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Tapa del libro Mujer e identidad en tierras hispanohablantes Show/hide cover

Tránsito Amaguaña Alba (1909-2009), figura emblemática de la identidad india de Ecuador

La vida y la acción de Tránsito Amaguaña se encuentran determinadas por la existencia de la gran propiedad rural que domina el panorama social de los Andes ecuatorianos hasta las décadas 1960-1970. Heredera del período de la Conquista, conserva, a pesar del decurso del tiempo, una estructura casi feudal. Verdadero Estado dentro del Estado, es completamente autosuficiente, ya que dispone en su seno de una cárcel, una iglesia, una tienda, y a veces una escuela. La mano de obra indígena, analfabeta, monolingüe quichua, explotable a voluntad, vive en ella en condiciones infrahumanas: a cambio de su trabajo en provecho del propietario, se beneficia de una parcela de tierra, llamada «huasipungo» en Ecuador, que cultiva para abastecerse y en la que construye una choza rudimentaria para alojarse. En dicho contexto de explotación y extrema miseria, Tránsito Amaguaña se impone como lideresa de las reivindicaciones de los trabajadores agrícolas del cantón de Cayambe, en el noreste de la provincia de Pichincha, a unos 70 kilómetros de Quito. Gracias al apoyo del Partido Comunista, obra por la abolición de ese sistema injusto, instiga la lucha por el derecho a la tierra e inicia las primeras experiencias de educación bilingüe.

Biografía de Tránsito Amaguaña Alba (1909-2009)

Sus verdaderos nombres son Rosa Elena Tránsito. Tránsito se impuso cuando empezó la lucha activa y todos la conocen así. El sustantivo tránsito implica el paso de un punto a otro y este nombre recapitula perfectamente la trayectoria de su larga vida. En efecto, acompañó todas las transformaciones sociales mayores del país y vio el reconocimiento de un Ecuador multiétnico y pluricultural, sellado en la Constitución del 1998 (artículo 1). El día de su funeral, el 13 de mayo del 2009, el presidente de la República, Rafael Correa, y varios ministros asistieron a la ceremonia religiosa y centenares de personas la acompañaron hasta la tumba, cercana a su casa de La Chimba1.

Sus padres pertenecían a la hacienda de Pesillo, fundo de 9.032 hectáreas propiedad de los Mercedarios, confiscado por el Estado en provecho de las obras de beneficencia de la Asistencia Pública en 1908, después de la promulgación de la Ley de Manos Muertas2. En 1913, la Asistencia Pública la dividió en cinco lotes: Pesillo, La Chimba, Pucará, Moyurco y San Pablo Urco, y las confió a administradores civiles3.

Rosa Elena Tránsito nació pues en Pesillo en septiembre de 19094. Su madre la inició muy joven a la vida militante dado que participó activamente en la huelga de 19195 y, luego, siguió su ejemplo con toda naturalidad. Desde niña, vio los malos tratos infligidos a sus padres y a los demás peones, escenas que crearon en ella un profundo sentimiento de rebeldía y provocaron un trauma violento. Empezó a trabajar a los siete años, pero cuando cumplió los nueve, sus padres la mandaron a la escuela predial, a la que asistió seis meses. Percibió entonces que a los indios no los trataban como a los otros niños. A los diez años, entró como criada en la casa de los patronos donde le tocó cumplir distintas tareas a toda hora del día y de la noche.

Sus padres la casaron a los 14 años con un hombre de 25, José Manuel Alba, para evitar que la violasen. Víctima de violencias conyugales, madre de tres hijos –uno murió temprano–, se separó de su esposo a los 20 años, dado que este no compartía su compromiso y tenía celos. En este punto, Tránsito Amaguaña demuestra una gran libertad para la época y sus reflexiones demuestran que quiere ser libre de su cuerpo y sus movimientos. Después de la muerte de su esposo, compartió en La Chimba el huasipungo de Manuel Túquerres, antes de su matrimonio con una mestiza de Ayora6. En 1964, se puso a vivir durante ocho años con el maestro de San Pablo Urco, Alberto Tarabata, con quien conoció el amor y que colaboró en su vida militante7.

Tránsito Amaguaña empezó el combate político a los 15 años. Según sus propias palabras, se afilió al Partido Comunista, «por pobreza, por maltrato, porque había que cambiar las cosas»8. Tomó su dimensión de cabecilla durante la huelga de 1931. Participó en la organización de los primeros sindicatos agrícolas entre 1926 y 1930, la fundación de la Federación Ecuatoriana de Indios en 1944, la creación de tres escuelas bilingües en 1946, que le valió su primer encarcelamiento. Detallaremos estos puntos más adelante. A partir de 1960, se refugió en un terreno, al pie del volcán Cayambe, en el sector de Cerro Blanco, en la hacienda La Chimba, que gestionaba entonces Galo Plaza, expresidente de la República, y le pidió que se lo diera. Lo que hizo9. Ahí murió.

En 1961, asistió a la Asamblea mundial comunista en Moscú con una delegación ecuatoriana como representante de los líderes indígenas. Hicieron escala en Cuba después de la invasión norteamericana de la Bahía de Cochinos, pero se mostró crítica hacia el nuevo régimen, porque, para ella, era inconcebible dejar los cuerpos de los opositores y de los soldados muertos sin sepultura en la playa. A su modo de ver, es imprescindible respetar la dignidad humana en todas circunstancias. En la delegación, fue víctima de discriminaciones por parte de algunos miembros, prueba de que la segregación y el racismo estaban anclados también en la práctica de algunos comunistas. Ya estaba consciente de dicha realidad. Durante los cuatro meses que pasó en Moscú, tuvieron que operarla de la apendicitis, lo que la privó de numerosas manifestaciones10, pero volvió con instrucciones acerca de la reforma agraria. Cuando regresó a Ecuador, en plena guerra fría, la encarcelaron durante más de cuatro meses por sospecharla de tráfico de armas con la URSS. Mientras la trasferían al penal de Quito, se tragó los documentos relativos a la reforma agraria que llevaba encima. La liberaron después de la intervención de Galo Plaza, pero, antes que saliera, la obligaron a firmar un compromiso según el cual «no iba a seguir levantando a los indígenas». Sin embargo, reanudó sus actividades luego de salir11.

Los años 1962-1963 fueron muy difíciles a nivel personal: murieron sus padres, sus dos hijos y una de sus nueras. Después de 1964, con la reforma agraria, se dedicó a organizar las cooperativas. Hizo su última aparición pública en una manifestación en 1980. En una marcha para reclamar el agua, nadie reconoció en ella una intérprete de la voz popular y, para algunos jóvenes, esta «vieja politiquera» que no era de La Chimba no tenía nada que hacer ahí12. Tuvo una vejez difícil en la extrema pobreza, pero siempre se mantuvo fiel a su ideal y nunca buscó sacar beneficio propio de su compromiso: «Yo me [he] envejecido en esta lucha, y ahora lo menos he de morir comunista», confiaba a Mercedes Prieto ya en 197713.

Sin embargo, al final de su vida, obtuvo algunos premios por su labor a favor de la organización del movimiento indígena. Al recibir el premio Manuela Espejo otorgado por la ciudad de Quito, en 1997, pronunció un discurso en el que insistió en la unidad que ha de marcar toda acción: «Así unidos, mezcladitos /Como trigo y quinua, mezcladitos. /Blancos, campesinos, /Unidos en una sola masa»14. Los símbolos son explícitos: el trigo, introducido por los españoles, constituye la comida de blancos y mestizos, al contrario, la quinua es la base de la alimentación indígena. Con estas metáforas, alude a la necesidad de construir la unidad nacional. La misma necesidad de estar unidos, expresada en dirección al movimiento indígena esta vez, se repite en la frase siguiente:

Nosotros que hemos sufrido, que hemos llorado, que hemos chupado las cuerizas, las garrotizas tenemos que estar unidos porque la unidad es como la mazorca si se va el grano se va la fila y si se va la fila se acaba la mazorca15.

En 1998, la Asamblea Nacional, a petición del diputado del Movimiento Pachakutik16, Miguel Lluco, le atribuyó una pensión vitalicia de 300 dólares mensuales, que cobró solo de vez en cuando. Cuando le anunciaron la noticia, exclamó: «¡Bonitico el gobierno, es la primera vez que se acuerda de mí! [...] Pero mi verdadero premio es el avance de mis hermanos, de mis hermanas, de todo mi pueblo»17. A partir de este documento oficial, se inscribió de manera legal su nombre Tránsito en su cédula de identidad18. En 2003, el presidente Lucio Gutiérrez, elegido gracias al apoyo del Movimiento Pachakutik, le entregó el premio Eugenio Espejo19. El 16 de mayo de 2006, el gobierno de la provincia de Pichincha le concedió el premio del Mérito provincial por ser «el símbolo» de este movimiento20. Todos estos agradecimientos muestran que han cambiado los tiempos: ahora los hombres políticos recuperan en provecho suyo a estos líderes que, libres de ambiciones personales, hicieron historia con total altruismo. En previsión de su centenario, Correos editó un sello con su efigie21. En agosto del 2009, Rafael Correa y Evo Morales, el presidente boliviano, acompañados por Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz, inauguraron el Centro cultural comunitario Tránsito Amaguaña, construido en el sitio donde se encontraba su casa, destinado a documentar la historia del movimiento indígena ecuatoriano22. Varios años antes de su muerte, había pronunciado esta frase premonitoria: «Mi nombre ha de vivir y yo me he de ir a mi destino»23. El 11 de marzo del 2010, en homenaje a la «autora de las conquistas que actualmente amparan a los pueblos y nacionalidades indígenas» y a «su lucha a favor de los desposeídos», la Asamblea Nacional declaró el 19 de septiembre, día de su natalicio, «Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad», proposición del diputado Henry Cuji Coello, vicepresidente de la Comisión de Justicia y Estructura del Estado, adoptada unánimemente24. Desde el 1ero de abril del 2012, un colegio de Guayaquil lleva su nombre, señal de que su influencia y su notoriedad han superado las fronteras de la Sierra. Para una analfabeta, ¿no hay reconocimiento más halagador sino ver su nombre grabado en las paredes de un establecimiento escolar? El 5 de noviembre del 2019, la ciudad de Quito llamó la Ruta Viva Autopista Tránsito Amaguaña25.

Los primeros sindicatos agrícolas

En la región de Cayambe, los primeros sindicatos agrícolas26 se organizaron entre 1926 y 1930 con el apoyo del Partido Socialista, fundado en 1926, que se transformó en Partido Comunista en 1931. Jesús Gualavisí, Dolores Cacuango27 y Tránsito Amaguaña tuvieron un papel predominante en la movilización de sus pares. Los trabajadores se reunían de noche y crearon tres sindicatos: El Inca en Pesillo, Tierra Libre en Moyurco, Pan y Tierra en La Chimba. Tránsito recuerda:

Escondidos nos reuníamos en las cuevas, en las quebradas, entre las chilcas. Lejos de guambras. […] Así reuniéndonos, escondiéndonos, hablando, hablando logramos formar los sindicatos agrícolas28.

Estaban constituidos de cinco dirigentes. Los medios de presión ya se habían experimentado en la ciudad: el sindicato, la lista de reivindicaciones y la huelga. Una de las estrategias de estas organizaciones clandestinas consistía en hacer diversión: el disfraz para no ser reconocido, la simulación de fiestas y bodas con música y danzas. La convocación se hacía así: «En la noche hay boda. En casa de mi comadre hay boda»29. Tránsito Amaguaña cuenta:

Visitábamos a las familias y a los vecinos para organizar los sindicatos. Fuimos a la casa de taita Neptalí Ulcuango, en Cangahual, así, en secretito, con guitarras y rondadores para que en casa de hacienda piensen que era fiesta de naturales… porque era noche de luna llena…30.

Sin embargo, se necesitó mucho tiempo para persuadir a la gente de adherir a los sindicatos e informarla acerca de la legislación vigente31. Se sabe poco acerca de estas primeras organizaciones, pero sus demandas giraban en torno a «los derechos sobre la tierra, el acceso al agua y los pastizales, los salarios, la educación y los abusos que cometían los terratenientes»32.

Una vez organizados, los sindicalistas presentaron a los administradores de Pesillo, Moyurco y La Chimba, el 30 de diciembre de 1930, una lista de diecisiete reivindicaciones. Reclamaban, entre otras cosas, que cesasen los malos tratos, –que podían llegar hasta la muerte y que se habían amplificado con los administradores civiles deseosos de recuperar lo antes posible su inversión–, la disminución de las jornadas de trabajo y salarios33. En efecto, los trabajadores nunca veían su paga, recibían socorros en especie que se resumían, según el testimonio de Tránsito, «[u]n año: un costal de cebada; otro año un costal de papa; otro un costal de trigo. Y a las mujeres un rebozo y un centro blanco…»34. Después de depositar sus reclamaciones, los peones se declararon en huelga. Encontraron un acuerdo el 7 de enero de 1931 con los administradores de Moyurco y Pesillo. Estos se comprometían

a respetar una jornada laboral de ocho horas, ofrecer a los trabajadores un día de descanso semanal, remunerar el trabajo que realizaban en las haciendas las esposas e hijos de los trabajadores, abolir la costumbre de obligar a los indígenas a prestar servicios personales a los empleados de las haciendas y no despedir a los trabajadores excepto por mala conducta o insubordinación35.

Pero los 150 soldados mandados para restablecer el orden detuvieron a cinco líderes y destruyeron sus casas, lo que significaba que se expulsaban de la hacienda y que iban a encontrarse sin recursos para vivir, ellos y su familia36.

Reanudó el trabajo, pero la convocatoria del primer Congreso de Organizaciones Campesinas en Cayambe, convocado por Jesús Gualavisí, previsto del 8 al 11 de febrero de 1931, volvió a provocar agitación. El gobierno, atemorizado ante la idea que más de 2.000 indios pudiesen reunirse, impidió la manifestación y Cayambe se encontró bajo estado de sitio. La prensa nacional se hizo eco de estos acontecimientos inacostumbrados que, por primera vez, ponían a los indios marginados dentro de la sociedad en primera fila. Despertaban y, claro, representaban un peligro para el país. Para neutralizar estas amenazas, el gobierno creó los «Comités de Defensa de la Raza Indígena que, según sus objetivos, debían velar para que nadie usurpara las tierras indígenas, se respetara a los huasipungos y se vigilara el pago de sus salarios»37.

Pocos días después del convenio de enero, los administradores reclamaron a los peones una contraparte financiera por el usufructo de su parcela. Entonces, estos ya volvieron a movilizarse38. El 10 de marzo de 1931, 141 indios –entre ellos, 57 mujeres y unos 12 niños– emprendieron una marcha hacia Quito para presentar sus peticiones al gobierno. Tránsito participó llevando a uno de sus hijos de la mano y cargando al otro en la espalda. Pero no fueron recibidos y la policía los escoltó regreso a Cayambe. La represión se produjo en Semana Santa que, aquel año, caía entre el 29 de marzo y el 5 de abril. Mandaron el batallón Yaguachi para destruir y quemar las casas de los 46 líderes, entre otros la de Tránsito. Empezaron entonces para ella 15 años de vida escondida en las comunidades de los alrededores y vivió recogiendo los desperdicios de las cosechas en los campos39. Los desarraigados lucharon en adelante por recuperar su parcela y volver a construir su choza40.

Su actividad militante necesitaba ir a Quito para hacer las gestiones pendientes. Realizó 26 viajes a pie hasta la capital por caminos de herradura, desplazamientos que suponían tres días de caminata a la ida y a la vuelta. Hacían tres pausas: en Cayambe, en Guayllabamba y en Calderón. Tránsito detalla su organización concreta:

Íbamos a dormir en Cayambe. De ahí salíamos a las tres de la mañana. Al mediodía estábamos en Guayllabamba. Nos refrescábamos los pies en el chorro de agua y seguíamos. Dormíamos en Calderón para salir de mañanita a las audiencias. En Quito estábamos cinco días, ocho días, hasta un mes también estábamos41.

Compraba alpargatas en Cayambe y se las ponía en Guayllabamba42. En efecto, una ley dictada por la Junta militar que tomó el poder después de la Revolución Juliana del 9 de julio de 1925 prohibía andar descalzo por los lugares públicos. Más tarde, con la llegada del tren a Cayambe en 1928 y la construcción de la carretera entre Quito e Ibarra, los viajes se hicieron menos pesados. En Quito, se alojaban en la Casa del Obrero que les proporcionaba el Partido Comunista43.

En agosto de 1931, se produjo una nueva sublevación en la que participaron 500 personas y, en marzo de 1932, otra huelga estalló en Moyurco a consecuencia de la despedida de cuatro trabajadores sospechados de ser agitadores44. Estos acontecimientos demuestran las dificultades encontradas por estas poblaciones para obtener justicia. Ya se daban cuenta de que eran víctimas de discriminaciones sociales, pues todos los acuerdos se quedaban en papel mojado, y decidieron defender sus derechos.

La federación Ecuatoriana de Indios (FEI)

En diciembre de 1935, una primera reunión en Quito de los líderes indígenas sentó las bases de lo que sería, en agosto de 1944, la Federación Ecuatoriana de Indios. Según Marc Becker, «fue el primer intento político triunfante para constituir una organización nacional para y por los indígenas» y se impuso hasta los años 1960 como la formación principal de este grupo social45. El gobierno la reconoció en 1945, lo que legitimó sus expectativas. Tenía una plataforma de reivindicaciones muy amplia46, pero giraba en torno a tres ejes: las cuestiones relativas al trabajo en las haciendas, el deseo de participar en la vida social y política del país y la voluntad de fortalecer su cohesión institucional47. Concretamente, se proponía

realizar la emancipación económica de los indios;
elevar su nivel cultural y moral, conservando lo bueno de sus costumbres e instituciones;
contribuir a la realización de la Unidad Nacional;
establecer vínculos de solidaridad con todos los indios americanos48.

Tránsito recuerda su intervención en el congreso de fundación y su defensa en pro de la unidad nacional:

Yo he gritado en castellano y luego en quichua: que la ley sea justicia para blancos, para ricos, para pobres. Que no pongan a un lado al indio. Que sea igualito el trabajo para todos, que tengamos amistad, que trabajemos cariñosamente para vivir así; comunistas es de la comunidad… No revolución. Nunca los indios pensamos en revolución. Yo les digo francamente: entre runas, blancos y mestizos hay que trabajar. ¿Por qué vamos a pelear? Indios arando la tierra, indios cuidando animales. Ustedes señores blancos, ustedes cojan libro, cojan lápiz, cojan tinta. Los indios trabajadores no cogen porque no son leídos. Granos que trabajen los indios han de comer ustedes también. Así hemos de hacer: la mitad para patrones, la mitad para naturales. Los indios: tierra, arado y yunta. Los señores blancos: tinta, lápiz y papel. ¿Digan que no es así?49.

La complementariedad, aquí entre blancos e indios, y la reciprocidad en la que insiste son nociones fundamentales de la cultura andina. Son la fuente de dicha unidad dado que la igualdad entre los seres humanos es, para ella, un concepto natural porque, decía, «todos hemos nacido de la madre tierra»50. Cabe subrayar también en esta cita la reinterpretación indígena del comunismo, en contradicción desde el punto de vista doctrinal con la lucha de clases marxista pregonada por el Partido Comunista, pero el indio es un ser comunitario, por ser la comunidad la realidad estructurante de su vida.

El encuentro de 1935 había permitido concebir un periódico bilingüe quichua-castellano, de cuatro a seis páginas, Ñucanchi Allpa-Nuestra Tierra, que se publicó a intervalos irregulares, pero que desempeñó un papel importante para sensibilizar a las poblaciones autóctonas y dar a conocer sus condiciones de vida y sus luchas a los otros grupos sociales. Nela Martínez, miembro del Comité Central del Partido Comunista, era su directora. El boletín se reactivó con la creación de la FEI. Publicaron en él la Ley de comunas, aprobada el 6 de agosto de 193751, y los elementos del Código de Trabajo de 1938 que les correspondía, así como el decreto de 1918 que prohibía el «concertaje»52, pero que seguía vigente en la Sierra. A partir del congreso de la Confederación de los Trabajadores de América Latina reunido en Cali, en diciembre de 1944, la reforma agraria y la defensa de los derechos de los indígenas fueron los dos ejes principales del programa de la FEI53. El uso de la prensa por estas poblaciones analfabetas, obligadas a oír su lectura en grupo, en voz alta, por una persona letrada, tuvo un impacto enorme porque permitió discutir las orientaciones de la organización y convencer más fácilmente a los recalcitrantes.

El 28 de mayo de 1944, Tránsito Amaguaña participó, con la Alianza Democrática Ecuatoriana, de la insurrección armada, llamada «La Gloriosa», que derrocó al presidente Carlos Arroyo del Río y favoreció la llegada de José María Velasco Ibarra. «Apoyábamos a Doctor José María Velasco Ibarra porque él quería a toda la gente: blancos, indios, pobres, ricos»54, confiesa la protagonista. Tránsito Amaguaña, con otras mujeres que también se habían asociado a los acontecimientos, le acompañó al Palacio presidencial con danzas y orquesta cuando tomó posesión del cargo. Por primera vez, los indios, hasta entonces al margen de la vida nacional, adquirieron una identidad ciudadana y se sumaron a un Proyecto Nacional55.

En 1946, el gobierno de José María Velasco Ibarra, presionado por la FEI, publicó un decreto para indemnizar a los dirigentes de la huelga de 1931. Según Tránsito Amaguaña, cobraron 15.000 sucres por la destrucción de sus casas, pero no recuperaron su parcela. Los trabajadores agrícolas obtuvieron también la jornada de ocho horas, un día de descanso semanal, el aumento de sus salarios y la supresión de los servicios56. Con la ley de parte suya, los representantes de los trabajadores hicieron aplicar en el acto estas decisiones en el campo: «Entramos en cada una de las haciendas de Cayambe y sacamos servicias y huasicamas. Fui feroz», confiesa Tránsito57.

Otra victoria de la FEI fue la abolición de los diezmos pagados a la Iglesia. En 1948, los indios de Olmedo se negaron a pagarlos. El cura emprendió entonces una campaña de denigración en contra de los líderes indígenas, y de Tránsito en particular, amenazándola con no enterrarla en el panteón a su muerte sino echarla a la quebrada58. A pesar de las presiones, no se amilanó y, con otros militantes, encontraron al arzobispo de Quito, el Cardenal Carlos María de La Torre, para pedirle la supresión de tal práctica59. Sus argumentos eran sencillos y se amparaban en el sentido común: «Dijimos: “Pobre campesino no tiene ni para él mismo ni para guaguas propios. No hay derecho para que la Iglesia quite más”. “Bueno, bueno, que sea voluntario” dijo»60, relata Tránsito. El prelado ordenó que la contribución fuera voluntaria. Con la desaparición de la obligatoriedad, la costumbre cayó rápidamente en desuso61.

Los indios de Cayambe apoyaron también la campaña electoral de Galo Plaza Lasso en 1948, aun cuando, por ser analfabetos, no tenían derecho a voto62. En cierto modo, fue su presidente. Tránsito Amaguaña recuerda: «Con poncho de indio llegó a Palacio, a él también acompañamos con banda, a él pusimos en la presidencia con poncho de Zuleta»63. Esto prueba que, en cierto modo, los indígenas lo consideraban como uno de los suyos. La familiaridad que muestra con él Tránsito y la gratitud que experimenta hacia él no impidieron que desencadenara una huelga en La Chimba, cuando era su administrador, para exigir los sueldos atrasados. Galo Plaza tuvo que ir a su casa para que diera la orden de reanudación del trabajo y se comprometió a pagar lo que le correspondía64. Todos debían respetar la ley y los indios exigían ahora su aplicación estricta. Una de las estrategias de la FEI consistió en dialogar con los distintos gobiernos para que adoptasen políticas que les fuesen favorables. Al principio, las marchas, tan características de la acción reivindicativa de los militantes indígenas, tenían como objetivo sacar los conflictos fuera de las haciendas y llevarlos al centro del Estado y de la escena política nacional65. Tránsito Amaguaña se enorgullece de que las autoridades la hayan oído y hayan satisfecho sus peticiones66. Para el primer censo de población en Ecuador en 1950, que los indios temían porque sospechaban que pudiese aumentar la carga impositiva y el trabajo obligatorio, Galo Plaza pidió a Dolores Cacuango, presidente de la FEI, que organizase un congreso extraordinario para discutir de la postura indígena. Vino en persona para exponer las ventajas que presentaba el censo para mejorar las condiciones de vida rurales. Como lo subraya Marc Becker, este episodio marca un cambio profundo de la política gubernamental hacia estas poblaciones. En vez de mandar la tropa para reprimir la resistencia indígena, desde entonces se apoya en sus líderes para aplicar sus decisiones políticas67. Así, la FEI vino a considerar el Estado como «la agencia que promueve el desarrollo y la modernización, […] posibilitando, de este modo, la entrada al estilo de vida moderna en contraste a la vida de paria»68 que había rechazado siempre.

Además de sus actividades en la Sierra, Tránsito se implicó también en la organización de los sindicatos de la Costa, en particular la Federación Ecuatoriana de Trabajadores Agrícolas del Litoral (FETAL) en 1954, lo que supuso aún numerosos desplazamientos y nuevas luchas.

A partir de los años 1950, la agitación en el campo se aceleró para obtener la aplicación de las reformas votadas, especialmente en las haciendas de la Asistencia Pública. Los indios querían que las tierras de las que eran los herederos legítimos se repartieran a quienes las cultivaban o se transformaran en cooperativas69. Sin embargo, la FEI luchó solo por el mejoramiento de la situación de los trabajadores de las haciendas, pero no tomó en cuenta la de los miembros de las comunidades indígenas libres, más numerosos que los primeros y enfrentados también con el problema de la tierra, a menudo de manera mucho más crucial, para su supervivencia diaria70. Durante el tercer congreso de la FEI, convocado en diciembre de 1961, una marcha pacífica de 12.000 indios y campesinos reclamó una reforma agraria e invadió las calles de Quito. El nuevo presidente de la República, Carlos Arosemena Monroy, encabezó la manifestación y se comprometió a eliminar el huasipungo. Pero un golpe de Estado, el 11 de julio de 1963, impidió que cumpliera su promesa71. Por extraño que parezca, en el contexto de la Alianza por el Progreso, frente a la amenaza que representaba la revolución cubana, la junta militar proclamó la primera reforma agraria el 11 de julio de 196472. Se proponía favorecer la mediana y la gran propiedad de tipo capitalista para modernizar el país y tener una agricultura capaz de integrarse en el sector comercial. Esta reforma hizo desaparecer los modos de producción ancestrales característicos de las haciendas tradicionales –el huasipungo y otras situaciones precarias–. Las haciendas de la Asistencia Pública fueron transformadas en cooperativas73, pero no hubo redistribución significativa de las tierras a favor del campesinado. Los que tenían un huasipungo, al volverse propietarios de su terreno, situado en las zonas menos productivas, se vieron obligados a vivir del producto de la superficie que les pertenecía y ya no tuvieron acceso a los recursos de la hacienda, en particular a los pastizales. Esta reforma respondió pues parcialmente a las expectativas de los agricultores. El IERAC (Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización) fue encargado de su aplicación. En la región de Cayambe, el reparto de tierras respetó las jerarquías anteriores. Así, Pesillo se dividió en varias cooperativas que tuvieron resultados desiguales; las dos principales, Atahualpa y Simón Bolívar, recibieron las mejores tierras. Los campesinos locales, que pudieron invertir 150.000 sucres, se encargaron de gestionarlas, pero, como no tenían ninguna experiencia de gestión, rápidamente surgieron problemas. Cada familia recibió unas tres hectáreas y media74, superficie muy insuficiente a tales alturas para obtener una buena productividad75. Tránsito Amaguaña lideró la toma de tierras de las diez haciendas de la región de Cayambe y colaboró en la organización de las cooperativas. Su nuera, Guillermina Cerón, evocaba así estas actividades:

Hablando hacía aceptar a la gente a organizarse. Mamita Tránsito fundó las cooperativas de trabajadores. Ella salía con la Angelita Andrango de Pesillo. Mamita Tránsito activa, organizó cooperativas en Santo Domingo, Santa Rosa, Candelaria, Sacata, Pesillo, San Pablo Urco, Mapuco, Cariacu, Paquistancia, Cangagua. Toda la zona de Cayambe. Empezó la toma de tierras76.

Estas gestiones colectivas originaron nuevas luchas por el poder, pero, al fin y al cabo, Tránsito Amaguaña se encontró excluida del sistema: como no pertenecía a ninguna hacienda, no pudo integrar una de estas nuevas entidades, y, además, no tenía el dinero necesario para comprarse un terreno. Y se quedó sin nada. Ni siquiera obtuvo el reconocimiento de sus pares por el trabajo que había hecho en su favor77. Aunque el balance de esta reforma agraria presenta algunas limitaciones para las poblaciones indígenas, estas luchas por la tierra modificaron en profundidad el paisaje ecuatoriano. Como lo subraya Galo Viteri Díaz, la reforma significó el punto sin retorno para las formas feudales que los sindicatos agrícolas y la FEI no habían dejado de denunciar78. En este sentido, marca una etapa decisiva en la historia agraria del Ecuador, pero se necesitará otra reforma agraria en 197379 y, luego, una tercera en 1994 para intentar resolver el problema de la tierra y de la productividad agrícola.

La educación bilingüe

Al experimentar diariamente las molestias encontradas por su analfabetismo, estos militantes estuvieron siempre convencidos del papel esencial de la educación para que sus hijos pudieran defender sus derechos frente a los blancos y los mestizos. Tránsito Amaguaña subraya este aspecto: «No sólo luchábamos por la tierra y un buen trato, también queríamos que nuestros hijos se educaran, que aprendieran a leer las leyes y hacer las cuentas»80. La insistencia en el conocimiento de la legislación se explica por las experiencias concretas con las que se enfrentaron estas primeras generaciones de sindicalistas originarios de los huasipungos para imponer sus derechos y la asistencia jurídica que necesitaron para obtener la aplicación de las leyes de trabajo y la desaparición de su situación de servidumbre. Más fundamentalmente, para estas poblaciones marginadas, el porvenir debía escribirse con sus hijos y, desde su punto de vista, la escuela era el instrumento de emancipación. En efecto, en el cantón de Cayambe, mayoritariamente rural e indígena, los analfabetos representaban el 75 % de los habitantes en 1950; el 82 % de la población rural era monolingüe quichua y, de ellos, el 77 % en Olmedo. En 1922, solo había 39 maestros, repartidos en 22 escuelas primarias, que acogían a 1.450 alumnos81. Sin embargo, en 1906, Eloy Alfaro había hecho obligación a los terratenientes de abrir escuelas mixtas en las haciendas, llamadas «escuelas prediales», pero, aunque era obligatoria la enseñanza primaria, pocos se conformaron con la ley, porque todos estaban opuestos a tal evolución. De todos modos, los hijos de los trabajadores agrícolas ayudaban a sus padres en las tareas que les estaban asignadas y no tenían tiempo para ir a clase. En los años 30, el Estado formó maestros para enseñar en las zonas rurales, pero, hasta 1956, año en que se creó la Misión Andina bajo la égida de las Naciones Unidas, no hubo política gubernamental verdadera en materia de educación destinada a las poblaciones indígenas82. Desde luego, a partir de 1930, los gobiernos abrieron algunas escuelas en sectores rurales para incorporar el campesino a la cultura nacional. Sin embargo, eran pocas, infradotadas, y se situaban en los pueblos grandes, dejando de lado así a la gran mayoría de los niños susceptibles de frecuentarlas. Las clases se impartían en castellano y el plan de estudios se limitaba a cuatro años, cuando era de seis en las escuelas primarias urbanas. Además, había un maestro para 40 alumnos. No obstante, la enseñanza presentaba algunas especificidades; se apoyaba en la pedagogía activa: el alumno debía conocer la naturaleza y estar iniciado en las actividades agrícolas83. A pesar de todas las carencias que acabamos de señalar, Tránsito Amaguaña, que asistió seis meses a la escuela predial84, afirma que decían entonces: «para los indios, no hay escuelas»85, prueba de que esta asistencia elemental era, para la época, sobre todo para una niña, una excepción. De hecho, hacia 1950, solo el 20 % de los niños había frecuentado las escuelas rurales y apenas sabía leer y escribir86. La Constitución de 1945 marcó un adelanto notorio para las poblaciones indígenas ya que, por primera vez, reconocía «el quechua y demás lenguas aborígenes como elementos de la cultura nacional» (artículo 5) y preconizaba el empleo de dichas lenguas, además del castellano, en las zonas en que predominaban (artículo 143)87. No obstante, estas disposiciones desaparecieron de la Constitución de 1946, pero el artículo 171 mencionaba: «Tanto la enseñanza oficial como la particular prestarán especial atención a la raza indígena»88. La FEI y las numerosas gestiones de Dolores Cacuango en Quito en pro de la alfabetización de los adultos89 y la multiplicación de las escuelas rurales no fueron ajenas a estas evoluciones positivas. En tal contexto, Dolores Cacuango y Tránsito Amaguaña fueron pioneras en materia de educación bilingüe. En esta innovación, la ayuda de la pedagoga María Luisa Gómez de La Torre fue fundamental, dada la experiencia que tenía en el Colegio Mejía de Quito. Conocía los textos que regían las escuelas rurales y los aplicó adaptándolos al entorno específico de estas escuelas sindicales para preservar las costumbres y los valores de la cultura indígena. Como lo indica Marc Becker, la insistencia en la enseñanza en quichua es esencial. En efecto, estas poblaciones percibían que hacía falta introducir competencias nuevas en las comunidades, pero rechazaban las políticas de asimilación preconizadas por la cultura dominante90.

María Luisa Gómez de La Torre formó a los maestros, procedentes de las comunidades. Se hicieron cargo de los niños a cambio del suministro de su alimentación por las familias y 20 sucres mensuales que les asignaba la pedagoga sobre su renta personal91. Dos maestros habían cursado la Escuela Normal Rural de Uyumbicho: José Amaguaña, hermano de Tránsito, que ejerció en La Chimba, y José Alberto Tarabata, en San Pablo Urco. Los otros dos solo habían terminado la primaria92: el hijo de Dolores Cacuango, Luis Catucuamba, enseñó en Yanahuaico y Neptalí Ulcuango en Pesillo. Estas escuelas bilingües, que cubrían un ciclo de tres años, funcionaron primero en casas particulares antes de obtener un terreno para construir un edificio apropiado en las haciendas. Dolores Cacuango abrió su choza en octubre de 1945 a 15 alumnos desde el primer día. Tránsito Amaguaña se encargó de la fundación de las otras tres. La de Pesillo empezó en abril de 1946 con 45 alumnos, mientras la de La Chimba se inauguró en octubre del mismo año93. Los maestros usaron el único documento pedagógico bilingüe existente, Mi cartilla inca, publicado en 1947 por las hermanas Lauritas de Otavalo94. Al principio, las escuelas no tenían ningún material, pero, muy pronto, tuvieron que emplear estrategias para superar las persecuciones que venían de todas partes: de los hacendados, opuestos a todo avance cultural que amenazara su hegemonía, de los curas, que consideraban a los comunistas como hijos de Satanás, y de los maestros de las escuelas oficiales que veían muy mal dicha competencia. Frente a estas amenazas, María Luisa Gómez de la Torre concibió entonces pupitres desarmables y mostró a los niños cómo desmontarlos rápidamente y hacerlos desaparecer. En adelante, las clases se impartieron de noche y todos los vecinos dejaban sus chozas alumbradas para que nadie supiera dónde estaban los alumnos95.

Los resultados de estos esfuerzos fueron rápidos: los maestros impartían su enseñanza con pasión, como un sacerdocio96, y los alumnos estaban muy motivados. La razón principal de tal motivación radicaba en el hecho de que este proyecto emanaba de la base, de la comunidad, a la inversa de los programas pedagógicos concebidos por las instancias políticas, impuestos desde arriba y sin relación con la realidad local. Cuando los hijos supieron leer y contar, se hicieron los abogados de sus padres frente a los representantes de los patronos que intentaban engañarlos97. El acceso a los códigos de la cultura dominante por los niños abrió la posibilidad de comprender los mecanismos de la semántica de dominación, como lo demuestra Pablo Dávalos98. Tal subversión de las bases de la sociedad agraria suscitó violentas reacciones. Así, Tránsito Amaguaña, considerada como la instigadora de esta novedad, fue arrestada por los soldados mientras reunía a unas 75 personas para hablar de la escuela de Pesillo, y fue encarcelada en Quito. Con la intervención de María Luisa Gómez de La Torre, solo fue presa una noche99.

Esta enseñanza bilingüe valoraba también las prácticas agrícolas, un día a la semana, y artesanales, así como los cantos, las danzas y la música tradicionales. Vendían los objetos fabricados por los niños en Santa Rosa para ayudar al funcionamiento de las escuelas; estas ventas permitían también que los alumnos descubrieran el valor del dinero100. Las clases se impartían en ambas lenguas: primero, castellano, y luego quichua, y a la inversa, pero el objetivo prioritario era que los alumnos dominaran el idioma oficial del país para insertarse armoniosamente en el mundo moderno y defender sus derechos, preservando su cultura101. En los períodos más tranquilos, las clases se repartían por la mañana (cuatro horas) y por la tarde (tres horas), con media hora de recreo en cada sesión. Los alumnos traían su colación y almorzaban en el aula102.

La experiencia en La Chimba, Pesillo y San Pablo Urco duró poco, porque el Ministerio de Educación retomó el control de estas escuelas, situadas en haciendas de la Asistencia Pública, e integró en el sector público a los dos formadores que tenían el título de maestro. La de La Chimba dejó de funcionar en 1949 y la de Pesillo se mantuvo cinco años y medio. Luego, Neptalí Ulcuango se dedicó a la alfabetización de los adultos103. La única en sobrevivir hasta 1963 fue la que estaba en casa de Dolores Cacuango, dado que se asentaba en una propiedad privada. Entonces, la junta militar ordenó su cierre y su destrucción, porque la consideraba como un «foco de sedición comunista» y prohibió el uso del quichua104. En tal contexto, la enseñanza bilingüe no fue una preocupación gubernamental oficial antes de 1978. El artículo 27 de la Constitución de aquel año aconseja el uso del quichua al lado del castellano en las zonas de población india: «En las escuelas establecidas en las zonas de predominante población indígena, se utiliza, además del castellano, el quichua o la lengua aborigen respectiva»105.

A modo de conclusión

Tránsito Amaguaña, la india analfabeta que solo conoció la pobreza a lo largo de su vida, es la figura emblemática de la historia de las movilizaciones de las poblaciones autóctonas de Ecuador por el reconocimiento de la especificidad de su identidad. Su vivencia dolorosa le dio una clarividencia excepcional para analizar la situación social y política de su país, luchar contra la injusticia y defender los derechos de sus pares. Por su militantismo incondicionado, echó las bases de lo que se volvería en los años 1980-1990 un amplio movimiento nacional: entonces, los indios se impusieron en el espacio político como ciudadanos de pleno derecho y obtuvieron una transformación radical del concepto de Estado-Nación y de su funcionamiento. Las luchas de Tránsito Amaguaña a favor del cambio social, por la defensa de la dignidad de los trabajadores de las haciendas, desembocaron en el reconocimiento del Estado pluricultural y multiétnico en la Constitución de 1998 que garantizó también el sistema de educación cultural bilingüe (artículo 69). Se dio un paso más en la del 2008 con la proclamación de un Estado intercultural y plurinacional (artículo 1). Sin embargo, a pesar del camino recorrido, todavía queda mucho que hacer para que las poblaciones rurales tengan condiciones de vida dignas y salgan de la miseria106, en conformidad con el artículo 3 de dicha Constitución, que, en el punto 6, desea «promover el desarrollo equitativo y solidario de todo el territorio»107.

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  • 1«Correa se compromete en funeral de líder indígena a terminar con injusticia» (El Tiempo, el 14 de my. de 2009).
  • 2Becker y Tutillo, 2009, p. 54.
  • 3Ibid., p. 79.
  • 4La fecha exacta es incierta ya que, por falta de registro de estado civil, son posibles todas las conjeturas. Raquel Rodas Morales, en su biografía, indica el día 10, mientras que la Asamblea Nacional privilegia el 19, como lo veremos después. Optamos por esta opción oficial. La interesada se contenta con precisar a Cecilia Miño Grijalva: «dicen que nací en 1909» (Rodas Morales, 2007a, p. 13; Miño Grijalva, 2006, p. 59).
  • 5El primer administrador, el colombiano Ernesto Fierro, que se encargó de Pesillo entre 1913 y 1921, quería que el trabajo en la hacienda empezara a los 12 años y que los cultivos se extendiesen hasta el monte donde los peones tenían sus pastos. Frente a estas proposiciones inaceptables, estos se negaron a trabajar y fue necesaria la intervención del ejército para restablecer el orden: hubo 30 muertos, entre otros, el Coronel Pancho Portillo y varias mujeres, así como numerosos heridos y huérfanos. Cabe subrayar que, en esta rebelión, las mujeres tuvieron un papel decisivo, en particular Encarnación Colcha, que se impuso como cabecilla frente a la tropa. El administrador tuvo que aceptar el pago de las jornadas trabajadas: dos reales para los hombres y un real para las mujeres que ordeñaban las vacas (Rodas Morales, 2005, p. 60-61; Miño Grijalva, 2006, p. 45-47).
  • 6Rodas Morales, 2007a, p. 28-31, p. 46.
  • 7Miño Grijalva, 2006, p. 242-244.
  • 8Ibid., p. 101.
  • 9Ibid., p. 246; Rodas Morales, 2007a, p. 62.
  • 10Durante la estadía, le regalaron un tractor que no pudo llevarse por no tener el dinero necesario para pagar el transporte, prueba clara de que su militantismo no apuntaba a su enriquecimiento personal. Además, tuvo que pedir doscientos sucres en Brasil a un miembro de la delegación para comprarse alguna bebida, que se los negó, otro indicio de que no poseía recursos propios («Tránsito Amaguaña», Diccionario biográfico de Ecuador; Miño Grijalva, 2006, p. 230).
  • 11Rodas Morales, 2007a, p. 61 y 67.
  • 12Miño Grijalva, 2006, p. 260.
  • 13Prieto, 1994, p. 32-40.
  • 14Rodas Morales, 2007a,p. 83.
  • 15Ibid., p. 45.
  • 16Este movimiento político, creado en febrero de 1996, agrupa la Confederación de las Nacionalidades Indígenas de Ecuador (CONAIE), fundada en 1986, y varios actores sociales no indios. En las elecciones de la primavera del mismo año, viene a ser la tercera fuerza política nacional. La CONAIE desempeña un papel determinante en el golpe de Estado del 21 de enero de 2000, organizado por el coronel Lucio Gutiérrez, que desembocó en el derrocamiento del presidente Jamil Mahuad. El año 2002 consagró la doble victoria electoral del Movimiento Pachakutik en las elecciones legislativas y de Lucio Gutiérrez en las elecciones presidenciales (Massal, 2005, p. 9-11).
  • 17«Tránsito Amaguaña. La lideresa indígena», el 10 de jun. de 2013.
  • 18Rodas Morales, 2007a, p. 11, nota 8.
  • 19Este premio estaba dotado de 2.500 dólares, un diploma, una medalla de oro y una pensión vitalicia que, en 2003, correspondía a 25 salarios básicos. Se elevaba entonces a 129 dólares. Tránsito Amaguaña, que tenía 94 años, no asistió a la ceremonia oficial. Lucio Gutiérrez le entregó el premio en su casa de La Chimba el 21 de agosto («Lucio Gutiérrez ofició entrega de premios Eugenio Espejo», el 11 de agt. de 2003).
  • 20Rodas Morales, 2007a, p. 79.
  • 21«Figuras ilustres en sellos postales», el 30 de agt. de 2009.
  • 22«Mujeres de Abya Yala: Mama Tránsito Amaguaña (1909-2009)», el 02 de mzo. de 2010.
  • 23Esta frase pronunciada por Tránsito Amaguaña ha sido retomada como título de su libro por José Yánez del Pozo (2005). El autor refiere esta frase en la página 32, como reflejo del pensamiento personal de la informante a propósito de la creación, en 1990, de la escuela intercultural bilingüe que lleva su nombre en Quito.
  • 24Proyecto de Acuerdo con el que la Asamblea Nacional rinde Homenaje a la Mujer ecuatoriana e instituye el 8 de marzo como «Día de la Mujer Ecuatoriana» y el 19 de septiembre natalicio de la lideresa Indígena Tránsito Amaguaña, como «Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad en el Ecuador, presentado con fecha 8 de marzo y aprobado por el voto unánime de las y los asambleístas en la Sesión No. 31 del martes 09 de marzo de 2010, con número de trámite 24227». Sin embargo, este día fue desplazado definitivamente al 12 de octubre con motivo del quinto centenario del descubrimiento de América en sustitución del «Día de la Raza» (Registro oficial n°561, «Decreto 910, 21 de octubre de 1991»).
  • 25Radio La Calle, «Quito renombra tres calles en honor a la lucha de la mujer».
  • 26Sobre la formación de los sindicatos, ver Raquel Rodas Morales (2005, p. 71-74), Cecilia Miño Grijalva (2006, p. 69-75), Marc Becker (2002, p. 1-8) así como Marc Becker y Silvia Tutillo (2009, p. 93-126).
  • 27Sobre Dolores Cacuango, ver nuestro artículo (2021).
  • 28Rodas Morales, 2005, p. 35. Chilca: arbusto Baccharis latifolia; guambras: niños.
  • 29Miño Grijalva, 2006, p. 70.
  • 30Ibid., p. 68. Taita: padre; naturales: indios. Lo confirma el hijo de Neptalí Ulcuango: «Llegaron entonando la música de San Juan; llegaron al patio de mi casa. Yo oí que gritaban: ¡Viva el Sindicato Agrícola El Inca! ¡Vivan los campesinos organizados! ¡Abajo los gamonales hacendados! ¡Abajo los patrones terratenientes! ¡Viva la lucha de los trabajadores del campo! Reclamando mejores salarios y mejores tratos llegaron a la casa y se pusieron a bailar». Ibid.
  • 31Ibid., p. 65.
  • 32Becker, 2002, p. 2.
  • 33Rodas Morales, 2005, p. 81-82. La lista completa de las reivindicaciones se puede consultar en Cecilia Miño Grijalva (2006, p. 91-92).
  • 34Rodas Morales, 2007a, p. 17; Bulnes, 1994, p. 2. Centro: falda.
  • 35Becker y Tutillo, 2009, p. 102.
  • 36Ibid., p. 101-104.
  • 37Ibid., p. 104-108; Gámez, 2012, p. 90. El autor pretende que nunca funcionaron estos Comités según los objetivos iniciales.
  • 38Miño Grijalva, 2006, 115-116.
  • 39«Quince años pasamos escondidos por Pisambilla, por Cancagual, por Cariacu. Chugchiendo, chugchiendo. En las cosechas recogiendo desperdicios ¡Asííí vivíamos! Algún empleado bueno decía: “déjenlos no más. No vienen por ladrones”. Chugchir: recoger restos de las cosechas que caen en la tierra.» (Rodas Morales, 2007a, p. 41)
  • 40Miño Grijalva, 2006, p. 89.
  • 41Rodas Morales, 2007a, p. 42.
  • 42Ibid., p. 34.
  • 43Ibid., p. 42; Ídem, 2007b, p. 94; Miño Grijalva, 2006, p. 66; Bethell, 1992, p. 310.
  • 44Becker y Tutillo, 2009, p. 112, p. 116-120.
  • 45Ibid., p. 133.
  • 46Ver la lista completa de sus reivindicaciones en Raquel Rodas Morales (2005, p. 111-114).
  • 47Becker y Tutillo, 2009, p. 144.
  • 48Ibid., p. 139.
  • 49Miño Grijalva, 2006, p. 180. Runas: indios.
  • 50Ibid., p. 202.
  • 51Esta ley tendrá una importancia capital en los decenios 1970 y 1980 en la dinámica de revitalización étnica de las sociedades indígenas del país, dado que la comuna es la instancia de representación política de la que los indios van a prevalecerse para darse una existencia colectiva (Santana, 1992, p. 76-82).
  • 52Contrato según el cual un indio se comprometía, durante toda su vida y sus hijos después de él, a realizar trabajos agrícolas para un patrón, sin remuneración o con un salario mínimo.
  • 53Becker, 2006, p. 110-111.
  • 54Miño Grijalva, 2006, p. 166.
  • 55Ibid., p. 166-169.
  • 56Rodas Morales, 2005,p. 52-53.
  • 57Miño Grijalva, 2006, p. 185. Huasicama: empleado doméstico indígena sin horario.
  • 58Prieto, 1977.
  • 59Miño Grijalva, 2006, p. 75-77.
  • 60Rodas Morales, 2005, p. 124.
  • 61Becker y Tutillo, 2009, p. 148.
  • 62El derecho a voto de los analfabetos solo se inscribió en la Constitución en 1978, a título facultativo (artículo 33).
  • 63Miño Grijalva, 2006, p. 198. Galo Plaza era propietario de la hacienda de Zuleta, en la provincia de Imbabura, muy cercana a Cayambe.
  • 64Ibid., p. 246-247.
  • 65Guerrero, 1993.
  • 66Rodas Morales, 2007a, p. 64.
  • 67Becker y Tutillo, 2009, p. 149-151.
  • 68Tuaza, 2010, p. 508.
  • 69Becker y Tutillo, 2009, p. 152-153.
  • 70Roberto Santana, basándose en el censo agropastoral de 1954, estima que los pequeños campesinos de las comunidades eran 500.000 frente a 38.000 beneficiarios de huasipungos y 150.000 trabajadores sin tierra en las haciendas (1982, p. 207).
  • 71Becker y Tutillo, 2009, p. 200-218.
  • 72Una de las primeras medidas de la Junta consistió en prohibir la actividad del Partido Comunista (ABC, Sevilla, el 13 de jul. de 1963, p. 27).
  • 73Esta medida tuvo un alcance limitado, puesto que, en 1972, se contaban en todo el país 300 cooperativas que agrupaban a 10.785 adherentes y, en 1977, eran 465 para 15.895 adherentes. Su fracaso relativo se explica por el modo de gestión rígido, calcado del modelo occidental de las cooperativas, impuesto desde fuera por el IERAC, cuyo funcionamiento no estaba apropiado a la fluidez de las relaciones en el seno de los grupos familiares característica de la cultura tradicional (Santana, 1992, p. 70-76; Farga Hernández y Almeida Vinueza, 1981, p. 217-228). En el cantón de Cayambe, esta reforma agraria neutralizó la acción del Partido Comunista y de la FEI.
  • 74Santana, 1982, p. 217.
  • 75Iturralde, 1985, p. 106-111; Becker y Tutillo, 2009, p. 216-217; Miño Grijalva, 2006, p. 244-248; Rodas Morales, 2007a, p. 74-76.
  • 76Miño Grijalva, 2006, p. 231.
  • 77Ibid., p. 248-250.
  • 78Viteri Díaz, 2007, p. 12.
  • 79Sobre estas evoluciones y sus límites, ver Diego Iturralde (1985, p. 106-111). Roberto Santana estima que la lucha por la reforma agraria de 1973 se llevó a cabo esencialmente por Ecuarunari dada la pérdida de influencia de las organizaciones tradicionales: la FEI, ligada al Partido Comunista, y la FENOC (Federación Nacional de Organizaciones Campesinas), de inspiración católica (Santana, 1982, p. 216). Ecuarunari, la Confederación de los pueblos de nacionalidad quichua del Ecuador, se creó en junio de 1972 para reunir las comunidades indígenas de la Sierra.
  • 80Becker y Tutillo, 2009, p. 164.
  • 81Ibid., p. 160-163.
  • 82Chiodi, 1990, p. 339.
  • 83Sinardet 2007, p. 6-9.
  • 84Las escuelas de las haciendas fueron transformadas en escuelas rurales en 1937. En la provincia de Pichincha, en 1930, había cuarenta escuelas de ese tipo (Tapia Moreno, 2013, p. 32-33).
  • 85Prieto, 1994, p. 1.
  • 86Flores Carlos, 2011, p. 24.
  • 87Constitución Política de la República del Ecuador del año 1945, artículo 5 y artículo 143.
  • 88Constitución Política de la República del Ecuador del año 1946, artículo 171.
  • 89Galo Plaza, convencido de que el desarrollo que preconizaba pasaba por la educación, pero que se negaba a la introducción de los sindicatos en su hacienda de Zuleta, aceptó que alfabetizasen sus trabajadores agrícolas, cuando Dolores Cacuango se lo pidió. Las primeras experiencias de alfabetización se remontan a los años 1950 (Rodas Morales, 2005, p. 141-142).
  • 90Becker y Tutillo, 2009, p. 164.
  • 91Rodas Morales, 1998, p. 37, p. 54, p. 68-69. Sin embargo, José Amaguaña indica que recibió un salario de 40 sucres mensuales de Nela Martínez y María Luisa Gómez de la Torre (Ibid., p. 60). Estos funcionamientos se confirman en el número 18 de la revista Ñucanchic Allpa del 5 de octubre de 1946, que los presenta como un adelanto notorio que todas las comunidades indígenas tendrían que imitar.
  • 92Esta situación no era excepcional en esta época, ya que, en 1946, solo el 25 % de los docentes había sido formado en una Escuela Normal (Goetschel, 2007, p. 144).
  • 93Miño Grijalva, 2006, p. 189, p. 241-244, p. 253-254; Rodas Morales, 2007b, p. 82; Ídem, 1998, p. 53; Ídem, 2007a., p. 48. El lugar donde enseñó José Alberto Tarabata es confuso en los recuerdos de Tránsito Amaguaña, lo afecta en San Pablo Urco en el testimonio recogido por Raquel Rodas y en Pesillo en el que recogió Cecilia Miño. Neptalí Ulcuango confirma que el interesado se encargó de la escuela sindical San Pablo Urco (Ulcuango, 1993, p. 6).
  • 94Rodas Morales, 1998, p. 53, p. 66-67. Referencias de la obra: María de la Sagrada Corona, 1947, Mi cartilla inca: texto bilingüe (quichua-español), elaborado por pedagogas de la Congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Sena, Guayaquil, Reed & Reed, 186 páginas.
  • 95Rodas Morales, 1998, p. 44-45.
  • 96José Amaguaña habla de ello así: «Es un trabajo sacrificado, […] es una religión se puede decir», Ibid., p. 60.
  • 97Miño Grijalva, 2006, p. 188-189.
  • 98Dávalos, 2008, p. 21-22.
  • 99Rodas Morales, 2007a, p. 55.
  • 100Ídem, 2007b, p. 83; Ídem, 1988, p. 62.
  • 101Ibid., p. 61.
  • 102Ibid., p. 71.
  • 103Ibid., p. 53, p. 69.
  • 104Ídem, 2007b, p. 84.
  • 105Massal, 2005, p. 116-117; Constitución Política de 1978.
  • 106En diciembre de 2020, la tasa global de pobreza era del 32,4 %, pero afectaba al 47,9 % de la población rural. La extrema pobreza concernía también al 14,9 % de los ecuatorianos, pero el 27,5 % de los que vivían en zonas rurales. El umbral de pobreza se estimaba a 84,05 dólares y el de la extrema pobreza a 47,35 dólares mensuales. INEC, Boletín técnico, Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU), Pobreza y Desigualdad, diciembre 2020, N° 02-2021.
  • 107Constitución de la República del Ecuador2008.
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