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Imagen de portada de El Objeto como reliquia (Edul, 2025) Show/hide cover

Iluminar objetos, salvaguardar memorias

Mettre en lumière des objets, sauvegarder les mémoires

El presente texto hace parte de los resultados del proyecto de investigación «ARMEP: Archivos y memorias plurales en Colombia después de los Acuerdos de Paz», realizado por el Grupo de Investigación en Información, Conocimiento y Sociedad de la Universidad de Antioquia –Colombia– y el Centre de Recherches Ibériques et Ibéro-américaines (Criia – Études romanes, Université Paris Nanterre, Francia), el cual está registrado en el Comité para el Desarrollo de la Investigación CODI– y cuenta con aportes del CICINF de la Escuela Interamericana de Bibliotecología de la Universidad de Antioquia y del Programa de Intercambio de Investigadores, Convocatoria 940 de 2023, iniciativa liderada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación del Gobierno Colombiano y del programa ECOS NORD–FRANCIA, financiado con recursos del Patrimonio Autónomo Fondo Nacional de Financiamiento para la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, Francisco José de Caldas, del Ministère de l’Europe et des Affaires étrangères y del Ministère de l’enseignement supérieur et de la recherche.

Sabemos que los objetos guardan una memoria en la que subyacen emociones, anécdotas que nos permiten recordar el pasado propio y el de aquellas personas que estuvieron vinculadas a ellos. Una construcción simbólica entre el pasado y el presente que deja preguntas, genera tensiones o guarda relaciones mnémicas espontáneas, vivas, fruto de la experiencia y el recuerdo1. En este texto, realizaremos un análisis comparativo entre la obra Relicarios (2011-2015) de la artista Erika Diettes, y el trabajo colaborativo en el proyecto La casa un espacio de recuerdos (2021), análisis que nos permitirá iluminar una serie de hipótesis sobre el valor documental que conservan los objetos y su resonancia en la construcción de memorias colectivas en un país como Colombia, donde existe un deber de memoria como alternativa de visibilización y de resistencia política frente a la adversidad y la indiferencia.

Para dar luz a este texto, iniciaremos con unas apreciaciones de la obra Relicarios y su relevancia en el terreno de la construcción de memorias asociadas al Conflicto Armado en Colombia. Dicha relación se hará a partir del análisis de algunas de las obras que se pueden apreciar en el sitio web de la artista y de los objetos pertenecientes a mujeres de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de La Candelaria, así como las colaboraciones recibidas por visitantes del recorrido virtual La casa un espacio de recuerdos, exposición acogida por el Museo Casa de la Memoria en Medellín, Colombia, el Memorial de la Resistencia en São Paulo, Brasil, y el Laboratorio de Escrituras de la Universidad de Lorraine, Metz, Francia.

La luz que emana de los objetos

La obra Relicarios nos sumerge en el universo afectivo de individuos o familias que conservan recuerdos materiales de personas desaparecidas a causa de la guerra. Un lugar significativo que nos permite apreciar el valor otorgado a objetos que son parte de las memorias conservadas por los dolientes y por una artista que mediante una técnica mixta salvaguarda estas memorias en delicados contenedores que poseen luz propia. Estos Relicarios, realizados en tripolímero de caucho y en un formato de 30 x 30 x 12 cm de espesor, nos permiten apreciar, debido a la transparencia que posibilita el material, el interior de un recuerdo que hace parte de las historias recientes de violencia en Colombia. Al visitar esta exposición, que implica para el espectador recorrer una extensa galería sembrada de fragmentos, entendemos el concepto de memorias activas y pasivas que nos presenta Elizabeth Jelin2, el cual se refiere a los restos y rastros almacenados, archivados pasivamente en la mente de las personas, en registros, en archivos públicos y privados, en formatos electrónicos, en bibliotecas y museos, que pasan a ser activos cuando son reconocidos y evocados mediante la visibilización de las memorias en un proceso de interacción social.

Caminar entre las 165 piezas que conforman la obra y pensar en las vidas que dejaron de brillar a causa de la barbarie, nos obliga a detenernos en cada uno de los contenedores para rendir un homenaje a las víctimas y comprender la magnitud del horror que evocan estos vestigios sagrados. El gesto es entonces detenerse, mirar abajo, agacharse o ponerse de rodillas para observar los detalles que cada relicario trae a manera de preguntas abiertas, de luz y memoria: ¿a quiénes pertenecían estos objetos?, ¿cuántos años tienen y de dónde provienen?, ¿en qué radica su importancia para las familias y por qué lograron conservarse a pesar del paso del tiempo? A este último interrogante responde Didi-Huberman3 cuando plantea que, frente al olvido y la destrucción, el milagro radica en pensar en las condiciones que hicieron posible que estos objetos aún existan y que estén entre nosotros pese a la adversidad.

Durante la exhibición de la obra, expuesta por primera vez en Medellín, Colombia, entre el 9 de noviembre del 2016 y el 16 de abril del 2017 en la Sala temporal Norte del Museo de Antioquia (imágenes 1 y 2), los espectadores experimentan una revelación provocada por la luz cenital que se proyecta en cada relicario y que posteriormente ilumina el espacio con el resplandor que emana del contacto con el material transparente. Son recuerdos, reliquias, huellas, rastros del pasado que pertenecieron a alguien, pero que por su naturaleza cotidiana nos pertenecen a todos. Se trata de la presencia que adquieren los objetos en nuestras vidas, los cuales son parte de la propia existencia y en los que reposa un poder simbólico cultural con una energía mnémica capaz de volver a descargarse en situaciones o lugares distantes a pesar del paso del tiempo4.

Fotografías de obras de Erika Diettes.

Fuente: https://www.erikadiettes.com/-relicarios, 9 de noviembre de 2016 a 16 de abril del 2017

Nos instalamos entonces en una memoria visual colectiva en la que los testimonios y los objetos ocupan un lugar especial. Una memoria colectiva que es a su vez una memoria orgánica construida a partir del entorno cultural y que está en relación con el pasado que surge con la interacción, la comunicación, los medios, las instituciones que están dentro de los grupos sociales y las comunidades culturales5. Una comunidad que elabora un duelo constante y que escribe un lenguaje común frente al trauma de la guerra. Se trata de un tejido social, historias de vida compartidas, que se construye a partir de lazos de comunicación y afecto. En la obra Relicarios esta comunidad afectiva del recuerdo se aprecia en el entramado construido a partir del montaje expositivo, en el que los objetos dejan de ser relatos individuales y pasan a ser memorias que esbozan una narrativa colectiva del dolor.

Cada objeto es una historia

En el recorrido La casa un espacio de recuerdos, los visitantes participan de una experiencia interactiva en la que deben encontrar 26 objetos dispersos en un recinto familiar donde se conservan las memorias de personas que buscan a sus familiares desaparecidos. Con el apoyo de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria y gracias a trabajos previos de investigadores de la línea Memoria y Sociedad de la Universidad de Antioquia6, hemos logrado plasmar en este espacio virtual una construcción colectiva que explica el poder que tienen los archivos personales en la búsqueda de la verdad.

El contexto de esta experiencia data de los inicios de la pandemia, cuando todos estábamos confinados por orden del Gobierno para prevenir los contagios derivados de la covid-19 y este grupo de mujeres, acostumbradas a salir y proclamar justicia, ansiaban seguir buscando a sus familiares mediante acciones legales que les proporcionaran una prueba real de sus paraderos. Conscientes de las necesidades de este colectivo, diseñamos un espacio en el que, mediante escrituras alternativas, intentamos acercarnos a través de la virtualidad a grupos poblacionales diferentes con el ánimo de transmitir el mismo llamado que hacen las madres en cada una de sus acciones performáticas o intervenciones de resistencia pacífica en la plaza pública: «los queremos vivos, libres y en paz7» .

Es así como, con la ayuda de expertos en ingeniería de programación, iniciamos una serie de entrevistas telefónicas y el envío de imágenes por correo electrónico o WhatsApp, que posteriormente fueron incorporadas a un espacio virtual que permite darle relevancia a objetos que nunca antes habían sido considerados documentos con valor informativo. Vale la pena destacar que cada imagen debía ser acompañada de un testimonio y que estos no solo están escritos, sino narrados, bien sea por las voces de las madres o por la de una intérprete que nos apoyó en la labor de caracterizar a estas mujeres e incorporar los audios al sitio web (imágenes 3, 4 y 5) para los usuarios no videntes.

Capturas de pantallas del Memoria da Resistancia de Sao Paulo, del Museo Casa de la Memoria y del laboratorio Écritures (Universidad de Lorraine).

Disponible en: https://www.museocasadelamemoria.gov.co/lacasa/;el Memorial de la Resistencia en São Paulo, Brasil, disponible en: http://memorialdaresistenciasp.org.br/a-casa-um-lugar-de-memorias/; y el Laboratorio de Escrituras de la Universidad de Lorraine, Metz, Francia, disponible en: http://ecritures.univ-lorraine.fr/projet-maison-es

La casa, entendida como un lugar en el que habitan los recuerdos, nos permite entender la dimensión espacial que ocupan los objetos en la cotidianidad de las personas y su valor simbólico como parte de las memorias que deben conservar. Un álbum de fotografías, llaveros, cartas, billeteras, recortes de prensa, juguetes, entre otros, son parte de la galería de objetos que conservan estas mujeres y que hoy constituyen una evidencia probatoria en la cadena de custodia que requieren las autoridades para iniciar los procesos de búsqueda. En tal sentido, para hacer énfasis en el valor afectivo de los objetos, incorporamos una capa de luz que destaca el objeto una vez pasamos el cursor encima de él (imágenes 6 y 7). Con este gesto, lo que pretendemos es dar valor, dotar de un aura especial esta pieza que es única e irrepetible y que representa una pequeña parte de las personas desaparecidas.

Imágenes sintéticas de obras de Erica Diettes.

Fuente: https://biblioteca.udea.edu.co/webgl_720p/

Aferrarse a estos objetos, darles vida mediante evocaciones, convocar a otros a reflexionar sobre el valor que poseen en el marco de la búsqueda de la verdad, justicia y reparación de las víctimas del conflicto son parte de las enseñanzas que nos quedan de esta experiencia virtual, a la que convocamos mediante un formulario en el que los visitantes aportan imágenes y relatos de sus objetos para construir colectivamente una red de apoyo. De este modo, cuando los usuarios ingresan al formulario, aceptan la utilización, publicación, exposición y exhibición de imágenes, testimonios y memorias que serán emitidas en medios impresos (pendones, revistas, folletos, volantes, plegables, infográficos, libros, etc.), así como a través de la internet en las páginas de los diferentes museos en los que se encuentran alojadas las exposiciones, con la advertencia de que dicha utilización del material estará directa o indirectamente relacionada con las actividades en desarrollo del objeto social del proyecto. Con esta acción pretendemos que la información compartida sirva para que otras personas entiendan el valor de los archivos personales en la recuperación de las memorias.

Actualmente contamos con 119 objetos enviados de diferentes lugares del mundo. Los participantes contribuyen voluntariamente a este ejercicio de seleccionar sus objetos y darles valor a partir de sus relatos. Aclaramos que muchas de las historias compartidas no necesariamente están vinculadas a la desaparición forzada o muerte violenta a causa de la guerra. Son historias que se relacionan con el afecto, la ausencia, la distancia o el paso del tiempo, y que se suman a nuestro objetivo de construir narrativas vinculadas a la experiencia compartida.

Véase el texto.

Fuentes: Museo Casa de la Memoria de Medellín, Colombia, disponible en: https://www.museocasadelamemoria.gov.co/lacasa/ y Memorial de la Resistencia en São Paulo, Brasil, disponible en: http://memorialdaresistenciasp.org.br/a-casa-um-lugar-de-memorias/

Al respecto, Candau8 nos explica cómo las «experiencias compartidas» surgen a partir de una serie de sociotransmisores que actúan como dispositivos emocionales para evocar el recuerdo y generan una serie de vínculos entre la experiencia individual y la experiencia colectiva. Dichos aspectos también fueron explicados en su momento por Williams9 bajo el concepto de «estructura de sentimiento» y por Halbwachs10 como «marcos sociales de la memoria», los cuales nos sirven para analizar las formas de reproducción de los discursos que operan al interior de los grupos sociales desde un orden simbólico colectivo.

Evocaciones de la vida en el campo y el retorno a la ciudad, la distancia física que marca el desplazamiento, bien sea por circunstancias voluntarias o forzadas, el vínculo con los lugares donde están las raíces y las tradiciones, los recuerdos de las abuelas y los abuelos, de los padres y las madres, de las experiencias vividas, de los objetos que hicieron parte de sus vidas y que aún son conservados como herencias del pasado familiar. Prendas de vestir, álbumes, artilugios de decoración, documentos personales, entre muchos otros souvenirs que poseen una semántica común a todos. Objetos que evocan siempre un recuerdo y que son guardados como tesoros debido a su significado emocional. Frases como: «crecí en su presencia, objetos con valor emocional, sentimiento cálido en mi corazón, conservarla es como tenerla a ella conmigo todavía», son apenas algunas de las expresiones que se destacan al observar estos objetos que llevan consigo un mensaje que trasciende las generaciones.

Construir un registro visible que ilumine el espacio y se preserve en el tiempo

Actualmente, los archivos personales y comunitarios han adquirido un estatuto documental inédito en Colombia. El valor de los archivos que registran casos de violaciones de derechos humanos se posiciona como respuesta que comienza a ser visible en distintos escenarios11. De esto deviene no solo el deber de archivar todos aquellos registros que aporten a la construcción de una memoria que apele a la búsqueda de la verdad, sino también a una museología activa, que en Colombia viene ganando fuerza debido al interés que tienen las propias comunidades en construir sus propios lugares y narrativas que reinterpreten un pasado colonial que las excluyó sistemáticamente. Es un campo de trabajo en construcción que resuena en la academia debido al interés genuino de comunidades que están respondiendo a demandas sociales y se adaptan a nuevos formatos artísticos para registrar sus memorias en clave de justicia social y promoción de derechos humanos.

Tanto Relicarios (2011-2015), con la performatividad propia que le imprime la artista, así como el proyecto La casa un espacio de recuerdos (2021), apuesta académica realizada en el marco de un proyecto pedagógico de visibilización de memorias, plantean la idea de colección, de salvaguarda de la memoria mediante un intercambio y una disposición narrativa que instala una idea de cómo conservar los recuerdos y cómo estos comienzan a representar el cuerpo de los ausentes. Cuerpos que emergen a partir de la evocación, de la visita a estos lugares dispuestos para las memorias y el encuentro. Espacios que ofrecen una transición entre los silencios, los olvidos y la necesidad de recordar en un país que viene haciendo grandes apuestas por la construcción de una paz total.

En tal sentido, el lugar que ocupan los sujetos y las comunidades creadoras de contenidos es central debido a la necesidad latente de construir nuevos marcos discursivos en los que se incluyan las memorias subterráneas12, aquellas que deben ser iluminadas para reconocer a las víctimas y donde se crean nuevas legislaciones que motivan la creación de escenarios de construcción de memorias. Una nueva concepción del archivo y de la museología que subvierte las reglas hegemónicas conocidas y crea contra narrativas que ponen a disposición nuevas formas de hacer y de entender el pasado. Un giro epistémico que instala otras preguntas y alimenta repertorios discursivos capaces de hacer visibles asuntos que hasta ahora eran opacos o inaudibles en el contexto nacional.

Fotografía de una obra de Erika Diettes.

Fuente: Archivo fotográfico de Erika Diettes, 2015