Esta obra colectiva es el resultado de las aportaciones de varios autores presentadas en el coloquio internacional Mujer e identidad en tierras hispanohablantes: Historia y civilización organizado por la Universidad de Lorraine (Université de Lorraine) y la Universidad de Valladolid en Nancy en abril del 2021. Constituye una prolongación de la reflexión y colaboración iniciada por historiadores y civilizacionistas hispanistas de ambas universidades sobre la cuestión femenina durante el coloquio internacional Déviances féminines dans la famille hispanophone. Évolution et transgression du modèle familial traditionnel1. Vinculado al proyecto «Mujeres, familia y sociedad. La construcción de la historia social desde la cultura jurídica (siglos XVI-XX)»2, permite proseguir la reflexión sobre la elaboración de las representaciones femeninas en España y América latina abordando la temática de la identidad femenina.
La identidad femenina, es decir el sentirse mujer y ser reconocida socialmente como tal, no es una condición innata sino el fruto de una construcción en la que intervienen factores biológicos, pero también sociales y psicológicos. Como lo señaló en su tiempo Simone de Beauvoir, «no se nace mujer, sino que se llega a serlo»3, siendo la feminidad y condición femenina resultados de una historia social e individual. La temática «Mujer e identidad» convoca de hecho lo femenino como «identidad sexual» pero también como «identidad de género». La primera dimensión, la de la «identidad sexual», remite al sexo biológico asignado al nacer, una realidad objetiva que parece indiscutible, aunque a veces el individuo pueda vivir subjetivamente una discordancia entre ese sexo biológico y el sexo psíquico. No obstante, la noción de género se inserta en la dimensión social, dado que la «identidad de género» remite a las normas de feminidad socialmente dictadas, es decir los estatutos, códigos y atributos que la sociedad reconoce comunes a todas las mujeres.
Pudiendo cada mujer, como individuo, reconocerse, o no, en esa «identidad de género» construida, la cuestión de la identidad femenina también conlleva la problemática de la relación entre «identidad colectiva» e «identidad personal». Cuando la sociedad identifica a una mujer, y la reconoce formando parte del grupo «mujeres», le atribuye una supuesta «identidad femenina», es decir unas características que comparte con las otras mujeres, de las que emanan ciertos roles, actividades, comportamientos y funciones particulares, consideradas como definitorias o representativas de esa categoría, pudiendo una mujer sentirse o no en adecuación con esa categorización. Interviene entonces la dimensión psicológica, la de la apropiación subjetiva. La construcción de la identidad es un proceso personal que evoluciona a lo largo de la vida, en función de los intercambios del individuo con el entorno social, con mayor o menor conformidad con las normas socialmente prescritas, teniendo cada mujer una manera muy personal de adherir o no a las normas sociales de feminidad.
A través de varias instancias de sociabilización (la religión, el mundo laboral, la justicia, la monarquía, el activismo político y la educación), los distintos trabajos presentados permitirán explorar la construcción social de la identidad femenina y analizar el diálogo entre identidad personal e identidad colectiva femenina, en función de las modalidades de pertenencia de cada mujer a tal o cual grupo.
Mediante el estudio, en la época moderna, de la Orden Tercera de San Francisco y de los tratados religiosos, los artículos de Alfredo Martín García y Silvia de la Fuente Pablo se interesan por el proceso de construcción identitario que les ofrece la España post-tridentina a las religiosas.
La cuestión económica, elemento clave para la independencia femenina, constituye el elemento central de los dos trabajos siguientes. María José Pérez investiga la función «transgresora» de las mujeres que, impulsadas por las desgracias de la vida, asumen –muy a pesar suyo– el papel de cabeza de familia en la España patriarcal del siglo 18. Unas décadas más tarde, los convenios matrimoniales le permiten a Sylvie Hanicot-Bourdier entrever el valor mercantil de las «novias», pero también los lazos afectivos y las relaciones de poder, que unían a los dos sexos en la