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Tapa de La Infancia desarraigada en tierras hispanohablantes (Marie-Élisa Franceschini-Toussaint i Sylvie Hanicot-Bourdier, dirs, 2024) Show/hide cover

Amparo y estigmatización social de la niñez desamparada en la Vizcaya tradicional

Trabajo elaborado dentro de las actividades patrocinadas por el Proyecto PID2020-117235GB-I00 «Mujeres, familia y sociedad. La construcción de la historia social desde la cultura jurídica. SS. XVI-XX».

La voluntad filantrópica de socorrer a los más desfavorecidos y la necesidad de estimular la acción pública en la esfera de la beneficencia constituyen una de las principales temáticas del discurso ilustrado. De ahí que, en el siglo 181, la horrorosa mortalidad de los expósitos2 acarree la indignación de los ideólogos franceses quienes, particularmente sensibles a la educación, denuncian la masacre de inocentes. Aludiendo a motivaciones humanitarias, religiosas, pero también económicas, exigen una intervención estatal con el fin de mejorar la asistencia a la infancia abandonada3.

En la Península ibérica, desde 1700, el ilustrado Fray Tomás de Montalvo le dedica más de 700 páginas a la insostenible situación de los expósitos del reino4. No obstante, hay que esperar el final del siglo 18 para que este asunto se convierta en una de las mayores preocupaciones de los intelectuales españoles. El más conocido, Antonio de Bilbao, denuncia en 1789 la escasez de recursos y falta de instituciones de acogida, delatando la muerte de miles de recién nacidos que la Monarquía española mantiene en un intolerable estado de abandono y sufrimiento5. Unos años más tarde, en 1794, Santiago García vuelve a exigir un mayor esfuerzo financiero público, así como la apertura de nuevos asilos6. Posteriormente, Pedro Joachin de Murcia, en 17987, y Joaquín Xavier de Úriz, en 18018, reanudan el mismo combate. El primero evoca la aniquilación de miles de párvulos que, careciendo de atención y cuidados adecuados, sucumben por todo el reino9. En cuanto a Joaquín Xavier de Úriz, Obispo de Pamplona, alude a un sin fin de recién nacidos, «hijo[s] de Dios»10 y «retratos vivos del redentor»11, que fallecen por falta de asistencia, lo que ofende la religión cristiana y la humanidad, dificultando la prosperidad del reino12. Indicio de que las mentalidades tardan en evolucionar, en 1805, Alberto de Megino vuelve a evocar el estado de deterioro de las inclusas españolas, valorando en 21 000 la cantidad de niños que fallecen cada año en esas casas de tortura13.

Es en este ambiente de primera toma de conciencia ilustrada cuando se fundan, a finales del siglo 18 y principios del siglo siguiente, las primeras casas de expósitos de Vizcaya, una provincia vasca situada en el litoral norte de la Península ibérica que hasta entonces se caracterizaba por una baja tasa de abandono.

Conservados en el Archivo Foral de Bizkaia, los fondos de las primeras inclusas, el llamado fondo «expósitos de Bizkaia»14, permiten estudiar la incidencia del discurso ilustrado sobre el discurso y las acciones de las autoridades vizcaínas a favor de la infancia abandonada, en un momento clave cuando el poder político y las élites empiezan a concederle mayor atención a esa lacra social que constituye el abandono infantil15. En esta perspectiva, nuestra investigación se centrará en las condiciones de acogida y lactancia de los huérfanos vizcaínos desde 1798 hasta 1840.

Una laboriosa asistencia.

En tierra vasca, no existe ninguna institución encargada del cuidado de los expósitos hasta finales del siglo 18. En el periodo medieval, es obligación de los señores criarlos, de allí que estos párvulos tengan unas dramáticas perspectivas vitales, aproximándose en los primeros días el índice de mortalidad al 100 %. A partir del siglo 15, le incumbe al Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza hacerse cargo de la orfandad vizcaína. Creado en 1425 por Alfonso V, este nuevo establecimiento aragonés acoge a los huérfanos originarios de gran parte del País Vasco pero también de Aragón, Navarra, La Rioja y Cataluña. Abarcando un territorio de más de 70 000 km2, a partir del siglo 17, Nuestra Señora de Gracia admite anualmente entre 400 et 600 pupilos16, creciendo esta media a 875 niños entre 1781 y 178717. Expuestos recién nacidos, los pequeños vizcaínos con dirección a Zaragoza recorren más de 300 kilómetros en condiciones infrahumanas, en alforjas o cestos, a espaldas de hombre o lomo de burro. La gran mayoría, víctima de las inclemencias del tiempo, desnutrida y maltratada, no resiste al agotador viaje, expirando de camino antes de acabar el periplo. Según la propia dirección de Nuestra Señora de Gracia, de los 394 párvulos conducidos hasta Aragón entre enero y septiembre de 1792, sólo sobrevivieron 92, lo que corresponde a una tasa de mortalidad superior a un 76 %18. De hecho, para denunciar el menosprecio sufrido por la infancia abandonada a finales del siglo 18, el ilustrado don Pedro Joachin de Murcia retomaen su Discurso político sobre la importancia y necesidad de los hospicios, Casas de expósitos y hospitales de 1798, el testimonio de la dirección de la Inclusa aragonesa, declarando que:

[los expósitos,] de las Provincias de Guipúzcoa y Vizcaya los acostumbran a enviar en qualquier estación, y tiempo del año, sin preceder ningún aviso, embanastadas quatro, o seis criaturas en una caballería, como si fueran lechoncitos, con sola una mujer por carga, que los alimente: y de esta manera ha habido ocasiones, en que […] han llegado quatro, o cinco cargas de chiquillos […]. Llegan pues estos infelices, […] después de haber rodeado muchas leguas más […], después de haber catado mil leches diferentes, vino, y agua; después de haber sufrido las intemperies del clima, la humedad de la noche, el ardor del Sol, la porquería de sus excrementos […], muy mal cuidados por el camino, y en los temporales más rigurosos de calores, y fríos, o llegan muertos, o con muy corta esperanza de vida, […] moribundos19.

En Vizcaya, para acabar con esa dramática aniquilación, se abre en 1794 una segunda inclusa en Calahorra, en la provincia de La Rioja, jurisdicción católica que rige Vizcaya y gran parte del País Vasco20. Destinada a la única y exclusiva atención a la infancia abandonada, esta nueva cuna, la Casa de Expósitos de Calahorra, representa un claro avance. No obstante, ubicada en la provincia de La Rioja, no permite disminuir la mortandad relacionada con el transporte de los recién nacidos. Alertado por las autoridades diocesanas, el Rey Carlos IV ordena, mediante la Real Cédula del 11 de diciembre de 1796, que sólo se trasladen a Calahorra los huérfanos mayores de tres años. En adelante, será responsabilidad de las autoridades eclesiásticas locales encontrar nodrizas que lacten a los más pequeños cerca del lugar de abandono21. Pero escasos meses después de su creación, la nueva inclusa de Calahorra no consigue hacer frente al rapidísimo aumento del abandono de menores22, razón por la que se abren dos sucursales en Mondragón y Bilbao en 179823, habiéndose creado una tercera en Vitoria (provincia de Álava) en 1796. Consecuencia de esta nueva organización, a partir de 1798, las autoridades eclesiásticas de cada una de las tres provincias vascas españolas tienen obligación de hacerse cargo del cuidado de los expósitos de su jurisdicción24. En este nuevo contexto de asistencia, le corresponde a la Casa de la Misericordia de Bilbao cuidar de los recién nacidos abandonados en territorio vizcaíno. Pero esta tercera institución tampoco resuelve por completo el problema del transporte, mandándose, una vez cumplidos los seis años, los huérfanos vizcaínos a la casa matriz de Calahorra. Ahora bien, las condiciones de viaje entre Vizcaya y Calahorra siguen siendo, a finales del siglo 18, demasiado arduas para la mayoría de los huérfanos25, de allí que los médicos de Calahorra justifiquen la elevada mortalidad de los niños vizcaínos con estas palabras: «v[ienen] casi todos dañados [por el viaje]»26.

Solo es a principios del siglo 19, más precisamente en 1806, cuando, para evitar definitivamente cualquier traslado hacia La Rioja, la Diputación de Vizcaya le propone a la Diócesis de Calahorra fundar en Bilbao, la capital vizcaína, un nuevo refugio dedicado a la orfandad provincial hasta su completa autonomía. Fruto del reciente interés ilustrado por la niñez abandonada, esta nueva inclusa, la Casa de Expósitos de Vizcaya,se dedica exclusivamente a la asistencia de los niños abandonados. Totalmente autónoma e independiente, ya no depende de las autoridades religiosas, sino que pasa bajo el control provincial de la Diputación de Vizcaya27.

Según un informe28 redactado tan solo siete años después de la apertura de la Casa de Expósitos de Vizcaya, en junio de 1814, los expósitos vizcaínos gozan ya de condiciones de acogida y lactancia óptimas. En plena ocupación napoleónica, al tener que evocar detalladamente las modalidades de atención a los expósitosvizcaínos, la nueva inclusa aclara que estos huérfanos quedan, desde agosto de 1806, bajo protección de «El País», es decir bajo protección de las autoridades civiles provinciales. Puesto que no se trata de un establecimiento para estancias de larga duración, sino de un establecimiento de paso y colocación, una Junta de expósitos se encarga de encontrar para cada uno de los expósitos un hogar acogedor en el campo vizcaíno. Al respecto, es de señalar que las autoridades vizcaínas adhieren a las ideas de las élites ilustradas que, mirando la insalubridad y contaminación de las urbes, siempre optan a favor de una colocación de los niños en el campo29. Mencionemos a modo de ejemplo, al autor del Émile, Jean-Jacques Rousseau, quien opina que solo las zonas agrarias permiten una educación de calidad, siendo las ciudades«le gouffre de l’espèce humaine», o sea el abismo de la especie humana30. Para los ilustrados, también es central la cuestión de la lactancia, considerando que las nodrizas, al dar de mamar a los niños, no solo les comunican sus características físicas, sino también morales31. En esta misma línea, los responsables de la infancia abandonada vizcaína afirman preocuparse en extremo por la alimentación de los expósitos que amparan, proporcionándoles leche fresca que maman del pecho de las nodrizas, puesto que, según ellos, es el sistema más apropiado para su felicidad. En el informe de 1814, leemos:

si la criatura es recién nacida, se la halla leche fresca y, a proporción de la hedad la que le corresponda, antes de que se entregue el expósito a la ama, la reconoce el pecho el cirujano del establecimiento y este sistema es más apropósito para la existencia feliz de los niños32.

En esta lógica de bienestar, se pagarían a las lactantes con regularidad y sin fallo alguno33. Esenciales para la «felicidad física y moral» de los recién nacidos, las nodrizas de los expósitos vizcaínos quedarían sometidas a un drástico proceso de selección. Con el objetivo de no perjudicar la buena salud de los niños, las futuras nodrizas vizcaínas deben sistemáticamente pasar una revisión médica, demostrando una limpieza y un cuidado impecables puesto que el vice ecónomo de expósitos declara «tener el debido cuidado sobre el aseo y cuidado de sus amas». Una moralidad irreprochable también formaría parte de las exigencias de la dirección del nuevo orfanato provincial34. Para terminar, con el fin de evitar los malos tratos, un sistema de control permitiría despedir a las descuidadas nodrizas y colocar a los desdichados huérfanos en hogares más acogedores35. Al fin y al cabo, confiando en el informe de la dirección de la Inclusa de Bilbao, las condiciones de acogida y lactancia de la niñez abandonada vizcaína, conformes al discurso ilustrado, ya serían óptimas en 1814. No obstante, leyendo los fondos archivísticos de esta institución, este optimismo oficial choca rápidamente con una realidad de extrema dureza.

Unas instituciones al borde de la bancarrota.

Señalemos primero que, hasta finales del siglo 18, ningún documento permite valorar la cantidad exacta de niños abandonados en territorio vizcaíno. No existiendo casa de acogida, no hay registro de entrada y salida de huérfanos, y por consiguiente ninguna estadística oficial. Sin embargo, los libros parroquiales, que registran los bautismos de los expósitos hallados en cada parroquia, permiten suplir en parte esta carencia de datos. Pero tampoco olvidemos que los recién nacidos no deseados suelen nacer en secreto, sufriendo difíciles condiciones de alumbramiento y rápido abandono callejero, por lo que muchos de ellos fallecen a domicilio o por la calle sin recibir ningún sacramento. Pese a esta reserva, los fondos eclesiásticos parecen demostrar que el rechazo de los recién nacidos no era una realidad social frecuente en la Vizcaya tradicional. A modo de ejemplo, en Portugalete, una de las villas más importantes del Gran Bilbao, ninguno de los 1 331 niños bautizados entre 1672 y 1700 sufre un abandono. En el siguiente siglo, sólo se registran dos exposiciones de los 3 493 bautismos apuntados en esta parroquia, lo que corresponde a una tasa del 0,06 %36. Ciertas características de la familia tradicional vizcaína, un sistema de organización social fundado sobre la existencia de familias troncales, facilitaría la integración de los descendientes ilegítimos37.

Pero, a partir de 1798, los registros de la Casa de Misericordia de Bilbao y de la Casa de Expósitos de Vizcaya testimonian de un crecimiento espectacular de la exposición infantil. Marginal hasta finales del siglo 18, el abandono callejero de recién nacidos acaba siendo una práctica habitual por los años 1830: en tan solo 42 años, la media anual pasa de 7,3 a 163,2 casos, multiplicándose por más de 22 entre 1798-1800 y 1836-184038. Varios factores concomitantes generaron esta rápida progresión. Mencionemos primero el probable subregistro de la orfandad vizcaína a finales del siglo 1839. También es de señalar el importante aumento poblacional que experimenta Vizcaya a partir de principios del siglo 19, registrando los pueblos más dinámicos una tasa de crecimiento anual superior al 2,5 % entre 1800 y 182440. No obstante, estas dos explicaciones son claramente insuficientes puesto que, nada más empezar el siglo 18, el volumen de expósitos casi se multiplica por dos, pasando de una media anual de 7,3 a 13,2 casos entre 1798-1800 y 1801-1805 (+ 78,7 %). Este último periodo coincide con una coyuntura económica catastrófica durante la que la pérdida de cosechas y la subsiguiente hambre estimularon a que las familias más miserables se deshicieran con mayor facilidad de los recién nacidos41. La nueva legislación real de finales del siglo 18, prohibiendo detener o interrogar a cualquier individuo que declare querer entregar un niño a un párroco o una inclusa, también estimuló un problema social que pretendía solucionar. El real decreto del 11 de diciembre de 1796 contribuyó de hecho a la banalización de la exposición infantil garantizando la indulgencia de la justicia a cualquier persona que, después de depositar a un recién nacido por la calle, informara rápidamente a las autoridades eclesiásticas del lugar de abandono42. En Vizcaya, los efectos incentivadores de estas nuevas leyes se combinan, a partir de 1798, con la abertura de la Casa de Misericordia de Bilbao, primera institución de acogida de la infancia abandonada43.

Esta evolución y la subsiguiente «banalización» del abandono de menores inciden forzosa y dramáticamente en las finanzas y condiciones de acogida de la inclusa vizcaína. Desde su fundación, la Casa de Expósitos de Vizcaya registra una deuda de 159 589 reales44. Al pasar bajo tutela provincial, deja de subvencionarla la Diócesis de Calahorra, perdiendo así la cuna vizcaína una importante fuente de ingresos45. Razón por la que, escasas semanas después de asumir sus funciones, la dirección de la inclusa les suplica a los Obispos de Santander y Calahorra –autoridades eclesiásticas de tutela de Vizcaya– a que tomen bajo protección suya un establecimiento al borde de la bancarrota46. Durante la guerra de independencia contra las tropas de ocupación francesas, las deudas del orfanato vizcaíno llegan a alcanzar los 226 000 reales en 1812, sobrepasando los 243 800 reales en 1814. En octubre de este último año, sus administradores se alarman del reciente y continuo aumento de niños abandonados, declarando que, por falta de fondos, los 460 párvulos que tienen a cargo suyo no son sino «víctimas de una extrema indigencia»47. Totalmente «aniquilados», los ingresos provinciales ya ni siquiera permiten en 1816 atender las necesidades básicas de los expósitos.

Para salir de apuros, la Casa de Expósitos de Vizcaya se ve obligada a apelar a la generosidad pública. Escasos meses después de pasar bajo autoridad civil, en octubre de 1807, ruega a todos los vicarios y curas de la provincia que recuerden, todos los días festivos, a los parroquianos la necesidad de contribuir a la financiación del establecimiento. Para alentar la caridad pública, les propone recordar las crecientes cargas del orfanato o «cualquier razón que juzguen adecuada»48. En noviembre de 1824, se reitera la misma situación pidiendo la Diputación que las autoridades eclesiásticas vizcaínas «ha[gan] conocer a sus feligreses el vivo interés que toma en favor de los expósitos de su territorio»49. Unos años antes, socavada por insuperables dificultades financieras, la dirección de la casa-cuna amenaza con denunciar a las autoridades civiles a los religiosos que no participan «a tan piadoso fin [...] y que, olvidando [...] que son Padres de sus feligreses, y directores de los más íntimos sentimientos, dexan amortiguar el fuego sagrado de la caridad, que tanto [les] recomienda el Evangelio»50. Con enfoque religioso, la inclusa también exhorta a que todos los vizcaínos «remid[an] sus pecados» socorriendo a los expósitos, «pobres, entre los más pobres, que no puedan sino suscitar piedad»51. Centrado en una visión religiosa de la caridad, este discurso se dobla de una dimensión económica y utilitaria. El 28 de junio de 1812, la Junta de expósitos sugiere que la muerte de estos niños priva a la sociedad vizcaína de los futuros artesanos, marinos y campesinos que necesitará en un cercano futuro52. Esta voluntad de velar por el porvenir económico del país ya aparecía seis días antes en una carta del vice ecónomo del orfanato, quien se declaraba «satisfecho de haber contribuido a la salvación de pequeños seres desamparados que, gracias a su robustez, se convertirán en los brazos que la agricultura y la artesanía en breve necesitarán después de la guerra»53. 20 años más tarde, le toca a la Diputación foral hacer presente que los párvulos atendidos se convertirán en breve en «seres útiles a la Nación»54. Ese deseo de invertir en la salvación y educación de los niños abandonados con fines económicos es característico del pensamiento ilustrado que siempre consideró que el desarrollo demográfico y el aprovechamiento de los más débiles constituían la piedra angular de la expansión económica55. A modo de ejemplo, en 1801, Éleonore-Marie Desbois de Rochefort les recuerda a sus contemporáneos que la conservación de los niños abandonados representa «una verdadera riqueza» y que «la pérdida de tantos niños» «empobrec[e]» el Estado francés56. Como Voltaire, numerosos observadores franceses consideran la «conservación» de los expósitos como un medio para compensar el éxodo rural y darles una segunda vida a las zonas rurales despobladas57. Algunas elites hasta elaboran un programa completo de utilización de los pequeños beneficiarios de la asistencia pública. Mencionemos las ideas de Claude-Hubert Piarron de Chamousset quien considera que «los niños que solo tienen a la Patria como madre […] deben pertenecerle y que más provecho le aportará». Así, recomienda utilizarlos como marineros a partir de los diez años, en las milicias después de los 12 años y para poblar a Luisiana, entonces colonia francesa, si sobreviven más allá de los 20 años58.

En el caso vizcaíno, los llamamientos a la caridad y las razones económicas no son suficientes para colmar el déficit, de allí que la Diputación solicite con frecuencia la ayuda financiera de los municipios. No obstante, la recaudación de estos nuevos impuestos locales también suele ser problemática, puesto que la gran mayoría de las localidades vizcaínas ni siquiera consiguen sufragar sus propios gastos59. Por falta de recursos, las autoridades provinciales encargadas de la niñez abandonada tampoco respetan sus obligaciones para con las localidades vizcaínas. Al respecto, citemos el caso del pueblo de Zarátamo que, en plena guerra carlista, le suplica a la Diputación que cumpla con sus promesas pagando sus deudas, amenazando con devolver a la niña, que salvó de una muerte segura, si no se le da curso favorable a dicha solicitud. Un mes antes, habían encontrado de noche a una recién nacida expuesta en plena calle con sólo unas pocas horas de vida. El municipio de Zarátamo le proveyó algunas ropas y encontró rápidamente una mujer que aceptase lactarla. No obstante, a pesar de los numerosos viajes de la nodriza hasta Bilbao, el vice ecónomo de la Casa de Expósitos nunca le proporcionó el ajuar de la expósita. Para encontrar un ama de cría, el Alcalde de Zarátamo se comprometió a pagarla 640 reales anuales. Pero, según el procedimiento vigente, las municipalidades no pueden otorgarles a las lactantes sueldos superiores a un real diario60, razón por la que la dirección de la cuna se niega a pagar la remuneración acordada61. Este rechazo no deja lugar a dudas: por encima de 365 reales anuales, para garantizar el equilibrio financiero de la inclusa provincial, deben mandarse los niños a Bilbao, cualesquiera que sean los riesgos62.

Los apuros económicos de la Casa de Expósitos de Vizcaya también se vislumbran en los distintos informes que les manda a los ayuntamientos. A modo de ejemplo, en 1814, el vice ecónomo de la inclusa exige que se recupere, lave y vuelva a usar la ropa de los niños difuntos, «aun la más vieja y desgastada»63. Las familias de acogida que se vieran obligadas a comprarles ropa a los recién nacidos, deberán limitarse al mínimo estrictamente necesario64. De hecho, el 30 de enero de 1816, se le niega al municipio de Zaldívar el reembolso de los 121 reales empleados en comprarle ropa a Valentín, un niño hallado expuesto desnudo. Se considera este gasto excesivo comparado con los 24 reales que se suelen abonar para proporcionarles cuatro mudas a los incluseros. Como nunca se le informó de los problemas de salud de este párvulo, el vice ecónomo de la inclusa también rehúye cancelar los 60 reales contraídos por razones médicas por el Alcalde del lugar de abandono65.

Extremo, pero también muy significativo, es el caso de un chico abandonado con tres años de edad. Por falta de recursos financieros, su ama de cría no puede en absoluto adelantar el dinero necesario para vestirle. La situación del huérfano es tan miserable que la municipalidad de Marquina se ve en la obligación de escribir a los miembros de la Junta de Expósitos de Vizcaya para que se conformen con mandarle algunas pocas ropas. En la carta que mandan a la Casa de Expósitos vizcaína, podemos leer:

hay otro expósito de tres años [...]. Los vestidos primeros los rompió y handa desnudo. Vea Vuestra Señoría si puede conseguir el que los Señores de la Junta tengan la bondad de mandar hacer alguna ropa, que es chico66.

Falta de consideración y estigma social.

Al recorrer los archivos forales, podemos afirmar que las autoridades provinciales se conmueven bastante poco de la precariedad financiera de las nodrizas que contratan. En 1836, la Junta de expósitos de Vizcaya admite que la escasa remuneración de las amas de cría apenas cubre las necesidades alimenticias de los huérfanos acogidos. El primero de octubre, escribe que: «[...] un niño en esta época, cualquiera que sea su edad, se come sólo en pan el corto salario que le pasa [la Diputación a la nodriza]»67. Cuando los señores de la Junta intentan buscar fuentes de ahorro, reconocen que en ningún caso «el cortísimo salario que se abona a las nodrizas admite humanamente reducción alguna»68. Sin embargo, preconizan cesar el pago de las familias que acogen a huérfanos mayores de cinco o seis años de edad, considerando que la posibilidad de utilizar en breve su fuerza de trabajo limitará la cantidad de nodrizas quienes, no pagadas, devolverán los pupilos a la institución. Para limitar el número de niños devueltos, también afirman contar con el cariño que une las dos partes. No obstante, para que nuevas parejas acepten hacerse cargo de un expósito, estiman a la inversa prioritaria la retribución de las familias de acogida de los más pequeños. Al respecto, mencionemos unas pocas líneas de la carta que la Junta de expósitos le manda a la Diputación foral el primero de octubre de 1836:

se debe considerar como una necesidad urgentísima el pago de salarios [de nodrizas] hasta los cinco a seis años [...]; a esta fecha lleva adquirido el afecto de los criantes y de toda la familia, y si aún no produce servicios útiles se aproxima de día en día a prestarlos, y esta doble circunstancia ofrece ya garantías en su favor de que no será abandonado con igual facilidad que los de edad primaria69.

El miedo al contagio también dificulta la contratación de amas de cría. La idea de que los expósitos, producto de la inmoralidad, padecen enfermedades venéreas constituye uno de los tópicos más comunes de la literatura ilustrada de la época. Sobre el tema, mencionemos el parecer del médico del Rey Luis XV, Joseph Raulin, quien juzga que los huérfanos «están infectados por males contagiosos, y en particular por el escorbuto y enfermedades venéreas»70. Diez años más tarde, Jean-Baptiste Moheau también se hace eco de esta psicosis colectiva, opinando que la «excesiva mortalidad [de los incluseros...] no proviene de una falta de atención, sino la mayoría de las veces de la mala complexión de unos niños que llevan en sus carnes las secuelas de la perversión que les engendró»71. Como es de esperar, Antonio de Bilbao y las élites españolas comparten estos temores72. No obstante, todos los estudios realizados desembocan en una unánime conclusión: la proporción de huérfanos sifilíticos o contagiosos es muy restringida73. A pesar de todo, nuestra documentación atestigua los mismos prejuicios. Así, en julio de 1811, cuando el vice ecónomo de la Casa de Expósitos de Vizcaya le concede 192 reales a María de Balderay, se justifica aludiendo a una enfermedad venérea que le comunicaron los expósitos que cuidaba74. Para facilitar la acogida de su hija en un hogar particular y porque solía considerarse a los expósitos como vectores de enfermedades contagiosas, los padres de María Andrés insisten, en la nota que dejan al lado de la niña, en su buena salud. El primero de octubre de 1830, en los pañales de esta párvula, se encuentran las siguientes palabras: «puede darse a criar sin recelo alguno»75. Para terminar, señalemos que los propios escritos de los administradores de la inclusa vizcaína fomentan el miedo colectivo. Así, en octubre de 1836, evocan el «horroroso» y «costoso» contagio de numerosas casas de acogida y, para colmo de horror y sacrificio, honestas y bondadosas madres de familias que habrían caído enfermas aceptando lactar a un expósito:

Son muchas las nodrizas que actualmente se hallan contagiadas por los niños [...]. Con frecuencia se comunica el mal a los maridos de las nodrizas, y alguna vez a toda la familia, causa el horror y la desesperanza que induce esta detestable enfermedad, de tan larga, difícil, costosa cura. Todavía no se limita aquí su fatal trascendencia: alguna que otra vez, ha extendido sus estragos a una o varias vecinas de la nodriza que, por ausencia de esta, han socorrido a un expósito con el alimento de sus pechos, recibiendo lágrimas y desventura en premio de caridad76.

Muchos otros escritos y discursos no serían necesarios para desanimar las pocas mujeres que aspiraban a hacerse cargo de un inclusero.

Haciendo frente a la crónica escasez de amas de crías y subvenciones, la Casa de Expósitos de Vizcaya limita su actividad a la acogida de niños naturales o expuestos. Rechazando hacerse cargo de los hijos legítimos, se justifica recordando a las parejas legítimas la posibilidad de recibir una ayuda de lactancia, asistencia financiera sistemáticamente negada a los padres con descendencia ilegítima77. Este sistema de acogida participa de la deshonra social de los niños abandonados que se consideran de hecho como el resultado de una dejadez moral y pésima influencia francesa. En la introducción del nuevo reglamento de 1845, la dirección de la cuna vizcaína afirma que «en el último tercio del siglo diez y ocho [...] alcanz[ó] a nuestro humilde suelo [vasco] alguna parte de la relajación de costumbres de la vecina Francia [...], aumentándose considerablemente el número de los expósitos vascongados»78. Este estigma de la infancia abandonada no es propio de Vizcaya. A modo de ejemplo, en la Italia del siglo 18, existen en Torino dos inclusas, reservándose una a los hijos de padres casados y la segunda a los «bastardos»79. En la misma época, las legítimas parejas portuguesas o francesas de Oporto o Rouen pueden recibir subsidios para criar a sus hijos, mientras se orientan los niños ilegítimos hacia las inclusas80. Sin embargo, señalemos que las cercanas inclusas de Guipúzcoa y Navarra optan por prácticas diferentes, abriendo sus puertas a los nacidos de todas las parejas necesitadas. El objetivo es luchar contra los infanticidios y los riesgos vitales que conllevan los abandonos callejeros81.

Conclusión

Para concluir, no cabe duda de que, conforme a las ideas de las Luces, las autoridades españolas y vizcaínas de finales del siglo 18 y principios de la centuria siguiente, toman conciencia de la hecatombe acarreada por la falta de consideración de la niñez abandonada. Como en el resto de Europa, la fundación de inclusas atestigua la mejora de las condiciones de acogida y crianza de los expósitos. No obstante, la ausencia de medios financieros y la permanencia de prejuicios morales siguen disminuyendo las posibilidades de supervivencia y de integración social de unos recién nacidos que se continúan considerando frutos del pecado y de la inmoralidad. Como las élites francesas y europeas, los responsables de las primeras cunas vizcaínas se contentan con considerar la asistencia a los expósitos como un deber cristiano y una obligación política, económica y moral, pero, en ningún caso, son partidarios de una revolución de las mentalidades. Ahora bien, mientras el deseo de salvarles la vida a los niños abandonados no se doble de una voluntad de rehabilitación social de la ilegitimidad, los expósitos vizcaínos seguirán siendo seres indeseados. La apertura a finales del siglo 19 de la Casa de Maternidad de Bilbao –una institución destinada a acoger con toda discreción a las futuras madres solteras– bien demuestra cuán lejos estaba Vizcaya, y más generalmente España, de esta evolución de las mentalidades que necesitaría una profunda transformación de las estructuras políticas y sociales de aquel entonces.

  • 1 Por razones de legibilidad y adecuación a todos los públicos, la edotorial ha optado por escribir los números superiores a 10 en números arábigos, incluidos los siglos.
  • 2 Se llama «expósito» a un niño sometido a una «exposición», es decir que ha sido abandonado en la calle o entregado a instituciones de beneficencia, las casas de expósitos o inclusas.
  • 3Aragon Philippe, «L’enfant délaissé au Siècle des Lumières», Histoire, économie et société,vol. 6, 3, 1987, p. 387-389; Sablayrolles Élisabeth, L’enfance abandonnée à Strasbourg au XVIIIe siècle et la fondation de la Maison des enfants-trouvés, Strasbourg, Librairie Istra, 1976, p. 76.
  • 4Montalvo Tomás, Práctica política y economía de Expósitos, en que se describen su origen, y calidades, resolviéndose las dudas, que pueden ofrecerse en esta materia, y juntamente se declara el gobierno doméstico, que en sus Hospitales se debe observar, Granada, Imprenta de la Santísima Trinidad, 1700.
  • 5Bilbao Antonio de, Destrucción y conservación de los expósitos. Idea de la perfección de este ramo de policía. Modo breve de poblar la España. Testamento de Antonio de Bilbao, Antequera, s. e., 1789.
  • 6García Santiago, Breve instrucción sobre el modo de conservar los niños expósitos aprobada por el Real Tribunal de Protomedicato, Madrid, M. González, 1794.
  • 7Murcia Pedro Joachin, Discurso político sobre la importancia y necesidad de los Hospicios, Casas de expósitos y Hospitales, que tienen todos los Estados, y particularmente España, Madrid, Imprenta la Viuda de Ibarra, 1798.
  • 8Úriz Joaquín Xavier de, Causas prácticas de la muerte de los niños expósitos en sus primeros años, remedio en su origende un tan grave mal, y modo de formarles útiles a la religión y al estado, con notable aumento dela población, fuerzas y riquezas de España, Pamplona, Imprenta de Josef de Rada, 1801.
  • 9Murcia Pedro Joachin, Discurso político…, op. cit., p. 66-67.
  • 10Úriz Joaquín Xavier de, Causas prácticas de la muerte de los niños expósitos…, op. cit., p. 3.
  • 11Ibid., p. 5.
  • 12Ibid., p. 6.
  • 13Megino Alberto, La demauxesia aumentación del pueblo por los medios de procurar que no mueran 50 000 personas que según un cálculo prudencial, y bien formado, se pierden anualmente en las Casas de Espósitos, en los Ospicios, y en las Cárceles de España, Venice, Antonio Curti, 1805, p. 2-3.
  • 14Archivo Foral De Bizkaia (A.F.B.), fondo expósitos de Bizkaia (f.e.B).
  • 15 Señalemos que muchos estudios españoles ofrecen un panorama bastante completo de la situación de la niñez abandonada ibérica desde el siglo 16 hasta el siglo 19 incluido. Entre los trabajos más conocidos, citemos las investigaciones realizadas por Teófanes Egido y León Carlos Álvarez Santaló sobre Valladolid y Sevilla, así como las de Claude Larquié y de Hélène Tropé sobre los expósitos madrileños y valencianos. No obstante, la historia de los huérfanos vizcaínos queda prácticamente por realizar, puesto que solo Juan Gracia Cárcamo y Pilar Unda Malcorra le dedican algunas páginas a esta temática. Egido Teófanes, «La Cofradía de San José y los niños expósitos de Valladolid (1540-1757)», Revista de Estudios Josefinos, 53-54, 1973, p. 232-259; Álvarez Santaló León Carlos, Marginación social y mentalidad en Andalucía Occidental: Expósitos en Sevilla (1613-1910), Sevilla, Consejería de Cultura, 1980; Larquié Claude, «Le poids financier de l’abandon de l’enfant à Madrid (1650-1700)», Actes du colloque international de Rome, Publications de l’École française de Rome, 1991, vol. 140, 1, p. 785-813 ; Tropé Hélène, La formation des enfants orphelins à Valence (XVe-XVIIe siècles). Le cas du Collège impérial Saint-Vincent-Ferrier, Paris, Presses de la Sorbonne Nouvelle, 1998; Gracia Cármona Juan, «La acción social en Bilbao durante la época napoleónica», Bidebarrieta, 20, 2009, p. 121-138, «Los niños expósitos vizcaínos durante el primer tercio del siglo XIX», Letras de Deusto, Bilbao, 1991, p. 169-179; Unda Malcorra Pilar, «La exposición en Vizcaya en el siglo XIX: nacimiento y problemática financiera de la Casa de Expósitos de Bilbao», Enfance abandonnée et société en Europe, XIVe-XXe siècle, Publications de l’École Française de Rome, 1991, p. 1153-1167.
  • 16Salas Auséns José Antonio, «De l’abandon à l’insertion sociale : les enfants trouvés de l’Hôpital de Notre-Dame-De-Grâce de Saragosse aux XVIIIe-XIXe siècles», Noms et destins des sans famille, Paris, Presses de l’Université Paris-Sorbonne, 2007, p. 321; Maiso González Jesús, «Aspectos del Hospital de Gracia y del Aragón bajo los Austrias», Estudios, Zaragoza, 1978, p. 302.
  • 17Maiso González Jesús, El hospital real y general de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza en el siglo XVIII, Zaragoza, Estudios locales y comarcales, 2000, p. 301, p. 309.
  • 18 Señalemos que Claude Delasselle calcula que un 90 % de los expósitos conducidos hasta la capital francesa morían en el siglo 18 antes de cumplir los seis meses de edad. Delasselle Claude, «Les enfants abandonnés à Paris au XVIIIe siècle», Annales. Économies, Sociétés, Civilisations, 1, 1975, p. 193.
  • 19 No obstante, señalemos que estas pésimas condiciones de viaje hacia las escasas casas de acogida no son específicas de Vizcaya, sino que vuelven a encontrarse por toda la península ibérica. Citemos a modo de ejemplo las provincias de Cataluña, Valencia, Granada y Galicia que registran unas tasas de mortalidad superiores a un 90 % entre el lugar de abandono de los expósitos y las puertas de los establecimientos de acogida. Realizados por toda Europa, numerosos estudios evocan hasta el siglo 18, a «portadores» que llevan a los niños expuestos en cestas o alforjas, exponiéndolos a las intemperies. Pagados para realizar el viaje entre el lugar de exposición y el orfanato más cercano, estos hombres no cobran más por sobrevivir el recién nacido, siendo la tasa de mortalidad muy cercana al 100 %. Murcia Pedro Joachin, Discurso político…op. cit., p. 70-73. Prado De La Fuente Galán María del, «La situación de las inclusas en el siglo XVIII. La encuesta de 1790», Chronica Nova, 24, 1997, p. 65-74; PérezMoreda Vicente, «Las circunstancias del abandono», Enfance abandonnée et société en Europe, XIVe-XIXe siècle, Rome, 1991, p. 80 ; Chamoux Antoinette, «L'enfance abandonnée à Reims à la fin du XVIIIe siècle», Annales de démographie historique, 1973, p. 264; Delasselle Claude, «Les enfants abandonnés à Paris…», art. cit., p. 193; Lebrun François, La vie conjugale sous l’Ancien Régime, Paris, Armand Colin, p. 159.
  • 20 A.F.B., f.e.B, registro 2 (reg. 2), 14/03/1817.
  • 21 Esta decisión real está de acuerdo con la legislación francesa de enero de 1779 que establece que todas las ciudades del reino tienen obligación de cuidar de los expósitos abandonados en su territorio. Delasselle Claude, «Les enfants abandonnés à Paris…», art. cit.,p. 216.
  • 22 A.F.B., f.e.B, reg. 252, reglamento de 1845.
  • 23 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 1817.
  • 24 A.F.B., f.e.B, reg. 15, 31/05/1799.
  • 25 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 1817.
  • 26Ibid.
  • 27 A.F.B., f.e.B, reg. 2, 14/03/1817.
  • 28 A.F.B., s.a.B, s.g.a.e., AJ01201/008, 16/06/1814.
  • 29Hecht Jacqueline, «Le Siècle des Lumières et la conservation des petits enfants», Population, 47, 1992, p. 1590.
  • 30Rousseau Jean-Jacques, Émile ou De l’éducation, La Haye, 1762, en Œuvres complètes, Paris, Armand- Aubrée,1830, T.1, p. 51.
  • 31 Sobre esta temática, puede leerse: Morel Marie-France, «Théories et pratiques de l'allaitement en France au XVIIIe siècle», Annales de démographie historique, I,1976, p. 393-427.
  • 32 A.F.B., s.a.B, s.g.a.e., AJ01201/008, 16/06/1814.
  • 33Ibid.
  • 34 Este último afirma solo contratar nodrizas «de buena salud y honestas costumbres sin notarse la menor falta». Ibid.
  • 35 Según declaración de don Gregorio Benito de Otero, «quando se le ha informado que estas [amas] faltan al cumplimiento de sus deveres, los recoge de su poder y pone en lactancia con distintas nodrizas de su confianza». Ibid.
  • 36Hanicot-Bourdier Sylvie, Portugalete aux XVIIIe et XIXe siècles : contribution à une étude socio-démographique, Villeneuve d’Ascq, Presses Universitaires du Septentrion, 2003, p. 32-33.
  • 37Ortega Berruguete Arturo Rafael, «Un modelo de población socialmente autofrenado: la Vizcaya Oriental en el siglo XVIII», Ernoroa. Revista de Historia de Euskal Herria, 3, 1986, p. 62; Valverde Lamsfus Lola, Entre el deshonor y la miseria, infancia abandonada en Guipúzcoa y Navarra. Siglos XVIII y XIX, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1994, p. 16 y p. 102-103.
  • 38 Descartando el quinquenio 1816-1820, que experimenta un descenso solo consecutivo a un sustancial aumento durante el periodo anterior, los padres que se deshacen de un hijo no deseado son cada vez más numerosos a lo largo de todo el periodo estudiado.
  • 39 Es de suponer que, los primeros años de funcionamiento de la Casa de Misericordia de Bilbao, las autoridades locales siguieron atendiendo a los niños expuestos en su comarca sin siempre informar a la nueva inclusa comarcal.
  • 40Hanicot-Bourdier Sylvie, Portugalete aux XVIIIe et XIXe siècles…, op. cit., p. 34.
  • 41Valverde Lamsfus Lola, Entre el deshonor y la miseria…, op. cit., p. 65; Gracia Cárcamo Juan, «La otra sociedad: los marginados», Revista Internacional de Estudios Vascos, 41-42, Donostia, 1996, p. 531.
  • 42Serrano Ruiz-Calderón Manuel, «El abandono de menores: su regulación en el ámbito penal», Revista del Ministerio de Trabajo y asuntos sociales, 45, 2003, p. 35.
  • 43 A principios del siglo 19, se registran las mismas evoluciones en Navarra, pero también en Galicia y en la actual provincia de Cantabria. En estas regiones, la apertura de nuevos establecimientos de acogida, asociada con una crisis de subsistencia, regeneró nuevas actitudes familiares, deshaciéndose los padres más desfavorecidos de unos recién nacidos que ya podían contar con una acogida institucional. Dubert García Isidro, «L’abandon d’enfants dans l’Espagne de l’Ancien Régime: réévaluer l’ampleur et les causes du phénomène», Annales de démographie historique, 2013, 125, p. 158; Lanza Garcĺa Ramón, La población y el crecimiento económico de Cantabria en el Antiguo Régimen, Madrid, Universidad Autónoma de Madrid-Universidad de Cantabria, 1991, p. 301.
  • 44 A.F.B., f.e.B, reg. 2, 01/10/1836.
  • 45 A.F.B., f.e.B, reg. 252, reglamento de 1845.
  • 46 A.F.B., f.e.B, reg. 2, 31/12/1807.
  • 47 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 14/10/1814, 22/10/1814.
  • 48 A.F.B, sec. mun., f.a.m.B., BILBAO ANTIGUA 0329/001/029/001, 29/10/1807.
  • 49 A.F.B, sec. mun., f.a.m.B., BILBAO ANTIGUA 0355/001/084, 14/11/1824.
  • 50 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 22/06/1812.
  • 51Ibid., 14/06/1812.
  • 52 A.F.B., f.e.B, reg. 2, 28/06/1812.
  • 53Ibid., 22/06/1814.
  • 54 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 17/11/1833.
  • 55Aragon Philippe, «L’enfant délaissé…», art. cit., p. 387-398.
  • 56Desbois De Rochefort Éléonore-Marie, «Enfant-trouvé», en Encyclopédie méthodique. Économie politique et diplomatique, Paris, II, 1786, p. 278.
  • 57Hecht Jacqueline, «Le Siècle des Lumières et la conservation des petits enfants», art. cit., p. 1614.
  • 58Piarron De Chamousset Claude-Hubert, Vues d’un citoyen, Paris, Lambert, 1759, p. 26.
  • 59 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 22/06/1812.
  • 60 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 28/06/1812; reg. 2, 01/10/1836, reg. 159, 01/1864; reg. 59, 10/01/1810.
  • 61 A.F.B, s.a.B, s.g.a.e., AJ01294/145, 18/04/1814.
  • 62 A.F.B., f.e.B, reg. 252, 28/06/1812.
  • 63 A.F.B., s.a.B., s.g.a.e., AJ01201/008, 16/06/1814; f.e.B, reg. 2, 03/07/1817.
  • 64 A.F.B., fondo seguridad pública, guerras y servicio militar, AQ01395/283, 31/08/1835.
  • 65 A.F.B., s.a.B., s.g.a.e., AJ00210/029, 30/01/1816.
  • 66 A.F.B., f.e.B, reg. 16, 12/07/1816.
  • 67 A.F.B., f.e.B, reg. 2, 01/10/1836.
  • 68Ibid.
  • 69Ibid.
  • 70Raulin Joseph, De la conservation des enfants, Paris, Merlin Librairie, 1768, p. 268.
  • 71Moheau Jean-Baptiste, Recherches et considérations sur la population de la France, Paris, Moutard, 1778, p. 222.
  • 72Bilbao Antonio de, Destrucción y conservación de los expósitos…, op. cit., p. 22; García Santiago, Breve instrucción sobre el modo de conservar los niños expósitos, op. cit., p. 36.
  • 73Aragon Philippe, «L’enfant délaissé…», art. cit., p. 392.
  • 74 A.F.B., f.e.B, reg. 59, 31/07/1811.
  • 75 A.F.B., f.e.B, reg. 18, 01/10//1830.
  • 76 A.F.B., f.e.B, reg. 2, 01/10/1836.
  • 77 A.F.B., f.e.B, reg. 2, 03/07/1817.
  • 78 A.F.B., f.e.B, reg. 252, reglamento de 1845.
  • 79Cavallo Sandra, «Bambini abbandonati e bambini “in deposito” a Torino nel settecento», Enfance abandonnée et société en Europe, XIVe-XIXe siècle, Rome, 1991, p. 343.
  • 80Dos Guimaraes Isabel, «The “Casa da Roda do Porto” reception and restitution of foundlings during the eighteenth century», en Enfance abandonnée et société en Europe, XIVe-XIXe siècle, Rome, 1991, p. 544-545; Barbet Jean-Pierre, «La société et l’abandon», Enfance abandonnée et société en Europe, XIVe-XIXe siècle, Rome, 1991, p. 8.
  • 81Valverde Lamsfus Lola, Entre el deshonor y la miseria…, op. cit., p. 59-60.