus madres, sí el apellido del padre natural, al que irrenunciablemente se aferran las madres engañadas y sus hijos para reconstruir su identidad, a pesar de tener padres adoptivos y un hogar.

Entre la primera codificación fallida (1821) y la vuelta a la tradición (1826-1836), de la coincidencia de abogados defensores, tribunales inferior y superior cabría colegir una doctrina jurídica sensible a reconocer los derechos de los hijos naturales según el Proyecto liberal de 1821. Si los abogados resaltan el deber del padre natural con su prole ilegítima, ambos tribunales legitiman al hijo natural reconocido por su padre en documento público, y extienden a su favor, a falta de descendientes legítimos, la facultad del hijo legítimo injustamente desheredado, de impugnar la decisión testamentaria de su padre. Puestos en valor el cariño hacia los hijos y el derecho natural, en un contexto de abundancia de hijos naturales, favorecerían ese apoyo que la posterior codificación liberal recortará en su afán de disciplinar las transgresiones sexuales en la familia.

  • 1 Por razones de legibilidad y adecuación a todos los públicos, la edotorial ha optado por escribir los números superiores a 10 en números arábigos, incluidos los siglos.
  • 2Kluger Viviana, «Entre las sombras y la luz. Los hijos ilegítimos en las tesis doctorales de la Universidad de Buenos Aires (1871-1888)», Revista de Historia del Derecho, 51, 2016, p. 73-104, la cita en p. 100-101.
  • 3Ibid., p. 86.
  • 4Ibid., p. 87.
  • 5Serna Vallejo Margarita, «La codificación civil española y las fuentes del derecho», Anuario de Historia del Derecho Español, LXXXII, 2012, p. 16 y 19.
  • 6Petit Carlos, Un código civil perfecto y bien calculado. El proyecto de 1821 en la historia de la codificación, Madrid, Dykinson, 2020, p. 356.
  • 7Ibid., p. 357-358.
  • 8 Desde los pioneros estudios de Egido Teófanes, «La Cofradía de San José y los niños expósitos de Valladolid (1540-1757)», Revista de Estudios Josefinos, 53-54, 1973, p. 77-100, y Palomares Ibáñez Jesús María, La asistencia social en Valladolid. El hospicio de pobres y la Real Casa de Misericordia (1724-1847), Valladolid, Diputación, 1975, a los últimos, entre otros y referidos a la Monarquía Hispánica, Twinam Ann, Vidas públicas, secretos privados: género, honor, sexualidad e ilegitimidad en la Hispanoamérica Colonial, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2009. Luque Greco Luciana, «Mestizaje e ilegitimidad en los nacimientos de la población de color del Buenos Aires colonial, 1750-1800», Revista Dos Puntas, X/18, 2018, p. 129, cifra la ilegitimidad en el 40%. En Córdoba, el 50% según Celton Dora, La población de la provincia de Córdoba a fines del siglo XVIII, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1993, p. 40. Desde esas fechas también se dispara en Galicia, más crece el abandono desde la apertura de inclusas y la Real Cédula de Carlos IV según Rey Castelao Ofelia, «Niños y adolescentes urbanos en Galicia: marginación y vías de inserción en la segunda mitad del siglo XVIII», en Lobo De Araújo María Marta y Pérez Álvarez María José (eds.), Do silêncio à ribalta: os resgatados dasa margens da História (séculos XVI-XX), Braga, Universidade do Minho, p. 10-12. También en Granada y Cádiz según León Vegas Milagros, «Un estudio de caso sobre abandono infantil en la Andalucía Moderna: los expósitos de la inclusa antequerana», Revista de Demografía Histórica, XXXIII/1, 2015, p. 112-113 y 123-124.
  • 9 Entre los últimos trabajos, FuenteGalán María del Prado de la, «Ilegitimidad y abandono en la Granada del siglo XVIII: un establecimiento para partos de expósitos ilegítimos», Chronica Nova, 27, 2000, p. 16. Moreno José Luis, «El delgado hilo de la vida: los niños expósitos de Buenos Aires, 1779-1823», Revista de Indias, LX/220, 2000, p. 663-685. Cowen Miguel Pablo, «Infancia, abandono y padres en el siglo XIX porteño», Anuario del Instituto de Historia Argentina, 4, 2004, p. 85. Rey Castelao Ofelia, «El apadrinamiento de los expósitos de la Inclusa de A Coruña, siglos XVIII-XIX», en Torres Sánchez Rafael (ed.), Studium, Magisterium et Amicitia. Homenajeal Profesor Agustín González Enciso, Pamplona, Ediciones Eunate, 2018, p. 489. León Vegas Milagros, «Un estudio…», art. cit., p. 115. Rey Castelao Ofelia y Castro Redondo Rubén, «Ilegítimos y expósitos en A Coruña, 1793-1900: apadrinamiento y onomástica», en Lobo De Araújo María Marta y Martín García Alfredo (eds.), Os marginais (séculos XVI-XIX), Ribeirão, Humus, 2018, p. 11-33.
  • 10Cowen Miguel Pablo, «Infancia…», art. cit., p. 78-79. Ghirardi Mónica, «Reclamados, embargados, cobrados, cedidos. La infancia como ¿valor de uso? en Córdoba, Argentina, siglos XVII-XIX», en Ghirardi Mónica (coord.), Familias iberoamericanas ayer y hoy. Una miradainterdisciplinaria, Córdoba,ALAP, 2008, p. 251-283.
  • 11Betancur Arturo Ariel, La familia en el Río de la Plata a fines del período hispánico. Historias de la sociedad montevideana, Montevideo, Planeta, 2011, p. 341. Fuentes Barragán Antonio, «Doña Petrona de Muga y Peralta: un silencioso ejemplo de ascenso social en el Buenos Aires Colonial», en Carbajal López David (coord.), Familias pluriétnicas y mestizaje en la Nueva España y elRío de la Plata, Guadalajara, Universidad, 2014, p. 340-365.
  • 12Cowen Miguel Pablo, «Infancia…», art. cit., p. 84 y 98.
  • 13Vassallo Jaqueline, «Cuando la maternidad es condenada: el control de los roles asignados por el orden patriarcal en la Justicia de Córdoba a fines del siglo XVIII», Revista Dos Puntas, VIII/14, 2016, p. 79-100.
  • 14Cowen Miguel Pablo, «Infancia…», art. cit., p. 86-88.
  • 15 Véase el estado de la cuestión de Fuente Galán María del Prado de la, «Ilegitimidad…», art. cit., p. 12-14.
  • 16González López Tamara, «Infancia y padrinazgo: legítimos, naturales y expósitos en la Diócesis de Lugo en el Antiguo Régimen», Revista de Demografía Histórica, XXXVIII/I, 2020, p. 61.
  • 17León Vegas Milagros, «Un estudio…», art. cit., p. 114.
  • 18Garrido Arce Estrella, «Hijos sin padres. La ilegitimidad en la huerta valenciana durante el siglo XVIII», Saitabi, 44, 1994, p. 145.
  • 19Ibid., p. 149. Sobrado Correa Hortensio, Las tierras de Lugo en la Edad Moderna: economía campesina, familia y herencia, 1550-1860, A Coruña, Fundación Pedro Barrié de la Maza, 2001, p. 147.
  • 20Fuentes Barragán Antonio, «Quebrantos de la moral conyugal: amistades ilícitas en el Buenos Aires tardocolonial», Naveg@mérica, 15, 2015, p. 9. Véase: http://revistas.um.es/navegamerica.Hanicot Bourdier Sylvie, «Ensayo sobre la religiosidad de una comunidad vasca en los siglos XVIII y XIX», Procesos Históricos. Revista de Historia y Ciencias Sociales, 10 , 2006,p. 31. Fernández Valencia Antonia, «Deseo y honra de las mujeres en la España Moderna. Ficción y reclamaciones del amor burlado», en Espigado Tocino M. Gloria et al. (eds.), Mujer y deseo: representaciones y prácticas de vida, Cádiz, Universidad de Cádiz, 2004, p. 485-499. Candau Chacón María Luisa, «Honras perdidas por conflictos de amor. El incumplimiento de las palabras de matrimonio en la Sevilla moderna: un estudio cualitativo», Fundación, 7, 2004-2005, p. 179-192. Costa Marie, «La problemática de las promesas de matrimonio en Barcelona: 1776-1833», Pedralbes, 28, 2008, p. 553-584. Macías Domínguez Alonso Manuel, El matrimonio, espacio de conflictos: incumplimiento de palabra, divorcio y nulidad en la archidiócesis hispalense durante el siglo XVIII, Huelva, Universidad de Huelva, 2014. Pérez Manzano Eva, Seducción y género en la Sevilla Barroca. Historias de amores públicos, peticiones de honra y buena vecindad, Sevilla, Triskel, 2015. Ruiz Sastre Marta, El abandono de la palabra. Promesas incumplidas y ruptura de noviazgo en el Arzobispado sevillano durante el siglo XVIII, Madrid, FEHM, 2018.
  • 21 Se dobla según Socolow Susan, «Cónyuges aceptables: la elección de consorte en la Argentina Colonial, 1778-1810», en Lavrin Asunción (coord.), Sexualidad y matrimonio en la América hispánica, siglos XVI-XVIII, México, Grijalbo, 1991, p. 229-270.
  • 22Pérez Álvarez María José, «Amores, engaños e intereses familiares en el León del siglo XVIII: los pleitos por palabra de matrimonio», en Torremocha Hernández Margarita (ed.), Mujeres, sociedad y conflicto (siglos XVII-XIX), Valladolid, Castilla Ediciones, p. 260.
  • 23Garrido Arce Estrella, «Hijos…», art. cit., p. 150. Marín Tello María Isabel, «Justicia y familia: la repercusión de la pragmática de matrimonios de 1776 en las familias vallisoletanas», en Cruz Barney Óscar y Soberanes Fernández José Luis (coords.), Historia del Derecho, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2016, p. 127-151.
  • 24Fuentes Barragán Antonio, «Quebrantos…», p. 10.
  • 25Sobrado Correa Hortensio, Las tierras de Lugo…, op. cit., p. 147. Moreno José Luis, Historia de la familia en el Río de la Plata, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2004, p. 15.
  • 26Fuentes Barragán Antonio, «Niños errantes. La movilidad infantil a través de los pleitos judiciales. Buenos Aires siglo XVIII», Procesos Históricos, 28, 2015, p. 93.
  • 27 Disponible en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:66QK-SLFF; https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:66QF-2QKQ.
  • 28 Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (ARCHV), Salas de lo Criminal, Caja 371.1, leg.2, f.16v.
  • 29Fuentes Barragán Antonio, «Niños…», art. cit., p. 95. León Vegas Milagros, «Un estudio…», art. cit., p. 127.
  • 30González López Tamara, «Infancia y padrinazgo…», art. cit., p. 62. Rey Castelao Ofelia y Barreiro Mallón Baudilio, «Apadrinar a un pobre en la diócesis de Santiago de Compostela, siglos XVII-XIX», en Pérez Álvarez María José y Lobo De Araújo Marta María (eds.), La respuesta social a la pobreza en la Península Ibérica durante la Edad Moderna, León, Universidad de León, 2014, p. 217. Hanicot Bourdier Sylvie, «Ensayo sobre la religiosidad…», art. cit., p. 29.
  • 31González López Tamara, «Infancia y padrinazgo…», art. cit., p. 60 y 67-68. Hanicot Bourdier Sylvie, «Ensayo sobre la religiosidad…», art. cit., p. 29.
  • 32Luque Greco Luciana, «El derecho de nacer. Estudio sociodemográfico de la ciudad de Buenos Aires a finales del período colonial, 1769-1782», Naveg@mérica, 14, 2015, p. 25. Véase: http://revistas.um.es/navegamerica.Hanicot Bourdier Sylvie, «Ensayo sobre la religiosidad…», art. cit., p. 28.
  • 33 Disponible en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:66Q2-4VWC; Joaquina de la Hoz Fosa: https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:66QY-Y9XG.
  • 34 ARCHV, Salas de lo Criminal, Caja 371.1, leg.2, f.12-14r.
  • 35Pérez Álvarez María José, «Amores, engaños…», art. cit., p. 238.
  • 36Ibid., p. 260.
  • 37Baró Pazos Juan, «El derecho penal español en el vacío entre códigos (1822-1848), Anuario de Historia del Derecho Español, LXXXIII, 2013, p. 115. Martínez Llorente Félix, «Una notación histórica sobre el delito de estupro hasta la codificación final», en Torremocha Hernández Margarita y Corada Alonso Alberto (coords.), El Estupro. Delito, mujer y sociedad en el Antiguo Régimen, Valladolid, Universidad, 2018, p. 35-37. Esta obra contiene diferentes lecturas sobre las circunstancias de este delito.
  • 38 ARCHV, Salas de lo Criminal, Caja 1728.5, f.1r.
  • 39 ARCHV, Salas de lo Criminal, Caja 371.2, Pieza 8, f.3r-v.
  • 40 Disponible en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:667S-19P7.
  • 41 Disponible en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:6673-FRK3; https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:667S-R4XL; https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:667S-X393; https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:6673-DB5V.
  • 42 ARCHV, Pleitos Civiles Pérez Alonso (OLV), Caja 1205.1, leg.2, f.248r.
  • 43 ARCHV, Salas de lo Criminal, Caja 371.2, Pieza 15, f.1r-v.
  • 44 Disponible en, respectivamente: https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:667G-Z23Z; https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:667P-S62K; https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:667P-FY2P; https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:667P-1GN9.
  • 45 ARCHV, Salas de lo Criminal, Caja 371.2, Pieza 7, f.1.
  • 46Ibid., Pieza 8, f.11v-12r.
  • 47Bermejo Castrillo Manuel Ángel, Entre ordenamientos y códigos. Legislación y doctrina sobre la familia a partir de las Leyes de Toro de 1505, Madrid, Dykinson, 2009, p. 72-73.
  • 48 Disponible en: https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:66QY-Y9XG.
  • 49 ARCHV, Pleitos Civiles Pérez Alonso (OLV), Caja 1205.1, leg.6, f.21v.